Ojo con Wikileaks, que también te la puede meter doblada

Julian Assange, durante la rueda de prensa que ofreció en el sur de Londres el sábado pasado. / Felipe Trueba (Efe)

He llegado a la conclusión de que no me fío de Julian Assange. De que me da grima. De que me da hasta miedo. Lo siento pero no me creo que sea lo que él cree que representa, una especie de sherpa periodístico, el descubridor de supremos atajos informativos. Sé por experiencia que el camino a la verdad nunca es tan corto. Ni tan llano. Me gusta que Wikileaks acceda a documentos secretos y que los haga públicos. Pero no me gusta cómo lo hace ni por qué creo que lo hace.

No me gusta cómo lo hace porque creo que abrumar con miles de documentos a la gente no es informarla mejor. Casi siempre es informarla peor. ¿Quién tiene tiempo de leerse 400.000 informes? Nadie. ¿Quién ha comprobado que los papeles del Pentágono dicen lo que Wikileaks dice que dicen? Personalmente, ninguno de los que estamos aquí, mareando felizmente la perdiz sobre el tema.

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Se supone que lo han comprobado por nosotros destacados periodistas de algunos de los mejores periódicos del mundo, como The New York Times, The Guardian, etc. Pero oiga, si hacen falta todos esos filtros…¿dónde está la novedad? ¿En qué queda la revolución Wikileaks? Assange no sería el émulo de Bernstein y Woodward, los viejos campeones del caso Watergate, sino algo así como el marchante de sus fuentes, el intermediario que cobra por ponerles en contacto con Garganta Profunda.

¿Que Wikileaks no cobra y que sus huestes de voluntarios trabajan por amor al arte? Verdad hasta cierto punto lo segundo (¿de qué vive Assange, del aire?), me temo que verdad con los días contados lo primero. Yo creo que el genio de esta gente va por otro lado. Wikileaks no ha revolucionado la información sino su mercado. En un mundo saturado y bastante asqueado de noticias ha sabido sacarse de la chistera algo tan extraordinario como el apetito informativo. Todos queremos saber lo último de Wikileaks, es lo más cool, lo que más mola.

Hasta el punto, me temo, de cancelar hasta nueva orden todo sentido crítico con la organización y con su líder. Parece que no se le pueda decir nada a Assange, como no se le podía decir a Sara Carbonero. Y si se lo dices eres de la CIA o eres Urbaneja. Pero por lo menos con la novia de Iker Casillas nadie se hacía ilusiones, todos sabíamos que aquello era puro cotilleo. Con Wikileaks se supone que hablamos de cosas serias. De informaciones a vida o muerte.

Yo como ciudadana y como periodista agradezco a Wikileaks algunos servicios prestados, como la difusión de Collateral Murder, el célebre y revelador vídeo de un helicóptero norteamericano abriendo fuego contra civiles en Bagdad. Aquello estuvo bien que se conociera. A lo mejor pudieron protegerse un poquito mejor a algunos implicados y algunas fuentes, pero en fin, cuando uno va de Ciudadano Kane por la vida, ya me imagino que es difícil atender a ciertos detalles. Pero lo dicho, aquello estuvo muy bien.

Más opinable me pareció la primera gran filtración de documentos sobre la guerra de Afganistán. Ahí me pareció que el grano venía muy poco separado de la paja. Cribar la información no es censurarla, es hacerla útil. No todo documento secreto por el mero hecho de ser secreto dice la verdad. Ni tiene el mismo valor un informe de fulanito, que es un pringado, que de menganito, que es un experto. Sé de lo que hablo porque estoy escribiendo un libro sobre la materia, ya os contaré. Por ejemplo un informe sobre la inteligencia afgana hecho por la inteligencia paquistaní hay que ponerlo profundamente en cuarentena porque ambas inteligencias se odian. ¿Qué credibilidad tendría un informe secreto de María Dolores de Cospedal para Mariano Rajoy afirmando que, aún sin pruebas, está segura de que Rubalcaba cuando estaba en Interior le pinchó el teléfono?

Lo siento pero la información no se descarga y ya está, como un saco de patatas. Hay que trabajar mucho para sacar algo en limpio. Y si no existe el peligro de sacarlo todo en sucio, de darlo todo por bueno cuando no lo es. Ejemplo: la nueva hornada de documentos de Wikileaks parece acreditar masivos abusos contra detenidos en Irak. Leído deprisa esto (que es como se lee todo lo de Wikileaks) puede parecer que los abusos los cometieron soldados norteamericanos, como en los viejos tiempos de Abu Ghraib. Pues no, son abusos cometidos por las nuevas fuerzas de seguridad iraquíes. Esas que supuestamente tienen que tomar el control para que los americanos se puedan retirar del país, como a pleno pulmón les exige medio mundo. ¿Qué hacemos a la vista de estos documentos, cancelamos la retirada americana, y volvemos a mandar a las tropas españolas?

Por otro lado, y ya se me perdonará por ser tan directa: ¿alguien dudaba de que el trato medio a un preso iraquí medio en su propio país era ése? ¿No era así e incluso peor antes de la guerra, en las mazmorras de Sadam Hussein? Todos sabíamos entonces que en Irak se asesinaba extrajudicialmente y se torturaba. Un disidente del régimen se arriesgaba como poco a que le demolieran la casa hasta los cimientos, mataran a sus hijos y violaran a su mujer y a su hija delante de él, etc. Todos sabíamos que pasaban estas cosas pero en general se prefería mirar para otro lado, con el argumento de que como vas tú a imponer la democracia a ningún país. Pues parece que cuando el Pentágono se aplica por fin el mismo cuento que el resto del mundo, todos nos exclamamos de la magnitud de la tragedia.

Por no hablar del miserable papel de los mercenarios o contratistas, de cómo Irán campa por sus respetos atizando la insurgencia y la discordia (mira por donde esto no era una pura paranoia de Israel, hasta Wikileaks ha acabado descubriendo la sopa de ajo)…pero a ver, señores, un poco de seriedad: ¿de verdad precisábamos de Wikileaks para darnos cuenta de todo esto? ¿Qué COÑO nos creíamos que era una guerra? (Las mayúsculas me han salido del alma y espero que el director de cuartopoder.es me las deje pasar, porque si no las pongo, reviento)

La guerra es siempre una barbaridad, y llena de espantosas paradojas, más cuanto más nos alejamos del siglo XX y nos adentramos en el XXI, en el que las guerras ya no son entre ejércitos, son para machacar civiles y no soldados, en proporción de nueve a uno. ¿Nos queremos enterar de una vez de que era eso? ¿Y de que eso ni siquiera se arregla haciendo el pacifista –o el muerto-, porque la paz tampoco garantiza el fin de los abusos, no mientras siga habiendo tanta injusticia, tanto analfabetismo, tanta pobreza?

De verdad que me estremece que la gente descubra estas cosas leyendo, o creyéndose que lee, los informes de Wikileaks. Si estaba la herida bien abierta y bien visible desde hace tiempo. Recomiendo encarecidamente la lectura de los Cuadernos de Kabul de Ramón Lobo, uno de los mejores corresponsales de guerra que ha habido en España. Uno de los pocos que siempre ha tenido claro que no se va a una guerra a contar que casi te matan y que uy qué valiente eres o ni siquiera a filmar heroicamente cómo vuelan un puente. ¿Qué COÑO –y van dos- me importa a mí el puto puente? Si Ramón se juega el tipo, y su madre y su hermana y su novia derraman muchas lágrimas, es para volver de Afganistán y contarme lo que promete en la portada de su libro, compilación de sus espléndidos escritos en El País: “historias de mujeres, hombres y niños atrapados en una guerra”. Historias reales de gente real sumergida en esa inmensa pecera de putadas que a copia de verla cada día por la tele nos acabamos creyendo que es un juego de rol, como las aventuras de Assange. Como nuestra propia y lamentable frivolidad ante la puta guerra y sus noticias.

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Por no hablar de nuestra alarmante indulgencia con cualquiera que vaya (aparentemente) de enrollado. Al Pentágono le exigimos que no se enfade si le roban documentos. En cambio a Julian Assange no se le pueden pedir cuentas, no ya de las denuncias por abuso sexual que tiene puestas en Suecia, sino ni siquiera de las disensiones internas en Wikileaks, o de cómo se financia este invento. Eso es un secreto más inviolable que los de la CIA. ¿En casa del chivato, transparencia de palo?