Lo que Proudhon me ha dicho de la ‘Ley Sinde’

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En tiempos tuve un amigo que disponía de una enorme filmoteca en su casa, toda ella fruto del pirateo. Un día le hablé de la propiedad intelectual y él, que se jacta de ser un izquierdista conspicuo, me espetó: “La propiedad es un robo, ya lo dijo Proudhon”. A continuación me contó que un día levantaría un centro cultural en su pueblo con todas las películas, libros y canciones que tenía pirateados, y que el lema de ese paraíso de la cultura, accesible para el pueblo sin coste alguno, sería precisamente la máxima de Proudhon.

Me di cuenta de que algo fallaba porque este amigo tan rojo tiene cinco inmuebles en propiedad, y nunca me habló de donarlos para la causa de los sin techo, pues su alquiler le reporta unos considerables beneficios mensuales. Sé que esta historieta puede parecer caricaturesca y demagógica, pero es rigurosamente real.

El caso es que volví a Proudhon, cuyo criterio respecto a la propiedad privada recordaba como bastante sensato. En efecto, Proudhon escribe que “la propiedad es un robo”, en alusión a los grandes propietarios, quienes se sirven de grandes extensiones de tierra para obtener beneficios sin trabajar y a costa de los desposeídos.  Sin embargo, defiende que el pequeño artesano sea dueño de su taller y sus herramientas o el pequeño comerciante lo sea de su comercio. ¿Por qué? Por una razón muy sencilla. Porque esa pequeña propiedad explotada para uno mismo otorga una enorme libertad al comerciante o al artesano, ya que reduce su dependencia de otros propietarios, además de propiciar una organización social basada en la igualdad. Aunque los razonamientos de Proudhon son intrincados y extensos, esta cita resume bien su filosofía: “El hombre que se posesiona de un campo y dice: ‘Este campo es mío’, no comete injusticia alguna mientas los demás hombres tengan la misma facultad de poseer como él (…). Pero si en vez de trabajar personalmente pone a otro hombre en su puesto y le dice: ‘Trabaja para mí mientras yo no hago nada’, entonces se hace injusto, antisocial, viola la igualdad y es un propietario”.

Siguiendo una lógica parecida, creo que Proudhon estaría en contra de los negros literarios, pero sería partidario de que el escritor, el músico o el cineasta sean dueños de sus obras, pues es justamente la venta del fruto de su trabajo lo que les otorga la libertad económica imprescindible para seguir creando y obteniendo una pequeña renta –os aseguro que siempre es pequeña–, de la que vivir. Sin embargo, sospecho que censuraría el acaparamiento de pisos de ese amigo mío que con tanta alegría le invoca.

La confusión de fondo del debate sobre la propiedad intelectual estriba en que se presenta como un ejercicio libérrimo de defensa de la cultura –con falsos ribetes antisistema que encandilan a los incautos- lo que es, simplemente, un atraco al autor, el eslabón más desamparado en la cadena de producción cultural. Entretanto, se dejan intactas las ganancias de las compañías telefónicas que facilitan la descarga, y por supuesto, nadie dice ni media palabra de cómo los sistemas de venta electrónica ideados en España hasta ahora reducen las ganancias del autor –cuyo trabajo sigue siendo el mismo– pero garantizan las de esos distribuidores y libreros ya innecesarios en la venta por Internet.

La propaganda de esta gran revolución cultural asegura que se trata de democratizar el conocimiento, cuando en realidad sólo propone una gigantesca estafa que condena a la indigencia a los autores. Cuando el propietario del piso en que vivo, la electricidad que consumo y las ruedas nuevas de mi coche sean también objeto de colectivización, me sumaré a la rebelión internauta. Mientras tanto, si me lo permiten, seguiré defendiendo la muy conservadora y contrarrevolucionaria idea de cobrar por mi trabajo.

11 Comments
  1. comentarista says

    Pues sí, pero cuando la creación tiene como resultado sólo un objeto físico es más fácil custodiarlo. Sin embargo si de la creación sale algo que puede resumirse en un fichero, la custodia es muy difícil pues la información fluye por autopistas (internet). ¿Como pararlo?. Las leyes no impedirán que siga fluyendo la información, algo habrá que inventar para que los creadores no lo hagan gratis.

  2. maria says

    Opino igual que tú Irene, es injusto que con lo que debe costar escribir un libro alguien lo pueda conseguir a golpe de click y sin que el autor cobre. Con la descarga de libros muy pronto pasará igual que con la música

  3. antfiz says

    Irene, la clave del conflicto no está en que la cultura sea gratis o no.

    La clave está en si se paga al por mayor o al detalle. Internet ha provocado que consumamos contenidos culturales al por mayor, pero la industria pretende que paguemos cada cosa que consumamos de forma individual, en lugar de establecer una tarifa plana.

    Curiosamente, la industria americana ya ha cambiado el modelo de negocio en su país:
    http://www.cotizalia.com/perlas-kike-vazquez/netflix-ganar-dinero-internet-contenidos-audiovisuales-20101223-4614.html

    En otras palabras, la solución que desligitimaría las webs piratas sería desarrollar webs con contenidos culturales a los que se acceda con tarifa plana.

    Ningún otro modelo tiene sentido ya.

  4. Jonatan says

    Sólo me parece objetable del interesante artículo el que gente como Almodóvar, las cutreproducciones de Hollywood y Lady Gaga, por ejemplo, puedan considerarse «pobrecitos».

  5. JM says

    El problema de la «Ley Sinde» no es si la cultura debe ser gratis o no. Hasta ahora el problema residía en si las descargas gratuitas suponían una violación de la Propiedad Intelectual.

    Como hasta ahora varias sentencias judiciales decían que no, la industria ha estado forzando al Gobierno para ganar por otra vía lo que la justicia le negaba.

    Es entonces cuando el Gobierno pretende crear una comisión administrativa para interpretar un precepto recogido en el Código Civil y que corresponde a los jueces valorar: el derecho a la Propiedad Intelectual.

    No obstante, para maquillar el asunto intenta despistar con lo de la tutela de la Audiencia Nacional. Sin embargo, el papel que reserva la «Ley Sinde» a la Audiencia es el de valorar si con el cierre de la web se vulnera el derecho a la Libertad de Expresión, que no el derecho a la Propiedad Intelectual, porque ese tema ya estaba perdido. Ahí está el engaño de la norma y donde se debe centrar el debate.

  6. ddaa says

    Los pisos, los coches o los tomates no se pueden reducir a bits. Los libros, las películas y los discos, sí. Cuando las industrias del entretenimiento y/o la cultura optaron por los soportes digitales, crearon la situación de la que ahora se quejan:

    «La llegada del formato CD al mercado, en los años ochenta, supuso una revitalización del mercado discográfico cuando el consumidor pasó a actualizar su discoteca de vinilos. También ayudó a mejorar la cuenta de explotación. Pero el cambio de formato conllevaba el paso de tecnología analógica a digital. Los surcos del vinilo pasaban a ser ceros y unos, información digital, en definitiva. En paralelo, el instituto Fraunhofer desarrollaba en esa misma década un método de compresión de audio que denominaron MP3 y que conseguía reducir el archivo de audio a una onceava parte de su tamaño original. Internet era, por aquel entonces, un fenómeno de minorías. Tampoco existían duplicadores de CD; una tecnología que pronto se puso a disposición del consumidor por un precio cada vez más asequible.»
    Con la música a otra parte · ELPAÍS.com

  7. pilito says

    El problema de la ley sinde y de la sgae es que quieren vivir del aire, os imaginais si cualquier arquitecto cobrara derechos de autor cada vez que usas tu casa…

  8. Grunentahl says

    Es característico de alguien que «se jacta de ser un izquierdista conspicuo» el tener mucha soltura para aplicar la ley del embudo.
    Ya dijo el Sr. Ortega y Gasset (antes Lista) que «ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral».

  9. Aleve Sicofante says

    No doña Irene no. Aunque ha afinado usted bastante el tiro, todavía no da en la diana.

    Los internautas no quieren que usted deje de comer. Quieren, desde luego, que desaparezca la «industria cultural» (horrendo oxymorón) en la medida en que es un conglomerado de gigantes multinacionales que lo mismo venderían «cultura» que salchichas y que son los que se llevan el dinero, no los autores.

    Internet pone a disposición de los autores medios para prescindir de los grandes intermediarios y ofrecer su obra directamente a los que la disfrutan. Estos puede pagar contante y sonante o el autor puede aprovechar su popularidad para ser patrocinado por empresas anunciantes que permiten regalar la obra a los lectores/escuchantes/espectadores. Y, como se ha venido desde tiempos inmemoriales, los autores puede regalar copias de su obra para vender otros artículos como conciertos y actuaciones en directo; ediciones especiales de sus libros en papel o cualquier otro elemento emocional que revalúe el objeto físico que sustenta la obra; que haga que merezca la pena comprar esa pieza física con valor sentimental propio. La obra llegará por el medio apropiado (analógico o digital) a su destinatario, que es para lo que se escribe.

    Piense un minuto en lo siguiente: si SeriesYonkis se esta «forrando» ¿a qué está esperando la industria para ganarle en su propio terreno? Sólo tienen que montar un SeriesYonkis oficial (incluso conprando a los chicos lo que han montado y que parece funcionar como un reloj) y empezar a forrarse de la noche a la mañana sin que nos cueste un duro a los que disfrutamos de las obras.

    No se engañe, doña Irene: las descargas libres no afectan en lo más mínimo a los autores. Están minando el negocio de quienes llevan décadas robando, precisamente a los autores. Que ustedes no sean capaces de ver que estamos por ustedes y contra los conglomerados obsoletos y a todas luces innecesarios que llamamos «distribuidores», es probablemente una consecuencia de la brecha digital que me temo que tienen ustedes que saltar para acabar por entender cómo funcionan las cosas hoy.

  10. Aleve Sicofante says

    Por cierto, es sólo asunto de ustedes dejar de vender libros a través de los grandes grupos editoriales y hacerlo aquí mismo, en internet. Este periódico se nutre de la publicidad (cuando llegue, no veo mucha por ahora) y yo disfruto de lo que usted escribe gratis. Despida mañana mismo a su agente si lo tiene y prepárese para vender sus libros, en digital o editados físicamente, a través de la red. Contácteme si quiere que le informe sobre los diferentes medios. No volverá a llevarse un 2 ó 3% de sus ventas. Empezará a llevarse cantidades cercanas all 90%, así que podrá vender sus libros a un euro o dos y ganar mucho más que hasta ahora. Y si vende usted mucho, se le acercará un patrocinador y podrá regalar sus libros sin perder ni un céntimo.

    ¿Qué le parece? Bienvenida al presente.

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