Hasta el rabo, todo es toro

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'Pamplona' de Henri Cartier-Bresson (MoMA de Nueva York).

Yo si llego a ser diputada al Parlament creo que en la votación de los toros me hubiera abstenido. Por varias razones:

  1. Me atraen los toros. No diré que me gustan porque los he probado poco. Pero de lejos me atraen más que el ciclismo y el fútbol, por poner sólo dos ejemplos de pasiones universales que a mí me dejan fría, fría.
  2. Me da un poco de apuro que me atraigan los toros porque gran cantidad de gente que conozco los considera una actividad bárbara y primitiva. ¿Será mi subconsciente un ancestral laberinto por donde vago buscando minotauros con coquetona túnica cortita y una ensangrentada puntilla de sílex? Qué horror. Además si vas a los toros te encuentras con gente como Jesulín de Ubrique o el novio de la duquesa de Alba.
  3. Si por lo menos fuese hombre y hubiera nacido cuando a mí me hubiera gustado nacer, que es en los años veinte (del siglo veinte) como muy tarde. Entonces si hubiera ido a los toros en vez de en las fotos del “HOLA” habría podido salir en las de Cartier-Bresson –preciosa la reciente exposición The Modern Century en el MoMA de Nueva York-  y codearme con gente como Picasso y Hemingway. Pero a día de hoy si eres mujer queda fatal identificarte con semejantes misoginazos. Porque hoy en día nadie distingue entre el machismo de autor (el extremo miedo a la mujer, a la vida y a todo de los antiguos genios) y el moderno borderline pata negra de andar por casa.
  4. Si encima de ser mujer, de vivir hoy en día y de ser razonablemente moderna resulta que eres catalana, peor me lo pones: se espera que estés en contra de los toros por dignidad nacional. Por joder a España donde más le duele. ¿No han puteado ellos todo lo que han podido con el Estatut? Pues ahora que mamen y que sigan mamando, como diría Maradona (quien, a pesar de las apariencias, no es torero sino futbolista, y hasta jugó en el Barça)

Por todo lo antedicho menos mal que sólo he ido a los toros una vez en toda mi vida y además me tuve que salir a medias, antes de quedar atrapada en el laberinto. De esa arcaica y poderosa sensibilidad. Ese magmático descenso –o elevación- a la deslumbrante crueldad del mito. A lo que había mucho antes de concebir la libertad y la ilustración y todo aquello que, habiéndose pagado con sangre, ahora rechaza esa moneda. La entera filosofía se funda en la urgencia y en el eco de aquel horror. En esa infancia amoral de lo humano tan exactamente petrificada en el recuerdo como las cenizas de Pompeya.

Dicen que el toro viene de España. Yo siempre pensé que venía de Creta. O de la Tebas de Edipo con sus dos ojos arrancados. O la Corinto donde Medea da muerte a sus propios hijos, abrasándose en sufrimiento sólo para hacer sufrir también a su infiel marido Jasón. El toro es Hécuba vencida en las costas de Troya, clamando –inútilmente- por hacer comprender al lúcido Ulises cuán monstruoso, y cuán absurdo, es que sacrifiquen a la única hija que a ella le queda por la superstición de aplacar al espíritu de un héroe muerto. Y es Ulises, el fundador literario de la humana inteligencia, el inventor del sentido práctico, quien disuade a Hécuba de seguir razonando con el argumento de que los pueblos que no honran a sus guerreros hasta lo irracional son los pueblos condenados a sucumbir.

Todas estas escenas nos llegan embalsamadas por la formidable respetabilidad de la cultura clásica, que parece que las despoja de su ferocidad, o que nos amnistía de nuestra fascinación por lo terrible. Me recuerdo a mí misma un verano olímpico, rompiendo con riesgo de mi vida o casi el cerco de los guardaespaldas combinados de Michael Douglas y Jack Nicholson –ambos en bermudas, mal rayo les parta- para suplicar un autógrafo no a ninguno de ellos sino a Irene Papas, que acababa de ser Medea haciendo llorar hasta la última piedra del Teatre Grec de Barcelona. Y a mí.

¿Se puede legislar contra Medea como contra el toro? ¿Y se debe? Ya me gustaría a mí tener claras estas cosas como las tienen otros que andan estos días sacando pecho tan felices, convencidos de que Cataluña se ha quitado una especie de recalcitrante peso celtibérico de encima. Puede ser. Y puede ser otra cosa la que se ha perdido, un entero haz de subconsciente y de mito. Ya nos contarás, oh musa.

Pero el caso es que si se ha perdido se ha perdido legalmente, haciendo uso (y seguro que disfrute) de las atribuciones que el marco constitucional vigente otorga al Parlament. Que como ya se ha visto recientemente no son demasiadas. La cajita de resonancia de la política catalana no da para mucho. Pero a prohibir las corridas de toros la autonomía sí llega. Y lo han hecho. Y ni siquiera son los primeros: en Canarias ya hace rato que están igual.

¿Que unos habrán votado contra el toro por genuino horror a la tauromaquia y otros por fastidiar del Ebro para fuera? Fijo. Pero si tan claro lo tienen los que denuncian tal tropelía, con el debido respeto, con el mayor de los cariños y sin querer plagiar al rey: ¿por qué no se callan? ¿Por qué hacen el juego a este indepedentismo catalán de salón, a este antiespañolismo de juguete? Montando la que han montado con esta afrenta de los toros han conseguido lo que ni en sus mayores sueños lograron los promotores de la ortopedia del Estatut: que en medio mundo se hable de Cataluña casi como si ya no fuera España.

Que pique Los Angeles Times, que en el fondo siguen pensando que su corresponsal en España es Hemingway, tiene un pase. Pero en España ya deberían saber cómo es de verdad España.

Hasta nueva orden el Parlament puede prohibir las corridas de toros como si mañana se les ocurre pueden ilegalizar mojar churros con el café o tener canciones de Rocío Jurado en el Ipod. Y quien no esté conforme que presente un recurso y lo gane. Dicho lo cual no hay que sacar las cosas de quicio. Señores, esto no es Arizona y lo que se ha votado no es el tiro al inmigrante. Esto de los toros en Cataluña, con el debido respeto, será una pérdida o un sobresalto –aún no lo tengo muy claro- cultural. Pero políticamente es una mayúscula chorrada.

4 Comments
  1. Hispania says

    Estoy a favor de se prohiban toda matanza de animales para divertimento público, en Cataluña y en todas partes, los toros y el resto de atrocidades que cometemos con ellos, pero lo que a hecho el Parlamente de Cataluña con la prohibición de los toros en Cataluña es una acción política, no tiene nada que ver con el respeto a los animales.

  2. vilaboi says

    No me gustan los toros, pero personalmente hubiera esperado que murieran (la afición a ellos) por inanición …ya estaban cerca media entrada en la Monumental y la mitad «primos» patriotas de Madrid, pero se cruzó el Estatut y el Consejo de Castilla (Top Ten 10 ..T.C.) y se vió la oportunidad de empatar el partido solo a nivel emocional como se están llevando estos asuntos por ambas partes, y he aquí el tema. Por cierto Balaña como todos los barceloneses sabemos lo que quiere hacer es negocio ya intento negociar la venta de la Monumental. Y así vamos, la realidad es que los toros la afición se muere en España (la afición es residual, y testicular en Madriz) y en Cataluña la «fiesta» está muerta, solo la quieren la maldita «gauche divine» fachas de izquierda y la extrema derecha catalana P.P. y PxC. Lo dicho dejarla morir por inanición es mejor que prohibir, de todas maneras sino prohibiéramos descerebrados como Mariano irían sin cinturón de seguridad y presuntos bebedores como Aznar no se les podría prohibir ir borrachos al volante, cuidadin queridos neocoms a la hora de defender la libertad no tenéis práctica, y el haz lo que quieras es una máxima satánica, no liberal, esta es una sociedad con normas, ¿por qué? porque somos muchos. Lo dicho Estatut-1(T.C.)….Catalunya-1, o eso me parece a mi. salut i força al canut.

  3. celine says

    Ondia, vilaboi, entonces eso de «laissez faire, laissez paser» ¿era de izquierdas? Me gusta aprender algo nuevo cada día. A mí, los toros que me gustan son esos negros, grandotes de la carretera que en Catalunlla prohibió Borrell. Les gusta prohibir, ¿eh?

  4. EsterPI says

    Soberbio!
    Explicar mejor la fiesta sería casi imposible, y explicar la politica de Cataluña en breves palabras.. hasta hoy, creí que era imposible!

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