Lucas deja el camino libre a Lissavetzky; Gómez mantiene el pulso con Zapatero

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Zapatero, con Fernández, alcalde de León, y Lissavetzky, el pasado lunes. Casares (Efe)

Seguí durante muchos años la vida de la vieja FSM como periodista de Diario 16 y de El Mundo, conozco su historia aproximadamente bien, y por eso no me ha sorprendido la enésima crisis interna del nuevo PSM, larvada desde que el joven ex alcalde de Parla, Tomás Gómez, se hiciera con las riendas del partido por decisión de José Luis Rodríguez Zapatero, no de José Blanco.

Sí me ha sorprendido que viejos y nuevos militantes, y antiguos y modernos colegas, hayan caído estos días en el tópico de atribuir al ensimismamiento de los dirigentes socialistas madrileños la responsabilidad de la reciente convulsión interna. “Ya están otra vez los del PSM con sus broncas”, vienen a decir. Me sorprende porque no es cierto: Las repetidas crisis siempre han sido provocadas desde fuera, y más exactamente desde la sede federal de la calle de Ferraz, cuyos sucesivos moradores han tenido una obsesión casi enfermiza por controlar y tutelar a la organización. Y en ello siguen.

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Merecería la pena hacer un poco de historia, pero no es el momento ni el lugar. Los acontecimientos se precipitan y es obligado dar noticia de ellos.

He recuperado estos días el contacto con algunos dirigentes en activo del PSM para que me pusieran al día de lo que ocurre, y os voy a contar lo que he sacado en claro.

Como sabéis, todo saltó por los aires el día en que desde Ferraz, como siempre, se filtró a los medios tradicionalmente afines la reunión de Tomás Gómez con el presidente del partido y vicepresidente tercero del Gobierno, Manuel Chaves, en la que éste le sondeó sobre la posibilidad de retirarse.

Hasta ese momento, Gómez tenía la casa razonablemente ordenada –encuestas al margen– y el ánimo dispuesto para afrontar las autonómicas y municipales del próximo año formando ticket electoral con el portavoz en el Ayuntamiento de la capital, David Lucas.

Cuando estalló el conflicto en los medios, los dirigentes del PSM cayeron en la cuenta de que la dirección nacional llevaba tiempo urdiendo un plan para desordenar la casa y aflojar el ánimo de los dos candidatos.

David Lucas deja el camino libre a Lissavetzky

Y eso se comprobó fehacientemente en la reunión de la Ejecutiva regional celebrada el 26 de julio. Gómez informó, de puertas adentro, de la que se les venía encima, advirtió de su intención de mantener el pulso y pidió que cada cual se retratara. No hubo sorpresas –la mayoría que le apoya se lo hizo saber y la minoría indecisa mantuvo su calculada indecisión– hasta que le tocó el turno a David Lucas. El portavoz municipal del partido en la Villa y Corte dejó claro que no se iba a enfrentar a la dirección federal y que si ésta consideraba más idóneo a otros candidato, él daría un paso atrás.

Jaime Lissavetzky, un histórico del socialismo madrileño con un mentor de lujo, Alfredo Pérez Rubalcaba, tiene, pues, el camino libre para optar a la alcaldía de la capital. No habrá primarias municipales. Roto el tándem, Gómez no tiene alternativa. Se le pasó por la cabeza la idea de formar pareja con Beatriz Corredor, pero la Ministra de Vivienda no quiere oír ni hablar de enfrentarse a Zapatero.

La cuestión era saber si, como Zapatero insinuó el lunes en León, Lissavetzky quiere ser candidato. Algunos dirigentes del PSM le sondearon. No sólo quiere, sino que lleva algún tiempo preparando su desembarco en la política municipal, pese a ser consciente de las escasas posibilidades electorales que tiene. El secretario de Estado para el Deporte considera agotada su exitosa etapa al frente de esta responsabilidad y cree que su futuro político pasa por ocupar un despacho en la Casa de la Villa, aunque sea el de David Lucas. Quienes han hablado con él tienen la impresión de que viene para quedarse. Tiempo al tiempo.

Gómez echa cuentas y le salen

Caso cerrado, pues. Gómez acepta la candidatura de Lissavetzky –a la fuerza ahorcan– y centra ahora todos sus esfuerzos en mantener el pulso al mismísimo Rodríguez Zapatero, que fue quien le subió a lo más alto del PSM, contra la opinión de José Blanco, y ahora pretende dejarlo caer.

Se ha reunido con algunos “pesos pesados” de la organización –hablamos de Juan Barranco, José Quintana, Trinidad Rollán, Maru Menéndez, José Cepeda, Jorge Gómez…–, ha contactado con los secretarios de las agrupaciones de Madrid capital y con un buen número de alcaldes; ha echado cuentas, y le salen.

Gómez cree tener en este momento una mayoría amplia, cómoda, más que suficiente para plantar cara al secretario general de su partido y a la candidata de éste, la ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, incluso si, finalmente, no cuenta con el apoyo de uno de los dirigentes más escuchados del PSM, el alcalde de Getafe y presidente de la FEMP, Pedro Castro. Nadie sabe en este momento qué va hacer, aunque lo sospechan.

Gómez sí sabe qué hará el colectivo agrupado en torno a su antecesor, Rafael Simancas: darle la batalla con lo que tengan, que no parece mucho –algo así como un 5% de la federación–, pero que es suficiente para hacer daño, sobre todo si detrás está  José Blanco –otra vez José Blanco–, con quien Rafael Simancas mantiene desde hace tiempo una estrechísima colaboración.

También sabe el líder madrileño que la maquinaria de Ferraz está punto para descargar todo el peso de su influencia sobre las agrupaciones madrileñas, y que en este proceso perderá un buen número de apoyos. Cuenta con ello. Su estrategia pasa por limitar lo más posible la inevitable sangría.

El calendario de las primarias

Hecho el recuento, Gómez ha decidido comenzar a preparar las primarias; lo primero, el calendario. A principios de septiembre convocará una Ejecutiva para la elección del candidato del PSM a la Comunidad de Madrid. Sabe que ganará por goleada, en presencia de la propia Trinidad Jiménez, que pertenece a este órgano de dirección. La Ejecutiva convocará en la misma reunión un Comité Regional extraordinario, donde espera tener también una abrumadora mayoría –no tan amplia como en el celebrado el 20 de junio, donde logró el 95,5% de los apoyos–, y donde serán ratificados los miembros de la Comisión de Garantías Electorales Regional, encargada de convocar las primarias.

Para entonces –estiman los dirigentes del PSM que me han informado–, Zapatero habrá remodelado su gobierno, sobre todo porque –argumentan– no sería presentable que la Ministra de Sanidad se enfundara el mono de faena para bajar a las agrupaciones a recoger las 5.000 firmas –un 15% de los 33.000 afiliados de Madrid, según exigen los Estatutos federales– que le permitirán presentarse a las primarias.

Si hay derrota, habrá gestora

La última fecha del calendario es el 3 de octubre. Ese día se celebrarán las elecciones internas, y dos días después será proclamado oficialmente el candidato. Si la ganadora es Trinidad Jiménez, Gómez y la mayoría de su Ejecutiva dimitirán de sus cargos y el partido quedará en manos de una gestora hasta después de las elecciones municipales y autonómicas. Un panorama desolador, pero la decisión –me cuentan– está tomada. Si el ganador es Gómez, la carrera política de la Ministra de Sanidad habrá sufrido un durísimo revés, mucho más grave que el de 2003, cuando Ruiz-Gallardón le ganó por casi 250.000 votos de diferencia (51,6% frente al 36,6%) las municipales. De aquel golpe se recuperó.

¿Cabe alguna posibilidad de que Gómez arroje finalmente la toalla ante las presiones del partido y del propio Zapatero, que tiene previsto hablar con él? A mí me dicen que en ningún caso. Pero “en ningún caso”, en política, no significa exactamente lo que cualquiera puede entender.

Ocurra lo que finalmente ocurra, el PSM seguirá como siempre. Hay grandes proyectos de futuro para este partido que bullen en la cabeza de José Blanco y de Alfredo Pérez Rubalcaba. Incluso hay un nombre que comienza a sonar en los mentideros socialistas para ese prometedor futuro, pero esa es otra historia que merece ser contada algún día con más calma.

1 Comment
  1. Eulalio says

    Yo veo a Antonio Carmona de tapado. Listo y con más prudencia que cuando la cagó con el Prestige. Aunque no sé el grado de lealtad a Gómez.
    Saludos

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