Confirmado: Dios está en los orgasmos

Publicidad

El padre Ksawery Knotz, ayer miércoles, en Madrid./ J. C. E.

Ksawery Knotz se ha hecho muy popular en Polonia por sus clases de educación sexual, aunque cualquier parecido suyo con nuestra Lorena Berdún es pura coincidencia. Es calvo, tiene barba y viste de forma muy llamativa: una túnica con capucha de color marrón idéntica a la que usaba Sean Connery en la adaptación cinematográfica de El nombre de la rosa.  No es que Knotz sea un excéntrico sino un padre capuchino de los de toda la vida, con su celibato y su canesú, que defiende que la sexualidad es un regalo de Dios y al que han bautizado con éxito como “el apóstol del Kamasutra”.

El fraile, que cuenta ya con algún bestseller, estaba ayer en Madrid presentando un libro-entrevista titulado No tengas miedo al sexo, así que ama y haz lo que quieras. El Kamasutra para católicos, que ha publicado un editorial riojana con todas las bendiciones posibles, ya que según explicó su editor, una tal Eduardo Barrón, había sido visado por tres intelectuales católicos amigos suyos y hasta los capuchinos del Norte de España le habían dado el imprimatur. Barrón relató que en los 80 había seguido el llamamiento de Juan Pablo II para construir 1.000 iglesias en Polonia, y ello justifica que, como buen cristiano, quisiera asegurarse de que no le daban  gato por monje.

Una conjunción planetaria, al estilo de las descritas por Leire Pajín, permitió que un capuchino sostuviera ante las cuarenta personas que le contemplábamos absortas que “Dios está en el orgasmo” y que, además, lo hiciera en el Centro Riojano de Madrid, lo que facilitó que, una vez consumado el acto, se sustituyera el tradicional y prohibido cigarrillo por unos caldos de la tierra.

Como era previsible, el padre polaco hablaba en su idioma y no se le entendía un pimiento, salvo algunas palabras sueltas como sexo y orgasmo, que se pronuncian igual. Por su traductora supimos algunas anécdotas de sus retiros espirituales, como cuando una mujer le dio las gracias por haberle hecho reparar en que Dios había creado el pene de su marido. No quedó claro si esta misma señora, u otra distinta, recelosa del sexo con su esposo, había culminado su semana de recogimiento con una relación sexual muy satisfactoria con su pareja, tanto que acabó proclamando lo siguiente: “Dios no me sigas dando más de esto porque ya no lo aguanto”.

En algunos momentos, Knotz estuvo sembrado. Tras asegurar que nunca había tenido problemas con el Vaticano y que no temía ser conducido a la hoguera, dio sus parabienes a la estimulación oral, defendió el uso de la lencería, los perfumes y los aceites, negó que el sexo tuviera que limitarse a la procreación y desaconsejó, por ser “una cosa tonta”, seguir en el matrimonio el modelo de la Sagrada Familia, que de sexo ni mentarlo. “Según esto, sólo deberíamos tener un hijo”, explicó.

Llegó el turno de preguntas. Uno de los asistentes le hizo ver que lo suyo era revolucionario y que si alguien le hubiera explicado esto mismo a sus padres y a sus abuelos, sus vidas no hubieran sido tan desgraciadas. ¿Estaba seguro de que su mensaje era el mismo que el de la Iglesia?, le preguntó. “Claro que la Iglesia aprueba esto –respondió-. Lo que pasa es que lo dice con palabras más solemnes”.

Sonaba a gloria esa defensa del placer carnal –“cuando los cónyuges hacen el amor no han de estar pensando en Dios sino en ello, el uno en el otro”- hasta que una señora ya madura quiso que le confirmara si, además de en el orgasmo de los matrimonios, Dios estaba también en el de los no casados. Ahí supimos que en polaco también se puede ir uno por la tangente.

Igual ocurrió cuando se le habló del sexo no orientado a la reproducción, donde dio una de cal y otra de arena: “Si hay vínculo, nacerán hijos. La Iglesia no está diciendo que lo único importante sean los hijos; vendrán cada cierto tiempo. No hay que violentar la fertilidad (traducido al cristiano, que se olviden del preservativo). El sexo no es sólo para tener hijos, pero tampoco para no tenerlos”.

Eso fue todo. Antes de concluir, y como todos se lo estarán preguntando, les aclaro que El Kamasutra para católicos, subtítulo que Knotz aceptó por eso del “marketing”, no lleva fotografías ni ilustraciones. ¿Que si el capuchino ha sido cocinero antes que fraile y habla del sexo con conocimiento de causa? Bueno, se puede ser entrenador de fútbol sin haberle pegado nunca al balón. ¿O no?