La cara positiva de la derrota

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Los sofistas, que eran unos tipos que enseñaban por dinero la areté (excelencia) política en el siglo V antes de Cristo, consideraban la oratoria una habilidad esencial y animaban a los alumnos a examinar las dos caras de cada asunto y a argumentar sobre cualquiera de ellas. Si hoy, por ejemplo, preguntásemos a Protágoras qué podemos encontrar de positivo –si es que hay algo-- en la derrota del PSOE del 22M, torcería el mostacho, abriría su cuaderno de apuntes Sobre la verdad y soltaría su primera sentencia: “El hombre es la medida de todas las cosas”.

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Fijémonos en el hombre: los ciudadanos han expresado su malestar contra el presidente Rodríguez Zapatero. Él mismo lo reconoció. “Asumimos y entendemos el castigo en las urnas”, dijo cuando no había terminado el recuento de los votos. La crisis económica y la destrucción de dos millones de empleos en los tres últimos años de su mandato han tenido su reflejo electoral. Ningún parado, salvo que sea “tonto de los cojones”, que diría el alcalde de Getafe, Pedro Castro, votaría a los gobernantes que le han perjudicado y encima le imputan la presunción delictiva de trabajar sumergido.

El Gobierno ha sido castigado, el PSOE se ha hundido. Los sofistas, a los que Platón odiaba, podrían argumentar que la ira popular se ha expresado con tal contundencia que perderá fuerza en las próximas elecciones generales. ¿No es esto una consecuencia positiva de la derrota del domingo?

Sin desviar la atención del protagonista de Protágoras, otra consecuencia positiva es que Zapatero ha logrado exterminar políticamente a los barones. ¿No es esto bueno para desmontar las oligarquías vitalicias que controlan el PSOE y abrir las puertas del partido a las ideas nuevas y a las fuerzas de la indignación contra el sistema de abusos y privilegios? Por cierto, que en la reunión de los parlamentarios socialistas se oyó el lamento de Clementina Díez de Valdeón, diputada por Ciudad Real, por el grave daño que Zapatero ha infligido a su marido, José María Barreda, presidente destronado de Castilla-La Mancha. No fue la única en lamentarse.

Hay en la derrota otros elementos que el sofista anotaría: es positivo que la política de derechas la haga la derecha; en cien días, comenzará a aplicar el ajuste duro y pondrá en marcha el “copago” de algunos servicios públicos, lo que libra al PSOE de aplicarlo y facilita el rearme crítico. ¿No es esto positivo? Dicho sea de paso, algunos gobernantes socialistas ya estaban dispuestos a demostrar que el “copago” es de izquierdas si se aplica a “las rentas altas”.

En último término el “humán protagonista”, que diría el filósofo Jesús Mosterín, “la medida de todas las cosas”, o sea, Zapatero, dejará de ser un problema, pues ya no se presenta a la reelección. ¿No es eso positivo? Gorgias exculparía a Zapatero como exculpó a Helena de huir con Paris, siempre y cuando no deje al PSOE metido en la guerra de Troya a la que parece abocado.

Para evitar banderías, muchos desean un acuerdo entre los candidatos a la sucesión, Alfredo Pérez Rubalcaba y Carme Chacón, de modo que el relevo sea cosmético e indoloro, incluso para José Blanco, y facilite el rearme, la recuperación, el diálogo y la apertura del partido a las fuerzas emergentes. El Comité Federal decidirá el sábado. Y sería deseable que apueste por Rubalcaba, muñidor y conocedor de un proceso de paz que, con Bildu en las instituciones, ETA debería aprovechar para disolverse.

Si así fuere, el protagonista derrotado podría convocar elecciones en octubre, pues como expusieron Manuel de la Rocha y otros diputados en la referida reunión del grupo, “hemos perdido legitimidad y ahora toca recuperarla”.  Todo lo cual no quiere decir que el partido histórico de la izquierda no deba convocar un Congreso extraordinario para regenerar el liderazgo, la organización y el programa.

2 Comments
  1. Ramon says

    Me creo que seguirán aferrados al poder que les queda sin entender nada.

  2. Lucas says

    Zapatero y Blanco quieren hacer las listas con sus fieles en primera línea, por tanto no van a convocar un congreso extraordinario ni en broma. Que se olviden los barones derrotados. El congreso, cuando toca.

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