Crece el hambre y España reduce 1.000 millones de euros en ayuda y cooperación

Soraya Rodríguez, secretaria de Estado de Cooperación Internacional. / aecid.es

La crisis económica derivada de las trampas de los banqueros y el saneamiento del sistema financiero ha obligado al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero a renunciar al objetivo de alcanzar el 0,5% del PIB en ayuda a la cooperación con los países empobrecidos. El Plan Anual de Cooperación Internacional (PACI) rebaja este año 1.031 millones de euros respecto a 2010, que ya disminuyó en 500 millones respecto a 2009. No es una tendencia española, pues como reconoce la secretaria de Cooperación Internacional, Soraya Rodríguez, “la ayuda humanitaria mundial contra las hambrunas, las crisis y las emergencias derivadas de las guerras y catástrofes se redujo un 11% en 2009”. Mientras tanto el precio de los alimentos sigue creciendo y el hambre afecta ya a mil millones de personas en el mundo, reconoce Rodríguez.

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El volumen de recursos en apoyo financiero, aportaciones reembolsables y ayuda desinteresada que el Gobierno cataloga como cooperación internacional ha pasado de 5.264 millones de euros el año pasado a 4.233 en este ejercicio, según las cuentas presentadas por Rodríguez en el Congreso. Esto representa un descenso del 18,4%  y supone un porcentaje del 0,36% del PIB, muy alejado del 0,5% previsto para la legislatura, y más distante todavía del objetivo del 0,7%, que ya ha sido pospuesto hasta 2015.

Con independencia de que el PP propusiera en su día un mayor recorte de la ayuda a los países pobres para evitar la congelación de las pensiones de jubilación que superen la media, y de que su portavoz en materia de cooperación, Gonzalo Robles, argumente ahora que “veníamos del 0,24% en 2004 y estamos en el 0,36% en 2011”, lo que no significa precisamente un gran avance, la cooperación multilateral desciende tres puntos (del 44 al 41%) y, según las cuentas de los diputados Carles Campuzano (CiU) y Nuria Buenaventura (IU-IC), casi todas las partidas comprometidas con los Objetivos del milenio se reducen sensiblemente.

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En efecto, los recursos para agua y saneamiento en los países empobrecidos bajan del 12,1 al 8,5; para educación del 13,3 al 10,6; para salud sexual y reproductiva, del 5,6 al 1,6, y para salud del 9 al 6,8. Por el contrario, los servicios bancarios y financieros pasan del 4,2 al 7,5 y la ayuda multisectorial reembolsable pasa del 5,5 al 20,2. Ninguno de estos porcentajes figuró en el discurso plagado de tantos por ciento que pronunció el presidente Zapatero el jueves en el Congreso sobre las políticas sociales. Tampoco la caída de la ayuda a la cooperación fue mencionada por los distintos portavoces. Mariano Rajoy manifestó que unos 800.000 españoles tienen que apelar a Cáritas y a la Cruz Roja para poder comer y Zapatero se limitó a contestar que esas y otras ONG reciben ayuda pública.

La secretaria de cooperación, Rodríguez, reconoce que la falta de alimentos sigue siendo “un reto clave” para las poblaciones de los países empobrecidos. La supervivencia del 75% de la población de los países menos desarrollados depende de la agricultura, y según la FAO, la producción agrícola deberá aumentar un 70% para alimentar a la población mundial que, según las previsiones de la ONU, alcanzará 9.000 millones de personas en 2050.

Pero el hambre crónica no sólo mata sino que también impacta decisivamente en la estabilidad social y política de los países menos desarrollados y contribuye a una dinámica perversa, cual es la adquisición de mayor y mejor armamento por parte de los gobiernos para atemorizar y controlar a las poblaciones. La exportación de armas de los países desarrollados sigue aumentando al mismo ritmo que el hambre crónica, la desnutrición y el precio de los alimentos. ¿Cómo quebrar esta dinámica?

Para la alta responsable de Exteriores, Rodríguez, es más necesario que nunca consolidar el Comité de Seguridad Alimentaria de la ONU. España compreside en el G-20 el grupo temático dedicado a la seguridad alimenticia y a la agricultura, y seguirá apostando en ese foro y en Naciones Unidas por la implantación de “la tasa sobre las transacciones financieras internacionales”, tanto en el ámbito global como en las áreas regionales con monedas homogéneas. Los movimientos especulativos de los capitales no pueden ser ajenos al hambre de mil millones de seres humanos. Ya lo dijo Zapatero en su último discurso en Naciones Unidas. Pero una cosa es predicar y otra dar trigo.

Por otra parte, la oposición conservadora no ha dudado en criticar la pérdida de influencia de España en Naciones Unidas a raíz de la sustitución de Inés Alberdi, esposa del gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordoñez, por la ex presidenta de Chile, Michelle Bachelet, que el viernes tomó posesión como directora de la agencia ONU Mujeres. En los últimos años España ha aportado 225 millones de euros a Unifem, la agencia de ayuda a las mujeres que presidía Alberdi.