El Papa se va sin abordar los problemas reales de los jóvenes ni criticar al capital

 

 

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El ex presidente Aznar y su esposa la concejala madrileña Ana Botella, ayer, durante la misa que clausuró la visista del Papa a Madrid. / Juan Carlos Hidalgo (Efe)

Benedicto XVI regresó ayer a Roma después de cuatro  jornadas en Madrid con la juventud católica de todo el mundo. El Papa se sintió muy bien, recibió cuatro baños de multitudes en el centro de la ciudad y en Cuatro Vientos, donde reunió a dos millones de seguidores –la mayor concentración católica registrada hasta ahora en la capital– y orientó su mensaje a fortalecer la creencia en Jesucristo y a robustecer la organización, una Iglesia Católica que experimenta una fuerte reducción de vocaciones sacerdotales, en contraste con el aumento del voluntariado social, civil y solidario.

Consciente e informado por el propio presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, de que en España estamos en precampaña electoral ante las elecciones generales del 20N, Joseph Aloisius Ratzinger evitó cualquier frase con sesgo político en su principal monólogo ante el millón y medio de jóvenes que llenaban la explanada del aeródromo de Cuatro Vientos. Su homilía durante la misa concelebrada con unos 12.000 cardenales, obispos y sacerdotes, fue estrictamente pastoral.

Ni siquiera la incidencia de la crisis económica capitalista, provocada por los especuladores que condenan al hambre a más de 600 millones de seres humanos, según la FAO, y avanzan apoderándose de las materias primas esenciales y de los bienes públicos incluso en los países desarrollados, al tiempo que retroceden los derechos y la justicia social, animó al Pontífice a modificar su mensaje para referirse a la principal preocupación de la juventud: la falta de empleo y de perspectivas de futuro y realización personal.

En un lugar preferente entre los asistentes a la masiva misa papal, se hallaba Emilio Botín, presidente del Banco de Santander, uno de los mayores de Europa, con fuerte presencia en Latinoamérica. Junto a él, tocado con un sombrero idéntico, estaba el presidente de Caja Madrid y Bankia, Rodrigo Rato. El ex secretario general del Fondo Monetario Internacional y ex dirigente del PP ha logrado una propaganda extraordinaria al aportar con cargo al fondo social de la caja los petos con los colores y el anagrama de la entidad a los 22.500 jóvenes voluntarios que han ayudado a los peregrinos por todos los rincones de la ciudad y contribuido al desarrollo de los actos. De estos voluntarios se quiso despedir expresamente el Pontífice para agradecerles su esfuerzo y pedirles más, “que es lo que tiene que hacer el Papa”, les dijo. En cambio, a los capitalistas no les pidió nada.

Tanto Botín como Rato departieron amigablemente antes de la misa con el ministro de Fomento, José Blanco, quien representó al Gobierno en el acto eucarístico. Blanco, sin sombrero, había dicho que él no se avergüenza del Señor. Es un hombre de fe. También lo es, a juzgar por sus acentuadas genuflexiones, el alcalde Alberto Ruiz Gallardón, que asistió a la liturgia en compañía de su teniente de alcalde Ana Botella y del marido de ésta, José María Aznar, ex presidente del Gobierno y consejero del poderoso grupo de comunicación de Rupert Murdoch, entre otras ocupaciones relacionadas con el culto al becerro de oro.

Todos los vips que quisieron pudieron comulgar físicamente. En cambio, los peregrinos hubieron de conformarse con una “comunión espiritual”, pues no había obleas para ellos. Según les dijeron, la tormenta de la noche anterior se llevó por delante los toldos del almacén prefabricado y el aguacero caló las cajas con las 600.000 hostias almacenadas para la ocasión, y se estropearon. La mayoría de los jóvenes, que habían pasado la noche al raso en la explanada, asumió las diferencias de clase, y se resignó.

Benedicto XVI les pidió que vayan a misa los domingos y se confiesen con frecuencia. También les dijo que no busquen a Dios “por su cuenta”. “No se puede seguir a Jesús en solitario; quien cede a esa tentación corre el riesgo de no encontrar nunca a Jesucristo o de acabar siguiendo una imagen falsa”. Y, sobre todo, les rogó que den testimonio público para fortalecer a la Iglesia.

En su homilía, el Papa teólogo no se separó un milímetro de la propaganda   secular del Vaticano. El propio término propaganda, acuñado por Luis Vives a partir del propagare latino (propagar, sembrar, extender), fue empleado por Alejandro Ludovisi, conocido como Gregorio XV para bautizar en 1622 la Congregación de la Propaganda Fide –quizá el mejor sistema de difusión del mundo– e impulsar los deberes más altos del católico: difundir la religión con el apoyo de los Evangelios y catequizar a los paganos, de donde la propaganda adquirió la nueva connotación de trabajar para atraer a los propaganos.

“¿Qué vais a decirles a vuestros amigos cuando volváis a casa?”, les preguntó el Papa tras instarles a no dejarse engañar por las promesas de un estilo de vida sin Dios y pedirles que se impliquen en las parroquias, comunidades y movimientos. “No os guardéis a Cristo para vosotros mismos; comunicad a los demás la alegría de vuestra fe”. En esa necesidad de que hagan propaganda de su fe y de la Iglesia Católica abundó monseñor Rouco Varela, quien consideró “inquietante” el “panorama moral y espiritual” y les dijo: “Es el momento de decir sí a Cristo, sí al matrimonio y a la familia según el plan de Dios”.

Más allá del mensaje pastoral, el Papa, que convocó a los jóvenes en 2013 en Río de Janeiro, manifestó su afecto a las familias de los fallecidos en un avión de Spanair, de cuyo accidente se cumplieron tres años, y, ya en el acto oficial de despedida, con los Reyes y demás autoridades, al que no asistió el presidente Zapatero, dijo en tercera persona: “El Papa se ha sentido muy bien en España”.

En respuesta a las palabras del Rey, el Pontífice agradeció a las autoridades su cooperación y su “fina sensibilidad” con la Jornada Mundial de la Juventud y, sobre todo, no olvidó un elogio hacia nuestro país: “España es una gran nación que, en una convivencia sanamente abierta, plural y respetuosa, sabe y puede progresar sin renunciar a su alma profundamente religiosa y católica”. Tras el gran encuentro, miles de jóvenes empezaron a regresar a la realidad y en Madrid comenzó el desmontaje, que durará varios días.