Obama no tiene puta idea de la crisis; y el ‘Tea Party’, tampoco

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Obama, con el secretario del Tesoro, Timothy F. Geithner, tras la reunión del Gabinete, el jueves. / P. Souza (Casa Blanca)

Ni Tea Party ni leches, con perdón. El Tea Party es como la Esquerra Republicana de Alaska, una pústula rebelde en los cuartos traseros de la derecha americana, que sin esto a lo mejor a día de hoy controlaría dos cámaras legislativas en vez de una. En Estados Unidos sigue habiendo sólo dos partidos que cuentan, y uno tiene un presidente creíble, y el otro tiene una pandilla de Federicos Jiméneces Losantos que buscan un escaño para sacarse un sobresueldo o para vender más libros. La reelección o no reelección de Barack Obama no depende del Tea Party ni, al paso que va la burra (en este caso, el elefante) de los republicanos. Depende exclusivamente de si la economía levanta o no levanta cabeza de aquí al 2012.

¿Ha entendido Obama de verdad el mensaje de las urnas y de los mercados? ¿Tiene claro que su enemigo no es el Tea Party sino el Wallet Party, el Partido de la Cartera?

Si de aquí al 2012 las carteras vuelven a llenarse Obama será reelegido. Si no se llenan no lo será, así Sarah Palin se meta a monja y Marco Rubio se haga seguidor de Fidel Castro. Da igual lo que el Tea Party diga. Da igual lo que el Tea Party haga. Si hay dinero no sólo en los bancos sino en las cuentas de la gente, si las hipotecas pueden pagarse y los hijos pueden ir a la universidad, habrá Obama para rato.

Es todo tan fácil y tan difícil como una ruleta rusa. Porque de todas las promesas incumplidas por el campeón del Yes, We Can, ninguna tan grave como la de haber insinuado que él tenía la solución de la crisis, que no la tenía. Ni la tiene. Simplemente la economía no era lo suyo. Ni lo es.

Pero, ¿saben?, lo mismo le pasa al Tea Party. Y al Tesoro norteamericano. Y a la Reserva Federal americana. Todos dan palos de ciego, todos van probando a ver qué se les ocurre. Unos proponen dejar de pagar impuestos de aquí al año 3.000. Otros dicen que reducir el déficit es lo primero. Los de más allá advierten que vale pero que hay que esperar un poco, que saltar a la chepa del déficit con un 9,6 por ciento de paro es ahogar en la cuna toda posibilidad de recuperación. A los de la Fed se les ha ocurrido alfombrar los mercados de dólares para bajar su valor y aumentar sus posibilidades de exportación mientras joden las importaciones del vecino, empezando por el vecino chino pero qué se le va a hacer si se escapa alguna hostia también para el europeo. Unos lloran, ay la inflación. Y los otros: ay la deflación.

El reto es ver claro en esta selva de expertos. En este atasco de paradigmas. Por de pronto lo único que está claro es que, contra lo que sugiere el título de la última película (mala) de Oliver Stone, el dinero sí duerme. Ahora mismo lleva un buen rato sobado y no hay modo de que despierte ni haciéndole waterboarding.

Mienten todos los que dicen que saben cómo salir de la crisis. O, para ser más precisos: mienten todos los que dicen que saben cómo salir de la crisis sin perder las elecciones. Porque lo que habría que hacer para salir de una vez por todas, y para no volver a entrar nunca más, es tan políticamente suicida que no hay gobierno en el mundo que se anime a intentarlo. O sea que no nos queda otra que seguir girando el tambor de la ruleta rusa. Algo o alguien caerá.

Justo al día siguiente de las elecciones salió Obama a decir que él tiene confianza en que la economía, es decir su presidencia, va a remontar a tiempo. Su lenguaje corporal atestiguaba que era sincero.

Motivos no le faltan porque desde determinado punto de vista perder estas elecciones era lo mejor que le podía pasar. Pues así se han desahogado muchos de los suyos que de aquí al 2012 tienen tiempo de volver a asustarse de que ganen los otros. Y porque hasta los más punkarras del Tea Party tienen ahora un pie dentro del sistema. Ya no pueden ir por ahí ululando que el mundo y el dólar se acaban. O se arremangan para que no se acaben, o también a ellos les echarán la culpa. De aquí al 2012, la responsabilidad de que remonte o no la economía norteamericana (y la nuestra, pardiez) está mucho más repartida.

Dios nos coja…¿confesados?


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5 Comments
  1. Carlos says

    La mejor publicación que he leído sobre este tema. Estoy absolutamente de acuerdo con todo lo que has escrito.

    Enhorabuena.
    Hay alguna forma de seguir todas las publicaciones que escribes?
    Gracias

  2. celine says

    Habría que volver al patrón oro y dejarse de dólares, que eso ya se ha quedado muy antiguo. Pero mira que eres mal hablada, Grau; y eso que se entiende el cabreo. Más que cabreo, acongojamiento. Yo, desde luego, te acompaño en el sentimiento.

  3. lou reed says

    genial!!!!

  4. aguila says

    Tanto en mis experiencias en el mundo politico como en el mundo de las inversiones puedo atestiguar que los gurus ya no existen y que en estos campos es como el horoscopo, meras predicciones. Como ejemplo se decia que en Estados Unidos jamas seria electo un negro y se equivocaron. En la economia nadie podia pensar que grandes instituciones de inversiones colapsaran y sin embargo, ocurrio. Naturalmente, es casi un dogma que malos tiempos economicos afectan al partido en el poder y eso los hace perder las elecciones. La economia sera un factor determinante como el comportamiento de los partidos y sus lideres. Los republicanos aparte de estribillos de campana no tienen mucho mas. Sus contradicciones son manifiestas, por un lado pretenden rebajar el deficit pero no estan dispuestos a hacer recortes en los programas sociales tales, como Medicare(seguro de salud para los ancianos ) o el Seguro Social para mencionar algunos. Mucho menos pretenden recortar el presupuesto de la defensa. Los republicanos quieren renovar el recorte en los impuestos para la clase millonaria lo que le anadiria al deficit $700 billones adicionales. O sea la realidad choca con la demagogia. Al final las promesas republicanas seran humo lo que quedaran de ellas. Es posible que se tenga que elegir con el candidato que proyecte mejor para resolver los problemas. Los republicanos tienen ahora responsabilidad en gobernar y no tienen excusa para culpar de todos los males a Obama.

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