Más papel de periódico, es la guerra

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Portada de "The New York Times".

Divertidos estamos los lectores de prensa en Nueva York. Justo cuando casi nos habían convencido de que el periodismo y el mundo se acaban –no necesariamente por este orden-, llega Rupert Murdoch y lía una muy entretenida. Después de meses y años de batalla más o menos sorda, le ha declarado formalmente la guerra a The New York Times . Pretende arrebatarle el cetro de la información generalista al oeste del East River y al este del Hudson. Quiere que The Wall Street Journal deje de ser “sólo” la Biblia de Wall Street para serlo de toda Nueva York, es decir, con capacidad de rebote en Singapur y en Alcorcón.

Hasta ahora la cosa era: con el Journal te informabas de economía y con el Times de todo lo demás, excepto si te iba la marcha, qué sé yo, del New York Post (también de Murdoch), que para hacernos una idea tituló a toda plana la cogida de Julio Aparicio de esta guisa: “Gored matador takes Spain and suffering”. Pensaba traducirlo pero me lo he pensado mejor. Bendito sea quien no sepa inglés.

También eran los chicos del Post los que en su día hicieron una deliciosa bromita en la que comparaban a Obama con un chimpancé doméstico al que la policía tuvo que matar a tiros porque se había vuelto loco y le había arrancado los ojos y media cara a una mujer.

Con todo esto a la gente fina de Nueva York le sentó mal pero que muy mal que un australiano hortera como Murdoch se hiciera con una joya del periodismo americano como The Wall Street Journal en 2007, arrebatándoselo vía OPA hostil a los fundadores y poseedores de toda la vida, la familia Bancroft. La gente sintió un shock parejo al de cuando la viuda de Kennedy va y se casa con Onassis.

Claro que con viudas tan sentidas, quien necesita francotiradores en Dallas… En su día no faltaron gélidos analistas capaces de preguntarse si los Bancroft no se habían dormido e incluso aplatanado en los laureles, de ahí que Murdoch hubiera podido entrar en el Dow Jones como Pedro por su casa. Qué haría una vez dentro, estaba por ver.

No acertaron los que temían que convirtiera el Journal en un tabloide con la portada llena de glándulas bamboleantes en bikini de aguja. El periódico sigue siendo bueno, muy bueno, seriamente trabajado, primorosamente escrito, a menudo más original que The New York Times, que ese también tiende a dormirse pelín en los laureles inconmensurables de su leyenda.

Más que ser el mejor, a estas alturas el Times conserva la capacidad de serlo. De deslumbrar con ocasionales zarpazos de periodismo brillantísimo. Cuando se lo proponen abruman, despachan docenas de reporteros a sitiar una noticia, bordan el abanico de sus intereses hasta el infinito…lo único, que una no deja de tener la impresión de que cada vez se lo proponen menos a menudo. Que las más de las veces tienden a vivir de rentas, cuando no directamente del cuento.

Ciertamente a un periódico no le ayuda nada a mantener el picante ir tan a favor del gobierno como el Times va ahora. Desde que manda Obama se han vuelto de un previsible; cuando toca sacar tropas todo son noticias de atentados en el desierto y de suicidios, cuando queremos mandar más, todo son heroicas noticias de niños afganos de cinco años que les pica una serpiente en la cara y los marines le llevan en helicóptero al hospital y le salvan la vida...

En cambio el Journal, que no ha escorado hacia el amarillismo pero sí hacia la derecha, ahora mismo juega a la contra, una contra inteligente sin caer en lo cutre (para eso están otros). Tienen además un puntito sanamente elitista que a algunas nos pone. Quiero decir, en un momento en que la consigna parece ser escribir artículos para tontos, no dejar pensar al lector –no sea que se le ocurra echarse al monte y leer algo mejor que prensa-, el Journal presume de nivel.

Portada de "The Wall Street Journal".

A fin de cuentas podríamos decir que el Journal es un diario que se lee más con la cabeza y el Times con el corazón. Este último sigue siendo la “sábana” que una se lleva los domingos para echarse a leer en Central Park, o en una terracita de Greenwich Village. Es esa adhesión íntima, ese vínculo casi clitoridiano con el periódico, ese enganche a la bolsita de plástico azul con que me lo “tiran” a la puerta de casa, contra todo eso lucha Murdoch.

Lo hace con gracia, la verdad. El Journal acaba de estrenar una macrosección metropolitana, llamada Greater New York, y la anuncia con el eslogan: stay ahead of the times, que es tanto como decir, “ve por delante de los tiempos”… o literalmente del Times. Y puso de largo las nuevas páginas en un fiestorro de gala digno de Sex and the City, donde Robert Thomson, el director gerente, no se cortó de presentar lo suyo como guerrilla urbana lanzada a épater a la burguesía periodística de toda la vida.

A lo cual los otros, que efectivamente llevan 150 años detentando los medios de producción de las newsrooms neoyorquinas, replican con una campaña no menos ingeniosa donde pone: “Nueva York, nosotros no nos limitamos a cubrirla… ¡nosotros lo somos!”. Y hasta ofrecen amablemente a los novatos un cursillo de neoyorquinismo acelerado, que incluye lecciones tales como que Soho es un acrónimo de “al sur de Houston”, que la Fashion Week se ha mudado al Lincoln Center o que hace tiempo que el musical Cats ya no se representa en Broadway.

¿Que gane el mejor? Murdoch tiene más dinero –el Times sigue con el agua al cuello-, los otros tienen más gloria, el Journal ya cobra por algunos de sus contenidos en Internet, el Times planea hacerlo a partir del año que viene, etc. Puede ser una guerra larga y cruenta en la que no se hagan demasiados prisioneros.

Pero qué quieres que te diga, ver que alguien cree aún lo suficiente en los periódicos como para pegarse así con y por ellos, así fuesen huesos de jamón, calienta a ratos el alma. Y la imprenta.

1 Comment
  1. celine says

    Ganarán los malos. Siempre ganan los malos. Hay que buscar refugio en Quevedo.

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