El 'plan B' del PSOE se llama Zapatero

Zapatero, ayer, en León, donde inauguró la nueva terminal del aeropuerto de la capital. / J. Casares (Efe)

No se hagan más quebraderos de cabeza pensando en el postzapaterismo y en hipotéticos  aspirantes a suceder a José Luis Rodríguez Zapatero como cabeza de cartel en 2012. Los dirigentes socialistas están preocupados por los malos augurios que arrojan las encuestas y por el estrecho margen de tiempo que tienen para invertir esa tozuda tendencia, pero es precisamente el escaso margen de tiempo de que disponen entre convocatorias electorales lo que les ha convencido de que, para ganar, el mejor es Zapatero y, para perder, también.

Para los socialistas, el plan A es Zapatero, pero el B, también. La última palabra la tiene el propio presidente, que guarda silencio y repite ante cualquier insinuación de los suyos que no piensa cometer el error de su antecesor en la Moncloa, José María Aznar, de precipitarse a anunciar su marcha y abrir un melón sucesorio,  dañino y cainita en el PSOE. Tampoco se pronuncia sobre su continuidad, porque eso distrae la atención y, como diría el ex-presidente de la Generalitat de Cataluña, Jordi Pujol, “ahora no toca

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Con todo, desde el entorno de Zapatero se ha tocado a rebato y los cuadros, incluidos los más díscolos, han respondido. Zapatero tiene un plan: hacer pedagogía y explicar ante la ciudadanía y, especialmente, explicarse ante sus electores, que han perdido la confianza en él, tras su brusco cambio de política económica y su abrazo a las recetas de las que tanto abominó. Aseguran los más cercanos al presidente del gobierno que Zapatero admite el “error” que supuso adoptar esas políticas económicas  “más de emergencia que de derechas” y no explicar cómo y por qué se llegaba a esa situación y a esas soluciones, así  como no hacer hincapié en que “era la única forma de frenar las maniobras especulativas de los mercados financieros, que después de Grecia, empezaron a atacar a España y nos pusieron seriamente en riesgo”.

Zapatero ha trasladado a su entorno su voluntad de seguir adelante con esas reformas tan impopulares, pero esta vez, según cuentan sus más allegados, dice haber aprendido de su “error”, haber “madurado” y sentirse más fuerte para llevar a cabo la tarea que tiene que acometer en la economía española. Y además hacer pedagogía y explicarla ante el electorado. Zapatero acompañará las reformas con continuas explicaciones públicas en las que no faltarán tampoco las críticas al PP y los ejemplos de lo que hubiera hecho el PP en su lugar. Probablemente algo parecido, pero “más lesivo para los que menos tienen”.

Los críticos que desde dentro del PSOE levantaron la mano para pedir “un cambio de rumbo”, como hizo en su día el presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, han dado marcha atrás y han aceptado la estrategia de “hacer piña” y confiar que, una vez más, Zapatero logre resurgir de sus cenizas, aunque esta vez les parezca una empresa mucho más complicada. Uno de esos barones, críticos con la actitud de Zapatero desde el mes de mayo hasta nuestros días, admitía recientemente a cuartopoder.es que su negativa a hablar en público sobre la crisis que atraviesa el PSOE se debe a que “no podría ser sincero» y prefiere callarse. En privado, los dirigentes socialistas no ocultan su miedo y sus dudas, pero también admiten que su única opción ahora mismo pasa por que Zapatero “acierte en su estrategia, convenza a los decepcionados y que la crisis económica remita lo antes posible”. No hay tiempo para inventar un mirlo blanco.

Incluso los más escépticos han aceptado, con más o menos entusiasmo, dar un voto de confianza a Zapatero y su plan. Y éste ya ha puesto en marcha su campaña explicativa. Junto a él, la vicepresidenta Teresa Fernández de la Vega, el ministro de Fomento, José Blanco, o el titular de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, se están prodigando estos días en diversas apariciones en medios de comunicación, para poner en circulación sus argumentos y tratar de reconquistar a los millones de votantes defraudados, según las encuestas, por el cambio de rumbo en la política económica del Ejecutivo, entre otras cosas.  La campaña acaba de comenzar y amenaza con prolongarse varios meses.