Sortu se equivocó de preposición

Los promotores de Sortu, el pasado 9 de febrero, a las puertas del Ministerio del Interior, a donde acudieron para inscribir la nueva formación política de la izquierda 'abertzale'. / Ballesteros (Efe)

El rechazo de la inscripción de Sortu en el registro de partidos políticos resuelve el primer paso jurídico, pero el dilema político persiste. No lo perdamos de vista porque seguirá planteado en los próximos meses, quizá años. ¿Nos creemos el distanciamiento de la izquierda abertzale de ETA o no?

Las alegaciones presentadas por los abogados de Sortu han resultado bastante endebles. Han explicado el proceso asambleario que desembocó en el rechazo a la violencia de los abertzales. Pero siguen sin aclarar por qué ese debate interno no culminó pidiéndole a ETA el abandono definitivo de las armas, tal como figura en los principios Mitchell tan del agrado de los abertzales. Ya sé que esa petición no es un requisito legal. En cambio, sí era el requisito necesario para hacer verosímil su cambio de opinión. Y el dilema político trata de la verosimilitud que tiene la nueva postura de la izquierda abertzale. Si después de tan trascendente debate interno, sólo son capaces de pedir a ETA un alto el fuego, algo sencillo de cumplir, y no el cese definitivo de la violencia, esto sólo puede significar que la banda terrorista aún tiene mucho más poder sobre la izquierda abertzale del que nos quieren hacer creer. Aun cuando su intención fuera sincera, lo menos que se puede decir de Sortu es que equivoca la preposición: rechazar la violencia no es algo que pueda hacer sin ETA, debe hacerlo contra ETA.

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En cuanto a los que creen que legalizando Sortu habríamos reforzado a los “pacíficos” y habríamos acelerado el fin de ETA, la historia de los últimos 30 años demuestra lo contrario: a nuestra condescendencia han respondido con más violencia. Hemos pasado décadas tratando de integrarlos, intentando convencerlos de las bondades de la democracia y las ventajas de discutir con los que no piensan como uno, en vez de matarlos. Nuestra comprensión no resultó tan persuasiva como el acoso policial. Y casualmente, cuando se han visto ilegalizados con las bendiciones de todos los tribunales, incluso el de Estrasburgo, sólo entonces, han sentido unos deseos irreprimibles de ser demócratas. Hay motivos para pensar que el fallo desfavorable del Supremo no los desalentará, sino que fortalecerá su conversión. Los hechos recientes indican que la ilegalización no les hará menos demócratas, sino más. Al tiempo.