A Obama le crecen los piratas del Caribe

El anticastrista Luis Posada Carriles (derecha), acompañado de su abogado Arturo Hernández, durante una rueda de prensa convocada en Miami, Florida (EEUU), ayer. / Gastón de Cárdenas (Efe)
El anticastrista Luis Posada Carriles (derecha), acompañado de su abogado Arturo Hernández, durante una rueda de prensa convocada ayer en Miami, Florida (EEUU). / Gastón de Cárdenas (Efe)

No tenía Barack Obama bastantes problemas y contradicciones a cielo abierto, que se le tiene que abrir una más: un tribunal de El Paso, Texas, acaba de absolver de todos los cargos a Luis Posada Carriles, un exiliado cubano que desembarcó en Cochinos, que fue agente de la CIA, que colaboró con la contra nicaragüense, que intentó matar a Fidel Castro en Panamá y que está reclamado en Venezuela y en Cuba por atentados terroristas que en su conjunto pueden haber costado la vida a más de 70 personas. En su día Posada Carriles llegó a admitir su participación en una entrevista con The New York Times. Ahora lo niega todo pero no le cree nadie.

¿Cómo semejante elemento puede comparecer ante un tribunal y salir absuelto de todos los cargos? Bueno, para empezar no le juzgaban por terrorismo sino por mentir a las autoridades de inmigración de Estados Unidos. Luis Posada Carriles pidió asilo en USA en 2005 cuando La Habana y Caracas le reclamaban. Empezó así una larga y complicada peripecia judicial que ha acabado con un veredicto que muchos juzgan asombroso. El jurado de El Paso “compra” la tesis de la defensa (técnicamente impecable) de que Luis Posada Carriles no puede ser extraditado sin arriesgarse a la tortura. Hasta hay quien se ha atrevido a reivindicar que el hombre se merece un retiro dorado en Miami, una jubilación de héroe, a cuenta de los servicios prestados al Tío Sam.

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Es leer esto y caerme de la silla. Cuando me levanto con el cóccix magullado llamo a Peter Kornbluh, del Cuba Documentation Project del National Security Archive. La última vez que hablamos fue para considerar el caso de Alan Gross, un contratista norteamericano de unos 61 años que lleva meses encarcelado en Cuba y que acaba de ser condenado a quince años bajo graves acusaciones de actividad subversiva y espionaje. Parece ser que Gross suministraba tecnología satélite y vías de acceso a Internet a la comunidad judía en Cuba.

La dura condena a Gross cayó como un martillazo en la cabeza para mucha gente, incluido Peter Kornbluh y todos los que aspiran a ver llegar tiempos de distensión entre Estados Unidos y Cuba. En los últimos meses se había especulado con la liberación del contratista norteamericano por razones humanitarias, y hasta se ha preparado un viaje a la isla del expresidente Jimmy Carter. Pero pasan las semanas y los meses sin resultados y de repente en El Paso dejan suelto a Luis Posada Carriles. ¿Es una señal de que la guerra fría continúa, es una advertencia, es una venganza?

La teoría de la conspiración es chula (cinematográfica al menos) pero Kornbluh nos la desmonta al minuto: “No, los dos casos no tienen nada que ver. No hay manera humana de que el gobierno de Estados Unidos determine el veredicto de un jurado popular”. De hecho, el Departamento de Justicia se ha declarado “decepcionado” por un desenlace que en opinión del director del Cuba Documentation Project “tiene más que ver con la mediocridad de la acusación, con las habilidades de la defensa y con la complejidad de todo el caso contra Posada Carriles”.

Cuesta tener presente todo el rato que al angelito no se le estaba juzgando por terrorismo. Que lo suyo era algo así como lo de procesar a a Al Capone por no pagar los impuestos. Es ese tipo de justicia –o de injusticia- indirecta que siempre deja mal sabor de boca: “Esto es travestismo judicial, es un insulto a muchas víctimas de Posada que esperaban un mínimo de responsabilidades, es un desastre para el sistema judicial de Estados Unidos y es un duro golpe a la credibilidad de la campaña norteamericana contra el terrorismo internacional”, clama Peter Kornbluh. Y añade: “Supone también un duro golpe a la relación con Cuba, que a pesar de su desconfianza hasta este proceso se había implicado, aportando evidencias y testimonios”. Y el resultado es esta bofetada. Por hacer mucho menos que Luis Posada Carriles cumplen largas condenas de prisión en Estados Unidos los llamados Cinco de Cuba, espías al servicio de La Habana.

Da la impresión de que Washington no sabe cómo cerrar una de las páginas más embarazosas de su historia: y es que su guerra sucia contra la dictadura cubana, aparte de inmoral, no ha podido ser más inepta y más estúpida. De todos los fracasos de la CIA a lo largo de su historia, ninguno tan clamoroso como el de su incapacidad de descabalgar la revolución castrista. Y mira que no han escatimado en medios para tratar de apear a Fidel Castro del poder o por lo menos matarlo.

En parte las cosas salieron tan mal porque nunca se hicieron bien, entendiendo por bien algo que en este contexto produce escalofríos. Luis Posada Carriles no ha sido nunca el peón de una conspiración perfecta. Era y es un puro pirata del Caribe. Probablemente por cada vez que recibió órdenes directas de Washington había cinco en que iba por libre. Pero desde el momento en que un tribunal estadounidense le absuelve de lo que sea, la impresión que queda es la de la perfecta impunidad de un asesino.

¿Hará Obama algo para arreglarlo? Opciones hay: se le puede aplicar la Patriot Act, se le puede deportar por inmigración ilegal, se le puede extraditar a Venezuela…Pero, como nos recuerda Peter Kornbluh, “si le dejan quedarse a vivir tan ricamente en Miami, los Estados Unidos estarán amparando en la práctica a un conocido terrorista internacional”.

Ojo que no es (sólo) un argumento ético, sino que es sobre todo una consideración de orden práctico. Es que luego de esos polvos vienen unos lodos…