Zapatero desiste de la economía y busca la salvación en la política

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La vicepresidenta saliente felicita Salgado tras el debate de los Presupuestos, hoy miércoles, en el Congreso. / J. L. Pino (Efe)

Lo más sorprendente de esta crisis de Gobierno es que una inmensa mayoría creyó el mensaje de que la remodelación se limitaría a apartar ese amargo cáliz del Ministerio de Trabajo a Celestino Corbacho, que vuelve a Cataluña con dolor de estómago después de haber conseguido que el INEM sea la primera capital española en número de habitantes. Pensar que Zapatero se limitaría a sustituir a uno sólo de sus peones era tanto como suponer que el presidente se había vuelto loco por completo. Sin embargo, tan firme parecía su propósito de inmolarse en beneficio del país, que el hecho de mantener un Gobierno zombi sólo constituía una prueba más de su pulsión suicida.

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De ahí la sorpresa que esta mañana provocaba el anuncio de un cambio en profundidad del Ejecutivo del que pueden extraerse varias conclusiones, entre ellas la confirmación de que Zapatero no ha perdido completamente la cabeza. La principal, sin duda, es la consagración de Rubalcaba, al que además de vicepresidente, portavoz y ministro del Interior, se le asciende a sucesor, a condición, eso sí, de que sea capaz de obrar el milagro de dar la vuelta a las encuestas. Estamos ante un delfín con más conchas que un galápago.

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Nuestro Fouché lo tiene ciertamente complicado, pero su ascenso sólo puede significar que Zapatero renuncia a que la recuperación electoral del PSOE derive de una mejora de la situación económica. El remedio, si existe, ha de ser político, y ahí Rubalcaba hubiera podido ser la inspiración de Adenauer cuando dijo que lo importante en esto de los asuntos públicos no es tener razón sino que se la den a uno. Sus nuevas responsabilidades le otorgan todo el poder político del Gobierno y también el económico, porque no hay que olvidar que Elena Salgado, además de vicepresidenta, es su protegida.

A Rubalcaba hay que atribuirle el nombramiento de Ramón Jáuregui como ministro de la Presidencia, que regresa del destierro al que le había enviado Zapatero. Será su lugarteniente en la coordinación del Gabinete y un interlocutor privilegiado con los nuevos socios del PNV, cuya importancia no sólo es presupuestaria. Su aportación será esencial en la gestión del final de ETA, que es una de las mejores cartas que podría jugar el Gobierno en las elecciones de 2012.

Tenemos, por tanto, a un Rubalcaba engrandecido y a un José Blanco afianzado, al que se le ha permitido enmendar el error que supuso elevar a Leire Pajín a la secretaría de Organización del PSOE. La valenciana le salió rana al gallego, que no está acostumbrado a que se le rebelen sus marionetas. Pajín obtiene una silla en el Consejo de Ministros a cambio de ceder el sillón del partido al actual presidente aragonés Marcelino Iglesias, cuya sintonía con Blanco es completa.

Un tercer elemento a tener en cuenta es la promoción que se hace de Trinidad Jiménez, que viene a encarnar la máxima bíblica de “el que cree en mí, aunque muera vivirá”, con Zapatero en el papel estelar de Jesucristo. Jiménez aceptó sin rechistar el encargo de desplazar a Tomás Gómez de la candidatura de Madrid y, pese a su fracaso, recibe la recompensa. Si su balance en Sanidad, materia de la que nada sabía, ha sido muy satisfactorio, es de suponer que no defraudará en Exteriores, que siempre fue su verdadera vocación.

La crisis respeta a Chaves, al que no se trajo de Andalucía para manchar con su sangre las alfombras de Moncloa, y se le devuelven las competencias sobre la función pública que tenía María Teresa Fernández de la Vega, a la que tal y como se anunció aquí el pasado mes de agosto se le destina al Consejo de Estado como consejera permanente, un puesto bien pagado y, lo que es más importante, para toda la vida. El Consejo tiene convocado un pleno dentro de dos semanas, en el que se oficiará su nombramiento. De la Vega se deja en el tintero una ley de Transparencia que pocos echarán en falta.

La remodelación deja también otras lecturas. No cabe dudas de que el nombramiento del ugetista Valeriano Gómez como ministro de Trabajo trata de apaciguar los ánimos con los sindicatos, aunque el horno no esté para muchos bollos. El puesto es de los que abrasan más que una sandwichera, aunque también es verdad que el paro ha alcanzado tal dimensión que lo probable es que tienda a reducirse levemente. Por otro lado, la incorporación de Rosa Aguilar sugiere un leve guiño a algunos sectores de la izquierda, por mucho que su antigua pertenencia a IU no asegure que vaya a hacer la revolución en su nuevo destino como ministra de Medio Ambiente, Rural y Marino.

Finalmente, la eliminación de Vivienda e Igualdad, cuyas competencias asumen Fomento y Sanidad, no hacen sino dar la razón a quienes pensaban que se podía vivir perfectamente sin ambos Ministerios. Llevaban razón.

7 Comments
  1. Camino says

    Pues ya de paso Industria podría haber absorbido Ciencia e Innovación, porque ya que a la pobrecita de la ministra no la dejan hacer nada después del recorte bestial en los presupuestos de esta, por otra parte, esperanzadora cartera, total qué más daba y la dejaban irse a ganar más dinerito y recuperar la dignidad a la empresa privada.

  2. celine says

    ¡Cuánta razón te asiste Camino! Y quizás hasta habría supuesto un ahorrillo p’al Estado, que buena falta nos hace.

  3. Alejandro says

    En serio, cada vez parece más esto un panfleto del PSOE.

    ¿Cómo que el balance de Jimenez en Sanidad ha sido muy satisfactorio?
    ¡Gastó millones en unas vacunas para una enfermedad inventada y que no iba a dar los problemas que ella dijo!

    Ahora hay que comersela con patatas.
    Y el nombramiento de Rosa Aguilar NO es ningún guiño. Al revés, es una fornicación en toda regla. Zapatero quiere recuperar el voto de izquierdas a través de la que fue Alcaldesa de Córdoba (que esto siempre queda cachi chupiguay de cara a la gente).

    En fin, que cambie todo para que no cambie nada. En eso se puede traducir los cambios.

    Y dejad de hacer tanto la pelota al PSOE, anda, que ya huele.

  4. Calipso says

    «(…)Decía nuestro maestro, Michel Foucault, que todo el mundo sabe qué es y cómo actúa el poder pero nadie sabe dónde reside, quién lo detenta. Y nosotros, apoyándonos en el economista de cabecera de los Kennedy, corregíamos al maestro ratificando lo que Galbraith decía: “las grandes corporaciones norteamericanas son el poder en sí mismas(…)»

    http://jlpalazon0.blogspot.com/2010/10/el-poder-i.html

  5. Jose says

    Tengo la impresión de que la PPería mediática ha encajado mal el cambio de ministros. ¿Acaso teme que el resurgimiento del gobierno acabe hundiendo más a los de Mariano? Urgar en las intenciones de ZP a la hora de remodelar su gabinete, dice más de los miedos del que hurga que de las motivaciones reales de ZP. La crítica, decía el Profesor de psicopatología no deja de ser un viejo mecanismo de proyección.

  6. rafcast says

    El psoe se equivoca y rectifica, al menos lo intenta, pero y el PP? ni se equivoca, ni rectifica, ni actúa, solo se aplica el proverbio chino de esperar a que pase por la puerta el cadáver del enemigo…

  7. aguila says

    Todo este asunto del cambio de ministros responde a un lavado de cara a una administracion desgastada por la crisis economica y el paro de 4 millones de ciudadanos y sumando. En otras palabras un operativo de relaciones publicas. Es lamentable que la primera incursion del vicepresidente, entre en la bobada de las declaraciones del alcalde sobre la ministra Pajin, con la que le esta cayendo a Espana. Me da la impresion que el rol verdadero del vicepresidente Rubalcaba es ser ministro de propaganda.

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