El mayo del siglo XXI

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El oso y el madroño de la madrileña Puerta del Sol, forrado con carteles con diversos lemas. / J. C. Hidalgo (Efe)

El Mayo del 68 del siglo pasado, el de “la imaginación al poder”, fue la respuesta al anquilosamiento de la democracia francesa que nació del desencanto de la crisis de postguerra. Una desilusión que uno de sus filósofos más ilustres dejó reflejada de manera magistral cuando recibió el premio Nobel de Literatura: Albert Camus. Entonces, el gran escritor pronunció estas palabras:

Indudablemente, cada generación se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no podrá lograrlo. Pero su tarea es quizá mayor: evitar que el mundo se deshaga. Heredera de una historia corrompida en la que se mezclan las revoluciones fracasadas, los dioses muertos y las ideologías extenuadas; en la que poderes mediocres que pueden hoy destruirlo todo no saben convencer; en que la inteligencia se humilla hasta ponerse al servicio del odio y de la opresión; esa generación ha debido restaurar, partiendo de sus amargas inquietudes, un poco de lo que constituye la dignidad de vivir y de morir”.

A diferencia de los jóvenes parisinos, las mujeres, los hombres y los niños de este nuevo mayo alternativo no han sacado los adoquines para arrojárselos a la policía. Desde la más pacífica y ejemplar de las movilizaciones, los subscriptores del manifiesto “Democracia real, ya”, el de “los indignados”, subido a los lomos de Internet y las redes sociales, ha recuperado el espíritu de denuncia del deterioro de una democracia que ha dejado de ser participativa y ha dado un aldabonazo que amenaza con extenderse por toda España e incluso toda la Europa comunitaria más allá del 22-M.

Del propio manifiesto se infiere por dónde sopla el viento. Dicen: “Somos personas normales y corrientes. Somos como tú: gente que se levanta por las mañanas para estudiar, para trabajar o para buscar trabajo, gente que tiene familia y amigos, gente que trabaja duro todos los días para vivir y dar un futuro mejor a los que nos rodean”. Y añaden: “Unos nos consideramos más progresistas, otros más conservadores. Unos creyentes, otro no. Unos tenemos ideologías bien definidas, otros nos consideramos apolíticos… Pero todos estamos preocupados e indignados por el panorama político, económico y social que vemos a nuestro alrededor. Por la corrupción de los políticos, empresarios, banqueros… Por la indefensión del ciudadano de a pie”.

Y hay que poner de relieve que, de los 9 puntos que reivindican, hay uno totalmente clarificador. Es el que habla de “dictadura partitocrática encabezada por las inamovibles siglas PPSOE”. Porque acusan a los dos grandes partidos de no escuchar al pueblo y de enriquecerse y medrar a su costa atendiendo tan solo a los dictados de los grandes poderes económicos y aferrándose al poder a toda costa.

La última reclamación también es significativa: “Es necesaria una Revolución Ética. Hemos puesto el dinero por encima del Ser Humano y tenemos que ponerlo a nuestro servicio. Somos personas, no productos del mercado”. Hace unas semanas, un amigo del PSOE, Martín García Vega, me regaló el libro de Stéphane Hessel Indignaos y el prólogo de José Luís Sanpedro me estremeció. Desde sus noventa y cuatro años, el escritor escribe a los jóvenes: “Chicos, cuidado, hemos luchado por conseguir lo que tenéis, ahora os toca a vosotros defenderlo, mantenerlo y mejorarlo; no permitáis que os lo arrebaten”.

Y ese es el germen del Movimiento del 15 de mayo, del manifiesto “Democracia real, ya”, que ocupa la Puerta del Sol y que habita las plazas de todas las ciudades españoles. Tal vez ese amigo mío debería habérselo regalado también a José Luís Rodríguez Zapatero para que ahora no le digan desde la madrileña Puerta del Sol las reivindicaciones de las que tiene que tomar nota. Pero, en cualquier caso, tanto el presidente como su segundo, Alfredo Pérez Rubalcaba, han demostrado haberse dado cuenta de la dimensión y la profundidad del 15-M tolerando las concentraciones frente a una derecha que sólo esperaba que la aplicación de la ley conllevase enfrentamientos violentos entre policías y concentrados que desgastasen más todavía al Gobierno antes de los comicios autonómicos y municipales.

Una derecha que ha reclamado la aplicación a rajatabla de la ley, olvidando una vez más lo que es recomendable hacer, ésa máxima de que la policía no debe provocar con sus intervenciones la alteración de un orden público que no está en peligro. Es decir, lo que su ministro de Interior, Ángel Acebes, hizo con las manifestaciones espontáneas de la jornada de reflexión electoral del 14-M de 2004 cuando los ciudadanos reclamaban conocer la verdad del atentado islamista del 11-M.

Zapatero no le ha seguido el juego a la derecha política y judicial y ha hecho lo que debía hacer. Es más, incluso debería aprovechar el año que le queda como presidente para atender algunas de las reivindicaciones del 15-M e invitar al PSOE a abrirse al futuro en la defensa de la democracia participativa, real, que defienden los ciudadanos indignados de todas las Puertas del Sol de España.


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2 Comments
  1. Javier says

    Vamos a ver , Raimundo, que ha sido precisamente ZP el que, en parte, ha llevado a esta pobre gente a la situación en la que se encuentran.

  2. Pallarés says

    Tenemos que escucharles, el gobierno debe hablar con ellos, será bueno para todos, será bueno para la democracia. Son el relevo generacional, el mundo se lo vamos a dejar a ellos, por ley de vida será suyo, son los que vienen detrás de nosotros y tienen derecho a hablar, a imaginar y construir un mundo a su manera; nosotros ya tuvimos ocasión de hacer el nuestro, esa es la herencia que les dejamos y la que ellos toman para rehacerla en función de las circunstancias que les ha tocado vivir.
    Escuchar sus propuestas y negociarlas es la salida a esta legítima protesta.

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