ANNA GRAU | Publicado: - Actualizado: 8/1/2017 21:40

Obama durante el discurso del estado de la Unión / Pete Souza (whitehouse.org)

Del último discurso de Barack Obama sobre el estado de la Unión puede deducirse que el presidente gira al centro dado el nuevo predominio de los republicanos en las cámaras. Pero hacia donde realmente gira es hacia las empresas dado que se le acaba el tiempo para luchar contra la crisis. Obama trató de someter a Wall Street y a los diplodocus industriales y petroleros americanos y no lo ha conseguido. El paro es la gangrena del Yes, We Can y ahora lo más urgente no es hacer justicia financiera sino salvar los muebles de aquí a las elecciones.

Lo hemos dicho otras veces: Obama no tenía ni idea de economía cuando ganó. En este tema se benefició mucho más de los errores ajenos que de los méritos propios. Esta debacle ha puesto a prueba muchas cosas, empezando por la precariedad del sistema social americano y de su clase media. En alguna ocasión ya lo ha mencionado el Premio Nobel Paul Krugman: “La misma crisis en Europa produce la mitad del sufrimiento humano que produce en Estados Unidos”. Por razones obvias.

¿O no tanto? Porque la superioridad moral y política del modelo europeo está cantada, sí…Pero, atención pregunta: si hubiera que partir ahora de cero para crear la Seguridad Social y el sistema de pensiones, si hubiera que acostumbrarse de repente –y en pleno marrón de la crisis, además- a compartir parte de lo que uno tiene sin haberlo hecho nunca, ¿cuántos aceptaríamos de buen grado, y cuántos, antes de aflojar la mosca, nos echaríamos al monte o nos haríamos del Tea Party de Torrelodones?

Aunque no siempre guste recordarlo, la igualdad es un lujo. Y como tal lujo tiene un precio, que alguien tiene que pagar. Un sistema social digno de este nombre es un encaje de pequeñas injusticias al servicio de una justicia ideal y mayor. Para salvar a los parias de la tierra hace falta que los que no son parias renuncien a parte de su pastel. Peor aún: hace falta que asuman la mortificación de que unos cuantos vagos, maleantes y caraduras vivan empotrados y del cuento, porque es imposible cribar al cien por cien el grano de la paja del Estado del Bienestar, y aunque se pudiera tampoco se debería, pues siempre habría víctimas colaterales inocentes (hijos pequeños, abuelos enfermos, etc).

No es fácil hacerse a la idea así en frío, sin haber mamado de pequeñito las mieles de la solidaridad. Que por supuesto si fuesen tan melosas no habría que imponerlas por ley. Los impuestos no tendrían razón de ser porque a la gente habría que pararla para que no regalara todo su dinero al Estado y a los pobres. Pero el género humano no es así, ni lo ha sido nunca. En ninguna latitud del mundo. Por eso, ya lo decía Josep Pla, ciertas utopías sólo se pueden imponer por la vía de la dictadura total.

Obama no sabrá de economía pero sin duda es un hombre inteligente. Y práctico. Visto lo visto comprendió que no tenía tiempo de exigir a los americanos un cambio de mentalidad de siglos en los menos de dos años que faltan para las elecciones de 2012. Conclusión: hay que pactar. Con los únicos que si quieren pueden crear trabajo en un pis-pas, que son los empresarios. Dándoles todo o parte de lo que piden, que fundamentalmente consiste en: recortes fiscales y manga ancha.

Con lo cual la jugada y el discurso están claros: si no es posible apretar en lo generoso, habrá que triunfar en lo competitivo. Por las buenas o por las malas. Confiar en que las vacas gordas acaben haciendo en la práctica el mismo efecto que un New Deal. Ya dicen los que entienden que de la otra Depresión no se salió gracias al genio de Roosevelt sino a la Segunda Guerra Mundial, que fue a la economía de Estados Unidos lo que setecientos planes de rescate y de estímulo.

Traduciéndolo todo al lenguaje práctico, tú puedes reducir la pobreza repartiendo más la riqueza, o ganando más para que haya que repartir menos. Obama ha llegado a la conclusión de que para Estados Unidos es más fácil incrementar sus ganancias que su cohesión social. Su competitividad que su solidaridad. Es una opción: con la ventaja de que el patriotismo americano, que por supuesto es también económico, ya está acostumbrado a vibrar con estos momentos Sputnik. Qué se habrán creído esos chinos.

¿Y aquí qué? ¿Y si resulta que el dilema de Obama es un dilema de lujo, que nosotros no nos podemos permitir? Si en España no se aprecian indicios de competitividad galopante ni perspectivas de ganar más me temo que no habrá tu tía: habrá que acostumbrarse a pasar con menos. Y más repartido. Lo cual es duro porque aunque a nivel social general pueda tener lógica, a nivel individual siempre es una putada. Siempre es jodido que tu esfuerzo rinda menos que antes y que si te rebotas te acusen de estarte aferrando a un privilegio. ¿Pero no eran derechos adquiridos? Pues sí, pero como el derecho divino de los reyes. Que dura lo que dura, hasta que cae la guillotina.

En momentos así es cuando se aprecia que la famosa solidaridad era en realidad un compromiso humano muy frágil, una fina tracería de cambalaches: yo pongo no por el bien común sino para sacar, para que me den (a ser posible no por el lado que últimamente me están dando). Si no me dan, o no me dan lo que yo espero, la que se puede liar.

Lo bueno del discurso de Obama es que antes de llegar a ese punto crítico de amargura y de ruptura, él planta un objetivo y un entusiasmo común: vamos a poner nuestros egoísmos en fila y a trabajar. Vamos a dejar de darlo todo por hecho, es decir, por perdido. Vamos a volver a ganar la luna, que aquí nadie regala nada. Y vamos a tratar de no transformarnos en unos cabritos por el camino.

¿Algún voluntario para por lo menos intentarlo aquí?

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  • Amsterdam

    Es triste tener que estar de acuerdo que Espana tiene pocas expectativas de mejorar en competividad. Triste pero cierto. Solo falta ver la desidia con la que se trabaja en la mayoria de empresas, donde aun se juzga a la gente por las horas realizadas, no por los resultados obtenidos, donde las jornadas son eternas para compensar el tiempo que se pierde desayunando, meredando, etc. No solo es arcaico, es lo que hunde al pais. Siempre se habla en mejorar la productividad para sacar al pais adelante y aunque los empresarios siempre lo traducen en despedidos (que por cierto, solo agravan la crisis para todos, ellos incluidos), a titulo individual, tambien podriamos aplicarnos para trabajar mas y mejor. Como decia Pujol, trabajar bien no tiene fronteras pero es que la unica salida para no comernos una decada de crisis…

  • Aguila

    Muchos creen que Obama es un ideologo, lo cierto es que Obama es una persona pragmática. Como buen ex profesor de Derecho sabe que la mejor solución de un conflicto es la negociación y no la confrontación, maxime cuando lo que se trata es el futuro de la nación. Para poder ser una nación igualitaria tiene que crearse riqueza. El mensaje es ponerse a trabajar duro para ser competitivo y dejar las ideologías a un lado. Obama no es un izquierdista trasnochado como Zapatero.

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