Va de comedia y va de ETA, con perdón

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Cartel de 'Burundanga', la obra de teatro de Jordi Galceran que se estrena en Los Veranos de la Villa.

Ojo a los Veranos de la Villa, que este año los carga un diablo muy ingenioso y a lo mejor Gallardón ni se ha enterado. El 29 de junio se estrena en el Teatro Maravillas Burundanga, una comedia “desternillante” –yo me la he leído y doy fe- de Jordi Galceran, el narrador dramático catalán vivo más consistente que existe, y uno de los más interesantes de España. No en vano es el autor del aclamado internacionalmente “El método Gronhölm”, una obra que triunfa allá donde va por su cómica manera de poner el dedo en la llaga. Que entre otras cosas es la espantosa y creciente deshumanización del acceso al empleo.

Burundanga es otra cosa. Atención a cómo venden el artículo los del Maravillas: “…comedia desternillante que nos habla sobre una joven pareja de enamorados. Ella quiere saber TODO sobre su amado pero no se atreve a preguntar. Su mejor amiga le ofrece una dosis del suero de la verdad: BURUNDANGA. ¿La quiere? ¿Es él quien aparenta ser? ¿Es honrado, fiel y trabajador? ¿Y si oculta los peores secretos? ¿Y si no es lo que parece? ¿Es infiel? ¿Es un delincuente? ¿Y si fuera un terrorista?” Atención al cartel promocional, donde se lee: Burundanga, el final de una banda. ¿Adivinan de cuál?"

¡Pues sí, querido y superdotadísimo lector de cuartopoder.es! Por supuesto el novio de la protagonista metida a interrogadora vía suero de la verdad es un etarra, y por supuesto la banda terrorista que se enfrenta a su final, en el escenario por lo menos, es ETA. Y todo ello en clave de comedia, encima.

¿Comedia romántica, comedia negra o de todo un poco? Galceran puede ser bastante inescrutable cuando se lo propone, y a la vez mostrar sus cartas bien abiertas encima de la mesa: “yo al principio no me planteaba escribir una comedia de ETA, estaba dándole vueltas a la historia de una chica que quiere conocer los secretos más escondidos de su chico, entonces se me ocurrió que sería increíble que él fuera terrorista, y todo fue siguiendo su curso”. ¿Cómo en The crying game, la tremenda película de Neil Jordan sobre un terrorista del IRA que se enamora de la novia transexual de su víctima? “Sí, pero aquello no dejaba de ser un drama, lo mío es que es una comedia”, subraya Galceran, como asombrado de sí mismo.

Y sin embargo las dos historias se asemejan en la audacia de tomar terroristas como personajes y “moverlos” en una situación y un entorno donde el terror no es lo esencial. ¿Les humaniza eso certeramente? ¿Les humaniza peligrosamente? ¿Les humaniza demasiado para algunos? The crying game tuvo una fría acogida inicial en el Reino Unido y en Irlanda, y fue en otros países donde explotó su éxito. Burundanga se estrena a lo grande este verano a Madrid y en otoño en un teatro minimalista, por no decir ínfimo, de Barcelona. ¿Qué ocurrirá?

Por supuesto el autor dice la verdad pero no toda. Aunque el personaje del etarra enamorado se le apareciera sobre la marcha, como Dios a Santa Teresa en los pucheros, siempre pudo haber recurrido a metáforas de seguridad. Siempre pudo haber ubicado la acción en un campamento palestino, a las afueras de Guantánamo o en el planeta Saturno. En la voluntad de seguir adelante con que el etarra sea de ETA hay, ¿un desafío? Y si no es un desafío, ¿qué es? ¿Y si fuera un toque de atención, un recordatorio de que a veces la normalidad se alcanza por las vías más paranormales?

No vamos a dar detalles de la trama por respeto al público que paga su entrada. Baste decir que es tan divertida como a veces dura y entrañable, y que, a pesar de que el autor la escribió hace tres años –¿tanto le ha costado encontrar un productor que se atreva?-, plantea retos de rabiosa actualidad. Que tienen que ver tanto con el cortar-y-pegar de la memoria histórica, ese traje que aquí cada uno parece hacerse a su medida, como con el debate recién reabierto sobre la doctrina Parot.

¿Con quién se casa el autor, si es que se casa con alguien, y hasta qué punto se moja? Habrá que verlo. Le preguntamos qué opina de la posibilidad de que los etarras con delitos de sangre cumplan sus condenas, pero con posibilidad de salir algún día y de ver la luz del sol al final del túnel. Galceran nos comenta que, a su modo de ver, “para llegar al fin de la banda, en algún momento tendremos que usar la palabra perdón”.

¿Acaba bien la obra? Buena pregunta. Dirige Gabriel Olivares, interpretan Mar Abascal, Marta Poveda, Eloy Arenas, Antonio Hortelano y César Camino, y se estrena el 29 de junio en el Teatro Maravillas, en Malasaña 6. En un país normal todo el mundo iría a verla y luego estaría comentándola hasta el amanecer.

3 Comments
  1. Adriana says

    Señor Galcerán: Me resulta sorprendente que haya tenido tantos miramientos ante la inclusión en la obra de la temática etarra y por el contrario sea capaz de pasarnos por alto a las víctimas de la burundanga, o escopolamina, que veo que algo se ha informado. ¿No quiere ofender a nadie, dice? Pues imagínese la gracia que nos hace a las mujeres a las que nos han violado ver ese cartel ridículo y esa temática distorsionada de una realidad que está a pie de calle. Mi violador está suelto a espera de juicio, y bastante difícil nos resulta explicarle a un juez qué es la burundanga como para que ahora llegue usted haciendo chistes sobre la droga de los violadores, sí, así la conocen en el ámbito policial. Si el día que me tenga que ver la cara con esa bestia en los tribunales alguien esboza una sonrisa sarcástica o suelta una carcajada ahogada ante la palabra burundanga me acordaré de usted. Y si se lo toman a risa y ese violador queda libre podrá celebrarlo viendo su obra y buscando entre el público su próxima víctima, porque como usted bien sabe, basta con muy poco para verse afectado por la escopolamina. Le deseo el peor de los fracasos por el daño que nos hace a las víctimas.

  2. Adriana says

    ¿Y va a llevar la obra a Barcelona? ¡Perfecto! Justo a la boca del lobo, donde mayor es el problema. ¡Qué insensatez! ¿Es que no se documentan un poco antes de tratar un tema tan serio? ¡Esto es de vergüenza! Yo al menos me puedo quejar, pero son muchas las víctimas a las que han matado por una sobredosis de escopolamina o una paliza brutal tras la violación. Piense un poco, señor, piense y haga una obra que nos ayude a todos.

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