Bancos, partidos, constructores: el triángulo de las Bermudas

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La crisis es, en conjunto, una pérdida masiva de dinero: baja el poder adquisitivo del ciudadano, el valor de su patrimonio inmobiliario, las prestaciones sociales que recibe... Se insiste mucho –con buen criterio– en que el resumen de lo ocurrido es que todos nos hemos empobrecido.

Aplicando el primer principio de la termodinámica, algo me dice que el dinero no se crea ni se destruye: sólo cambia de manos. Falta dinero en el presupuesto público, falta dinero en las empresas, en las cajas de ahorros, en los bolsillos de los ciudadanos… Llevo tiempo preguntándome en qué manos estará todo lo perdido, porque si uno atiende a las explicaciones de los expertos, da la impresión de que se ha evaporado a causa de un fenómeno sobrenatural, una especie de Triángulo de las Bermudas que lo ha absorbido hacia sí hasta hacerlo desaparecer.

A lo mejor tienen razón los expertos y, siguiendo la pista al triángulo de las Bermudas, hallamos la pista del dinero. Mis razonamientos detectivescos son como los del padre Brown de Chesterton, que no era un profesional de la investigación criminal, sino un cura que aplicaba su intuición y su sentido común para resolver crímenes. No soy experta pero, puesto que todos los especialistas han errado estrepitosamente en esta crisis, me tomo la libertad chestertoniana de explicar cómo veo el latrocinio desvergonzado en que se ha instalado la gente más respetable.

Veamos. Es un principio generalmente aceptado que la economía de la última década, antes del estallido de la crisis, estaba basada en la especulación inmobiliaria y financiera; ahora que la burbuja ha terminado, pagamos entre todos los gastos de esa enorme juerga, como explica muy bien Luis de Velasco. Tal vez el triángulo de las Bermudas se encuentre allí donde se celebró la juerga, que transcurrió, más o menos, así: constructores, promotores e inmobiliarias vendían pisos a precios de locos, a años luz de su valor real (no hay aquel más necio que quien confunde valor y precio, decía Machado). Los bancos, y más aún las cajas, financiaban la necedad concediendo hipotecas basura al nivel de las subprime estadounidenses, o sea,  impagables. Los partidos políticos se beneficiaban de la locura constructora y financiera: en el plano local, obtenían financiación para los ayuntamientos y la mordida para el partido o el lucro personal; en el plano autonómico, lograban dinero y poder (a través de las cajas); en cuanto a los gobiernos centrales, obtenían buenas cifras macroeconómicas y amables estadísticas del paro, además de, por supuesto, mayores ingresos vía impuestos, ¿por qué habían de hacer ascos a esos pellizcos fruto de la especulación?

Todos ganaban. Todos ellos. Y eso reforzaba su complicidad: los bancos financian también a los partidos políticos y, cuando se tercia, les condonan una deuda que aprieta demasiado; además hacían la vista gorda a las tasaciones infladas (a menudo las tasadoras estaban en manos de los mismos bancos): al parecer, nunca se pararon a pensar si algún día el valor y el precio de los pisos se reconciliarían, con la consiguiente pérdida de dinero para ellos. Los partidos, por su parte, a través de las instituciones que ocupan, tranquilizaban a los que les daban créditos renunciando a poner orden: la dejación en la labor de supervisión del Banco de España y los sucesivos ministros de Economía es clamorosa, pues en todos aquellos años nunca les llegó el olor de la basura oculta en las hipotecas que ahora, con la nacionalización de las cajas, nos tocará pagar a todos. Los constructores, por su parte, contribuían a financiar a los partidos mientras éstos les iban otorgando el terreno y las licencias necesarias para que el mejor de los mundos posibles no se detuviera nunca.

Todos ganaban. Todos ellos. Pero no los ciudadanos: la OCDE demostró, en un informe de 2008 que los sueldos no aumentaron en España cuando el dinero manaba de las grúas: el triángulo de las Bermudas no enriqueció a toda la sociedad. Por tanto, el dinero debió de quedarse dentro de sus tres lados a partes semejantes (era bastante equilátero). Los beneficios meteóricos fueron a parar a manos de los accionistas, en el caso de los constructores y los bancos, o de los políticos, en el caso de las cajas y los partidos.

El funcionamiento del triángulo de las Bermudas pone de manifiesto una enorme telaraña de corrupción en la que está envuelta la elite política, económica, empresarial y financiera de este país. Pero también revela que el cataclismo era inherente al propio sistema. Si para que la economía crezca es necesario que los ciudadanos gastemos –ya que nuestras elites empresariales han desistido de invertir en formación laboral o investigación tecnológica puntera-, pero los sueldos no aumentan, el consumo sólo puede venir por la vía del crédito. Aunque se suele decir que nadie puso al ciudadano una pistola en la sien para que se comprara el piso que ahora no puede pagar, y es verdad, no se puede negar que el endeudamiento privado masivo era imprescindible para que la economía creciera, y el mejor de los mundos especulativos siguiera girando.

Ahora nos lamentamos del enorme endeudamiento privado de España, pero fue la condición sine qua non para que existiera aquella bonanza, que llevaba en su vientre el germen del desastre. La burbuja financiera y la del ladrillo estaban predestinadas a reventar y causarnos exactamente los problemas que tenemos ahora, aunque naturalmente los expertos que auguran con aplomo que en 2040 el sistema de pensiones quebrará, no previeron, por ejemplo en 2002, lo que ocurriría cinco años después.

La conclusión es que el dinero no se ha evaporado: el que nos falta ahora es el mismo que el triángulo de las Bermudas ganó a espuertas durante la bonanza. Sólo resta que nos digan dónde lo tienen, en lugar de hacernos pagar, encima, los agujeros de las cajas. Es una injusticia flagrante que sólo ellos se beneficiaran de las ganancias y ahora den otra vuelta de tuerca más a los ciudadanos para que paguemos las pérdidas.

6 Comments
  1. el andaluz says

    Totalmente de acuerdo, resulta injusto y humillante que los ciudadanos paguen los platos rotos de aquellas juergas financieras.Dinero barato y una red de intereses cuyos actores principales eran políticos, banqueros y grandes empresarios que vieron el filón.El dinero está en forma de bloques de hormigón no se ha evaporado, mas de 3 millones de viviendas sin vender, muchas de ellas en manos de bancos y promotores endeudados.Como en cualquier película hay actores principales y secundarios y todos participan. También hubo mucho consumidor irresponsable que se embarcó en compras imposibles.Ahora viene el final de la película….

  2. Gil Inoach says

    Muy de acuerdo con el autor del articulo, yo tampoco soy experto. El dinero no tiene vida propia como para esperar que ponga sus huevos que de ahi salgan sus polluelos y vivir de ello, como asi lo ven los partidarios del sistema llamado «interes %». El problema esta en quienes piensan que se puede vivir de intereses y eso significa que a alguien se le arrebata el dinero (el dinero circula de mano en mano, es abiotico). El banco es el gran asaltador en esa modalidad porque vive de los intereses. Las quiebras financieras producen cuando el asaltador confiado al sistema de asaltos en complicidad con sus economistas y politicos, un día se da con la sorpresa de que sus cajas estan vacias simplemente porque la fuente asaltada (clientes, intermediarios, negocios, etc) quedo con las manos vacias. Lo que produce economicamente el mundo entero queda por debajo del valor del monto de los intereses establecidos, de tal suerte que a falta de sustento real de la economia o «sinceramiento», lo ficticio cae como el castillo de naipes. El responsable de estas causas y efectos son los grandes bancos. Ahora, ¿Realmente las medidas de salvatajes tienen sentido? Tal vez en terminos dimencionales de la economía NO aunque en terminos politicos SI. Al fin y al cabo, las reservas que inyectan dinero a nombre del Estado para que los bancos refloten, en realidad el que hace eso no es el Estado, lo hacen los dueños de esos grandes bancos, por ejemplo, la Reserva Fedreal de EEUU es administrada por los dueños de grandes capitales privados, siendo uno de los accionistas el Banco de Inglaterra (el estado es decorativo, fachada desde 1913), como tambien la Union Europea, ahora presa del Banco Central Europeo con sede en Alemania. En manos de quienes se acumulan los botines de arrebatos, pues, en los bancos, pero ellos no quieren perder, por eso haran que los estados se endeuden con los salvatajes y el publico comun y corriente acabe pagando.

  3. http://machacandolasalmendra.blogspot.com/ says

    Claro que el dinero no se evapora. El dinero se ha acumulado en muy pocas manos. Y son muchos millones los que ademas deben, están hipotecados en la misma medida que esos pocos se han enriquecido. Si existen 25 millones de euros por poner un ejemplo que han pagado por sus piso EQUIS ciudadanos, producto de los prestamos bancarios, esos 25 millones tenían destinatarios concretos. Por cierto destinatarios que metían en gran parte ese dinero en la habitación del DINERO NEGRO.

    Un saludo y felicidades por el artículo.

  4. Iker says

    Ayer comentaba esto con un amigo, tomando un relajado cafe, éste se dedica a la banca personal en una entidad. Pues me quede patidifuso cuando me comentó que tiene clientes con cuentas de mas de 20 mill de eur, y que obtiene beneficios mensuales de productos financieros. Paquetes que se venden en otros paises. Y me dejo caer, que españa ya no interesa a la banca privada. Que bien! dije yo. Como buen fontanero que soy desaparecerán las macroempresas que cojen todos los trabajos aunque no les dejen beneficio. Señores hacen falta más carpinterias, herreros… mas oficio y menos beding beneficio… consejo para los titulitis que están en el paro.

  5. salust_iano says

    Pues creo que eso esta claro, el dinero se trasforma y cambia de mano a esas que se han creado un estado del bienestar inimaginable siempre aumentando blindado, solo admite algun socio que les ayude en sus ejuagues y planes (Gobierno Casta politica) a cambio no pone en cuestión sus juguetes Autonomias burocracia corrupción y demas y no hay más que ver sindicatos: ni mu asociaciones O.N.Gs que me disculpen aquellas que cumple pero por una hay cien que viven de ello no se dice nada no hay controles para estas fundaciones hay más filantropos que gente de campo que se suele decir… como darle la vuelta a todo esto…? no se me encuentro viejo y gastado, esto da la sesación de haber perdido el tiempo

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