En qué se parecen un poeta y un vendedor de `hot dogs´

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Un grupo de manifestantes desfila por Manhattan, durante la marcha contra la construcción de una mezquita en la 'zona cero'. (Peter Fowley / efe)
Un grupo de manifestantes protesta en Manhattan, el pasado 22 de agosto, durante la marcha contra la construcción de una mezquita en la 'zona cero'. (Peter Fowley / Efe)

Ya está. Ya lo han conseguido. En el momento de escribirse estas líneas ya hay un 63 por ciento de habitantes de Nueva York que están en contra de la construcción de una mezquita en las inmediaciones de la Zona Cero. Un 27 por ciento están a favor. Fuera de la ciudad es peor: un 71 por ciento de estadounidenses en general en contra, un 22 por ciento a favor. Democracia es democracia, una persona, un voto, y aquí los números cantan. En más de un sentido.

Incluido el de cantar como canta uno cuando no se lava. La intolerancia se parece al olor corporal o al mal aliento. Es lo más natural del mundo. Es lo que sale si uno no hace el esfuerzo de usar regularmente la ducha y el cepillo de dientes. Todo ello pensado para hacer menos ardua la convivencia.

Convivir, como trabajar, a veces cansa. Y como todo lo que cansa a veces si uno puede se lo ahorra. Sobre todo cuando desde arriba le dicen que se lo puede ahorrar. Cuando en los púlpitos políticos y en los otros, en vez de llamar al equilibrio y a la cordura, tocan a rebato y a confrontación. Es como si a un niño sus padres le dicen que no pasa nada si no se baña. Es más, le animan enérgicamente a ser un guarro.

¿Qué habría pasado si las huestes republicanas no hubieran llamado a la resistencia contra la mezquita de la Zona Cero? ¿O si Obama hubiera mantenido el punto, en lugar de echarse ignominiosamente para atrás?

A lo mejor los sentimientos serían los mismos, con toda su humana imperfección y ambivalencia. Pero la gente haría un esfuerzo por controlarlos. Igual que sabe que hay que hacer un esfuerzo por controlar los celos, la cochina envidia, etc.

La política también debería estar para eso. Para ayudar a la gente a dar lo mejor de sí misma, no lo peor. No nacemos ángeles. Tampoco demonios. Tender más a lo uno o a lo otro a veces es cuestión de casualidad, de ejemplo y de influencia. ¿No mantienen las drogas ilegalizadas, según dicen, por no dar ideas a la gente que no se puede controlar? Pues eso.

Pero en fin, no todo está perdido. Por fin la buena gente que no decía ni hacía nada sobre este tema porque no decir ni hacer nada le parecía lo normal se está movilizando. Familiares de víctimas del 11-S apoyan manifestaciones en defensa de la mezquita. Y acaba de llegar a mis manos un hermosísimo comunicado de defensa del proyecto creado por el PEN American Center.

El PEN American Center se fundó en 1922 en Nueva York para promover la literatura y la libertad de expresión en todo el mundo. Es el mayor de la red de 144 PEN centers internacionales creados básicamente para defender a escritores, editores y traductores acosados, encarcelados, torturados o asesinados en acto de servicio. Sean famosos como Salman Rushdie, que ha presidido el PEN de Nueva York, sean anónimos como los traductores iraquíes al inglés a los que la insurgencia cazaba por trabajar para el ejército estadounidense. Con la inestimable ayuda del ejército estadounidense, que no les facilitaba cobijo ni visado para salir del país.

Dice el comunicado del PEN, simplemente, que ellos están a favor del proyecto Park51 –hasta hace nada se llamaba Cordoba House, pero visto lo visto le han cambiado el nombre-, con el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, “y con todos los que apoyan y celebran la libertad” de abrir este centro de culto musulmán en el bajo Manhattan. “En absoluto negamos la angustia de todos los que perdieron familiares y amigos en los atentados terroristas contra el World Trade Center, en absoluto minimizamos el trauma que todos experimentamos y que claramente todavía compartimos”, se ven obligados a precisar, antes de añadir que “no obstante, estamos seguros de que ningún consuelo ni paz duradera podrán venir de recortar los derechos de otros o promover la desconfianza y el miedo”.

Y añade el actual presidente del PEN, el filósofo, lingüista y novelista de Ghana nacido en Londres Kwame Anthony Appiah: “La misión histórica del PEN, al nacer poco después de la Primera Guerra Mundial, fue poner a la comunidad literaria en el corazón del proyecto de construir consenso entre las naciones; hoy, cuando las divisiones del mundo son mucho más religiosas que nacionales, sabemos que el diálogo sobre nuestras diferencias es más urgente que nunca”.

“Si hacen falta más argumentos para explicar que los escritores tienen un papel clave en este momento”, prosigue Appiah, “recordad que tanto Rumi como Ibn Arabi, grandes maestros sufíes, eran asimismo grandes poetas; en el funeral de Rumi, hace siete siglos, musulmanes, cristianos y judíos lloraron juntos; y Ibn Arabi escribió que su corazón podía asumir la forma de un claustro cristiano, de las tablas de la Torah o del santo Corán; y el imán Feisal Abdul Rauf, que lidera el proyecto de la mezquita, es un seguidor del sufismo, la tradición mística islámica tan literariamente rica”

¿Que los escritores nunca han arreglado el mundo? Oye, pues visto el grado de lucimiento de los políticos…De todos modos hay otra manera de contarlo para los que no se sientan excesivamente en órbita intelectual.

Viernes 20 de agosto. Andando por la Quinta Avenida con un colega de España que ha venido a Nueva York a grabar varios programas de televisión. Nos paramos ante un musulmán que vende hot-dogs con su carrito justo al lado del Diamond District, uno de los feudos judíos neoyorquinos por excelencia. El vendedor de hot-dogs aclara que él es egipcio de Alejandría y que en su pueblo nadie quiere tener pendencias con nadie. “I am freedom”, “Yo soy libertad”, explica en su inglés roto, y sin querer le queda más bonito que si lo dijera en un inglés entero. Le preguntamos qué opina de la polémica de la mezquita. Abre mucho los ojos, hay que repetírselo tres veces. No sabe de qué le hablamos. No se había enterado.

Bienaventurados los que venden hot-dogs sin enterarse de nada, porque ellos verán América.

4 Comments
  1. aguila says

    Esto es parte de los extremistas y xenofobos que explotan los miedos de la mayoria y sobre eso lograr capital politico.

  2. mazapán says

    No creo que se deba hablar sólo de intolerancia ante las protestas por la construción de dicha mezquita en la Zona Cero.
    Cerca de un 70 % de ciudadanos están en contra de la construción en este lugar, a escasos 400 m de la zona donde se produjeron los atentados. Este dato es cierto.
    Si bién no debemos olvidar algunos datos más, para tener una visión amplia del tema; también según las encuentas, un 70 % de estadounidenses, están favor de la construción de mezquitas en EE UU.
    Por último, ya existen OCHO mezquitas en el sur de Manhattan, algunas bastante cerca de la Zona Cero.

  3. Demagogia says

    Lo que no se entiende es que a algunas personas les cueste tanto admitir que la zona cero de Nueva York es un símbolo, no un solar. Que las Torres Gemelas representan la democracia liberal, no son sólo dos edificios de oficinas. Lo más importante, que esa mezquita en esa zona es un insulto mucho antes que un lugar de adoctrinamiento religioso.

    Me gustaría ver la misma energía con la actitud de los países musulmanes a abrir iglesias o sinagogas… EN CUALQUIER PARTE DE SU TERRITORIO.

    Llamar a esto intolerancia o racismo es errar en el diagnóstico o, pensando mal, hacer demagogia.

  4. celine says

    Francamente, estoy del afán constructivo de mezquitas hasta la coronilla. Como muy bien han anunciado, los mahometanos invadirán todo el mundo con sus explosiones demográficas sin solución de continuidad. Pues muy bien; mejor para ellos. Ojalá regresen a los años dorados cuando Rumi y muchos poetas e intelectuales musulmanes (nada creyentes, por cierto) alumbraban al mundo. Pero de eso hace ya tanto tiempo…

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