Dales caña, Sarah

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Un grupo de personas rezaba ayer martes ante el hospital donde está internada Gabrielle Giffords. / G. Williams (Efe)

¿Tiene Sarah Palin la culpa de que un perturbado le disparara a la cabeza a la congresista demócrata Gabrielle Giffords? Para muchos es tentador pensar que sí. Y desde luego no es el momento de presumir de haber incluido la cara de Giffords en un desdichado mapa político de Estados Unidos lleno de “dianas” demócratas a abatir, con su mirilla telescópica y todo. Muy mal, Sarah. Lo estás haciendo fatal, que diría Nacho Vegas.

Y sin embargo quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. Sarah Palin no ha inventado la retórica política de armas tomar ni es la única que la ejerce. Ni siquiera es siempre su representante más lucida. Veamos a continuación algunos ejemplos.

  1. El famoso cineasta Michael Moore trató de combatir los principios de la Asociación Nacional del Rifle (objetivo muy legítimo) haciéndole una entrevista a uno de sus miembros, Charlton Heston, que lo presentaba como un imbécil (objetivo algo más discutible, si se considera que por aquel entonces Heston padecía alzheimer). En sus denuncias audiovisuales de la guerra de Irak (otro objetivo legítimo), Moore no dudó en recurrir a extremos como incitar a madres de soldados muertos a manifestarse frente a la Casa Blanca, una situación en la que es fácil perder, como poco, los nervios. En otros países, por ejemplo España, existen códigos deontológicos que vetan entrevistar en caliente a los familiares de víctimas del terrorismo.
  2. Maureen Dowd, famosa y ácida comentarista de The New York Times, fuerte partidaria de Obama (al que llama Obambi cuando se muestra demasiado conciliador o de centro), calificó sin dudar en plenas primarias a Hillary Clinton de monstruo de ciencia-ficción. Concretamente la comparaba con Terminator y le criticaba que le costara tanto morir: “Hasta que su último circuito se apague, se regenerará una y otra vez lo suficiente para abrirse camino fuera de la tumba (…), trepar por la pared de la casa de Obama, erguir su torso dentro y acechar brutalmente sus sueños”. Menos mal que a nadie se le ocurrió inspirarse en la película para acabar de una vez por todas con Hillerator.
  3. Las mismas emisoras y columnas de opinión “liberales” (no olvidar nunca que en Estados Unidos liberal significa justo lo contrario que en España) que ahora apuntan a Sarah Palin como la culpable parcial, o por lo menos inspiradora, del tiroteo de Tucson, ¿han pensado si el familiar de alguna víctima no se animará a irse a pegar tiros a Alaska?

Por desgracia el lenguaje del odio no es exclusivo de ninguna escudería política. El Tea Party puede hacer uso de él con una frecuencia preocupante, pero ni son los únicos, ni eso sucede exactamente en el vacío. Con la mano en el corazón, hermanos: ¿es o no es verdad que llamamos odio a los insultos del enemigo, mientras que cuando el que pierde los papeles es de los nuestros, lo llamamos darles caña?

Ciertamente en Estados Unidos da la impresión de que en estos momentos la derecha presenta un saldo más abultado de traslación de la violencia política verbal a la directa. El año pasado un integrista del movimiento pro-vida tiroteó hasta la muerte a un médico que practicaba abortos. Pero ni esto ha sido siempre así (sólo hay que remontarse un par de décadas para encontrar ilustres ejemplos de violencia política de izquierdas en Estados Unidos) ni es así en todas partes (en España ETA aún se proclama con desparpajo marxista-leninista) ni son las cosas tan simples como los titulares de prensa y de campaña pintan.

El presunto asesino, Jared Lee Loughner, en una foto difundida por la oficina del ‘sheriff’ de Pima. / Efe

Gabrielle Giffords es demócrata, pero no precisamente del ala izquierdista dura. Se alinea más bien con los blue dogs, los demócratas conservadores. Y el descerebrado que intentó asesinarla era tan devoto lector de Hitler como del Manifiesto comunista, tan enemigo del aborto y de la inmigración como dispuesto a creerse que los atentados del 11-S no fueron obra de Al Qaeda sino del mismo Gobierno de Estados Unidos, una teoría que a día de hoy sólo defienden Mahmud Ahmadinejad y la ultraizquierda más freak. Etc.

Es de entender y hasta de respetar que cada cual arrime el ascua a su sardina. Es lógico que los demócratas traten de sacarle partido a su heroína y puede ser hasta saludable que se ponga encima de la mesa la urgente y desgraciada necesidad de lavarle la boca con jabón a buena parte de la clase política. Pero ese objetivo no se conseguirá plenamente hasta que el público se haga responsable de reaccionar más a la razón y menos al subidón. Menos dales caña, más sentido crítico (con todos) y más pasar de vez en cuando la ITV de la sensatez. Locos los ha habido y los va a haber siempre, y nunca se puede saber lo que les va a dar ideas. Pero por favor, que no nos las den ellos a nosotros.

3 Comments
  1. Jonatan says

    Locos desarmados, mejor.

  2. Andrea says

    ¡Que esta tragedia nos haga reflexionar!

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