La prueba del algodón

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El debate del próximo miércoles va a suponer una auténtica prueba del algodón tanto para José Luís Rodríguez Zapatero como para Mariano Rajoy. Cuando se habla con miembros de la Ejecutiva del PSOE o de la dirección de su Grupo Parlamentario, y también de la dirección del Grupo Popular, lógicamente, huyen de los términos como de la peste. Pero de lo que no cabe duda es que el debate sobre el Estado de la Nación va a convertirse en una auténtica moción de confianza para el presidente y una no menos relevante moción de censura del PP, con lo que eso conlleva de examen del líder de la oposición.

La cuestión de confianza y la moción de censura encubiertas lo serán materialmente cuando el día 20, una semana después del debate, los diputados voten las propuestas de resolución de cada grupo. Y de la capacidad de alcanzar acuerdos se sacarán conclusiones decisivas, entre otras cosas porque muchas enmiendas que afecten a la reforma laboral, la de las pensiones, las medidas fiscales o el ajuste contra el déficit, etcétera, se llevarán a los Presupuestos.

En el caso de Zapatero, se comprobará si cuenta con el apoyo de, cuando menos, el PNV, aunque no descarta el de CiU en asuntos de Estado. Iñigo Urkullu, tras entrevistarse con Rajoy en el Congreso el pasado jueves, dio a entender qué cromos cambiará con el presidente del Gobierno. Significativamente, dijo: “Analizaremos el campo de juego en orden a los Presupuestos Generales del Estado, pero también en orden a la situación política e institucional de Euskadi”. O sea, que el apoyo a los Presupuestos, como ocurrió el año pasado estará una vez más determinado por el hecho de que el PSE-PSOE siga permitiendo al PNV que gobierne la diputación foral de Álava y un puñado de ayuntamientos relevantes que podría gobernar el PP si los socialistas variasen de socios.

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Rajoy, por su lado, se va a ofrecer a los ciudadanos como la única alternativa para salir de la crisis y, al tiempo, según Dolores de Cospedal y otros líderes de centro-derecha, propondrá un auténtico programa alternativo de Gobierno, esta vez con propuestas detalladas. Por los apoyos que reciba, o por su soledad, se sabrá si los contactos con Urkullu, y tiempo atrás con Josep Durán Lleida, le han servido para abrir alguna puerta o simplemente se trata de espejismos propagandísticos para demostrar que el PP está situado en el centro y no en esa derecha tramontana ante la que no deja de ceder una y otra vez, siguiéndole la corriente en los temas escabrosos donde priman el integrismo político o religioso.

Todo hace ver que el debate demostrará por qué nadie le ayuda a presentar una moción de censura. Aunque a Rajoy, según confiesa él mismo, no le asusta la soledad política, quizás porque sabe que sigue viva la circunstancia, en todos los ámbitos políticos e institucionales (el general, el autonómico y hasta en el municipal), por la que sólo puede gobernar si saca mayoría absoluta.

Con un Zapatero obligado a seguir haciendo esfuerzos impopulares y un Rajoy que pretende darle el mordisco final en la yugular, los nacionalistas intentarán vender la imagen de que pueden pactar con cualquiera, lo que no es cierto, de momento, ni en Catalunya ni en Euskadi, en el caso del PP. Y no son especulaciones. Líderes de CiU y PNV lo han dejado muy claro en privado estas últimas semanas. Sin embargo, en la votación de las resoluciones apoyarán algunas cosas del PP para escenificar la debilidad de Zapatero, dejando en soledad y evidenciando alguna derrota parlamentaria del PSOE. En los últimos meses lo han hecho en el Congreso varias veces y no es de extrañar que insistan.

Respecto a Zapatero, lo único que está claro es que está jugando sus últimas cartas y que ya no puede permitirse ni un error. Lo tiene tan claro y quiere jugarlas tan fuerte que, si gana, si sale reforzado del debate por el apoyo de las minorías nacionalistas, hay quien insiste en que, sobre las bases de ese nuevo impulso, podría, por fin, cambiar el Gobierno en agosto. Y van…

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