Carlos Solchaga, el defensor de los chinos

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Iba dispuesto a hacerle la pregunta del año y no fui capaz ni de tararearla. Intervenía Carlos Solchaga en la presentación del último libro de Ignacio Sotelo, uno de los padres de Izquierda Socialista, aquella corriente crítica del PSOE que ya sólo sigue siendo corriente. Quería saber de labios del ex ministro si, con la que estaba cayendo, aún seguía pensando que España era el país en el que uno podía hacerse rico más rápidamente.

La oportunidad se me presentó nada más llegar al Círculo de Bellas Artes de Madrid. Solchaga y su mujer Gloria Barba entraron conmigo en el ascensor. Se respiraba ese silencio que los usos y costumbres aconsejan suavizar con un comentario del estilo “pues ya estamos de nuevo en verano”. A la altura del segundo piso, me presenté y rompí el hielo preguntándole qué le había parecido el libro que tenía presentar. “Está muy bien”, me respondió. Me disponía a dar los muletazos justos para ponerle en suerte cuando una espontánea irrumpió en la conversación: “Y que no me entere yo que dices lo contrario porque Ignacio es mi primo”. Se abrieron las puertas y salimos al vestíbulo de la cuarta planta Solchaga, su mujer, la prima de Don Ignacio, tres acompañantes suyos y un servidor. Decidí esperar a mejor ocasión.

Faltaban aún quince minutos para que se iniciara el acto. Pensé en citarle desde lejos. Pero primero fue el móvil de Solchaga, que no paraba de sonar, y luego la llegada de Nicolás Redondo al grupo en el que se encontraba. El ex líder de UGT saludó a Sotelo, a José María Zufiaur, el que fuera uno de sus principales lugartenientes en la ejecutiva del sindicato, al ex diputado Antonio García Santesmases y al propio Solchaga. Quizás no lo recuerden pero hace más de 20 años, en un debate de televisión, Redondo le espetó a Solchaga una frase que pasaría a la historia: “Tu problema, Carlos, son los trabajadores”. Ayer le palmeaba afectuosamente la espalda. ¿Iba yo a interrumpir ese otro momento para la historia?

Resignado, me dispuse a escuchar. Media entrada en la sala y pocos conocidos. Además de la prima de Sotelo, a primera vista distinguí al presidente del Consejo de Estado, Francisco Rubio, tan pancho a sus 80 años. Y a Liborio Hierro, el que fuera subsecretario de Justicia y estrecho colaborador de Peces Barba en otros tiempos. A Sotelo le había encargado el libro, El Estado Social, la Fundación Alfonso Martín Escudero, que es de las que pagan divinamente y por eso su presidente, Ramón Parada, se permitió media hora de loas a su institución y varios comentarios despectivos sobre el modelo autonómico. Fueron treinta minutos interminables, incluyendo un repaso al extenso fondo bibliográfico de la Fundación.

Cuando intervino Solchaga, la prima se Sotelo ya no sabía qué hacer con su abanico. El de Tafalla estuvo casi socialdemócrata. Explicó que el Estado del Bienestar era un muerto que gozaba de una salud aceptable y que era un “hito civilizatorio” que debía conservarse con los cambios que impone el “principio de realidad”, algo que al parecer Zapatero ha descubierto recientemente.

Según Solchaga, tendemos a contemplar la globalización desde el eurocentrismo, sin comprender que es un proceso planetario gracias al cual 200 millones de chinos habían dejado la miseria para formar una especie de clase media, y que el mismo fenómeno se había producido en India o en Brasil. Y que siendo la izquierda internacionalista, debería mirar las cosas con perspectiva porque lo que aquí es una amenaza en los países emergentes es una bendición.

Azuzado por Zufiaur, con el que uno comparte la tesis de que puestos a igualar habrá que hacerlo en derechos y no rebajar los nuestros para equiparnos a los estándares chinos, el ex ministro se ganó el puesto de cónsul honorario de la República Popular: que si queremos ser justos no se puede aplicar a todos los países las mismas reglas porque se encuentran en estadios evolutivos diferentes, que lo verdaderamente de izquierdas es aspirar a que la gente viva mejor, no por su condición de europeos sino de seres humanos, de lo cual se deducía que la globalización es socialista, y otras cosas por el estilo.

Zanjó el asunto Santesmases, quien con buen criterio vino a decir que si eran los chinos los que tenían que marcarnos el camino estábamos apañados. “Pero, vamos a ver, ¿qué modelo tienen los chinos? ¿qué modelo es ese?”, inquirió sin obtener respuesta.

La gente había empezado a desfilar y Sotelo seguía sin decir este libro es mío. Pasadas las nueve y cuarto pudo tomar la palabra. Fue breve para evitar la estampida anticipada. Reconoció que su ignorancia era absoluta respecto a si el Estado del Bienestar, y con él la propia democracia, lograría sobrevivir, aunque se le notaba más bien pesimista. Todo dependería de que fuéramos capaces de encontrar una fuente de energía barata en una sociedad en la que los trabajadores había dejado de tener importancia salvo en su papel como consumidores.  De China no dijo ni media palabra.

Querrán saber por qué no aproveché al final para hacer a Solchaga la pregunta de marras. Pues porque se me cruzó por delante Raúl Morodo, ex embajador en Lisboa y Venezuela, y empezamos a pegar la hebra. Sigue siendo el dandi de siempre, con su pañuelo asomado al tejado de su americana a juego con la corbata. Acababa de llegar con toda su familia de Budapest. Le acompañé a la salida. Me contó que hay periódicos que ya no lee porque son muy fachas y me ofreció un cohiba en su punto exacto de humedad. Lo acepté por cortesía y no tardé en encenderlo.  El humo distrae mucho. Juro que la próxima vez que vea a Solchaga no se me escapa.


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11 Comments
  1. SONROJANTE says

    Dicen que «el punto justo de humedad» de su cohiba era lo que intentaba Clinton conseguir cuando le pillaron «in fraganti» con Monika Lebisnki.
    Ahora Solchaga reconvertio en un Mao pijotero y de andar por casa nos muestra el camino de «La larga Marcha». !Menuda tropa!

  2. max says

    El otro dia le oi decir a Solchaga en una entrevista con Gabilondo:¨Ahora que no estoy en politica puedo decir la verdad¨
    Seran HP

  3. celine says

    Muy bueno, Escudier. Me hago perfecta idea de la situación y el ambiente. Santesmases sigue siendo una persona decente, a pesar de su militancia. El Solchaga del Pelotazo, genio y figura; será para no defraudar.

  4. Jose says

    No creo que ni Solchaga ni China sean modelos de nada. Pero sí creo que la economía neoliberal nos está metiendo en un callejón sin salida y que debe ser sustituida cuanto antes mejor, por una economía social que contemple al hombre como ciudadano y no sólo como consumidor.

  5. Elvira says

    «La corrupción de los pueblos, de las multitudes, de las clases, de las masas es tan antigua como el mundo. Incluso las teocracias que, en teoría, son incorruptibles, se corrompen, si no materialmente, al menos intelectualmente. La inclinación humana tiende a la corrupción y no a la virtud. Pero la corrupción moderna es algo absolutamente nuevo. La corrupción de antaño iba acompañada del refinamiento del arte y de la cultura. En cambio asistimos impotentes y atónitos a la muerte tanto del arte como de la cultura, a través de su transmutación en productos industriales. El peligro de las protestas estudiantiles es que éstas tomen conciencia de dicha muerte y que, al final, a través del criterio de la utilidad revolucionaria, la materialicen en la creación de una sociedad de tipo espartano, antiestética y, a su manera, inculta.”
    Alberto Moravia escribió esto hace treinta años exactamente, en 1980. Donde dice productos “industriales” pongamos “financieros”. En cuanto a las protestas estudiantiles, corramos un tupido velo.

  6. chuki says

    Si el modelo chino es trabajar 14 o mas horas diarias incluidos sabados y domingos para ganar 600€ al mes y tener 4 dias al año de vacaciones, mejor que se lo queden los chinos y a la globalizacion que le den morcilla y vivan los aranceles y las aduanas.

  7. krollian says

    ¿Solchaga va aplicarse también el cuento (chino)?

  8. Franesco says

    O sea, que ya sabemos quién manda en casa de Solchaga incluso a la hora de asistir a presentaciones de libros de gente con quienes no comparte ideario: la prima del autor del libro.

  9. Usuario says

    ¿Cuantos millones de pesetas le metían en efectivo en la cartera de ministro a Carlos Solchaga todos los viernes en su secretaría?
    También su su ministerio había fondos reservados.

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