Rubalcaba habla con Rajoy en el desfile de la Hispanidad y le reclama debates

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Rubalcaba y Rajoy conversan, en presencia de la esposa de éste, Elvira Fernández, durante el desfile militar de la Hispanidad. / Luis Díez

El candidato socialista a la presidencia del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, aprovechó el encuentro con su competidor Mariano Rajoy en la tribuna de autoridades desde la que presenciaron el desfile militar de la Hispanidad para proponerle un debate cara a cara en televisión durante la campaña electoral. Al lado de ambos, con labios apretados y cara de no oír nada, se hallaban el diplomático Luis Yañez, el portavoz del PP en el Senado, Pío García Escudero, y un poco más alejado, el portavoz socialista en el Congreso, José Antonio Alonso. La conversación transcurrió, más o menos, en estos términos:

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-Hola, Alfredo.

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-¿Qué tal Mariano? ¿Cómo llevas la campaña?

-¿Qué quieres que te diga que no sepas? Esto es muy cansado; llega un momento en que no sabes lo que te toca a continuación.

-Sí, es muy duro; creo que tendríamos que hacer más debates y por lo menos un cara a cara en televisión.

En este punto Rajoy cambió de tercio y preguntó a su competidor si había visto el partido de la selección española contra Escocia. La conversación se prolongó diez minutos. Y según la versión recogida de personas físicamente cercanas, el de Pontevedra actuó como el gallego de la escalera: nunca sabes si subes o bajas. El cántabro no logró un sí o un no, sino todo lo contrario. Pero no perdió el tiempo y antes de llegar a la recepción que ofreció el rey Juan Carlos, su jefa de campaña, Elena Valenciano, transmitió que “Rubalcaba quiere debate con Rajoy”.

Por los gestos manuales que observó el cronista desde la tribuna de los plumillas, frente a las autoridades, Rajoy parecía el maestro y Rubalcaba el alumno. ¿De qué estarán hablando?, era la pregunta de los periodistas. Luego, al entrar en la sede palatina para tomar la tradicional copa de vino español, Rubalcaba dijo a los periodistas: “Hemos hablado del tiempo, de deportes, de la dureza de la campaña y de la vida”. Y el presidenciable del PP completó la información: “Rubalcaba hablaría de lo que hablara, pero yo hablaba de fútbol”.

¿Salió a relucir el nombre de la atleta Marta Domínguez, fichada por el PP de Palencia para el Senado? No lo sabemos. ¿Hablaron de los goles de Silva? Casi seguro. ¿Y del Real Madrid? Seguro que también, dijo una fuente cercana. ¿Y de los test de la banca? El cronista se encontró con Cristobal Montoro y su esposa, en un cafetín junto al Ritz, y éste dijo: “Ahí tenemos otro reto apasionante y tendremos que resolver nosotros”. Al profesor Montoro no le desagrada convertirse en la autoridad monetaria nacional en sustitución de Miguel Ángel Fernández Ordóñez, cuyo mandato termina en junio. En el mismo café, un ministro que es candidato y dos que no lo son departían amigablemente tras el desfile. El candidato Francisco Caamaño espera sacar “cuatro escaños” por A Coruña. Los demás –Ángel Gabirondo y Ángeles González Sinde--, le desearon suerte.

Pero a lo que iba: al desfile, que fue el último de la era del presidente José Luis Rodríguez Zapatero, quien se mantuvo impecablemente serio. Para llegar a la caseta del Ministerio de Defensa y recoger la acreditación había que presentarse una hora antes y superar dos barreras de vallas policiales, pese a que ni los indignados ni los profesores con camisetas verdes más IVA ni los desahuciados amenazaban el acto. Los vociferantes contra Zapatero -un grupúsculo de fachas con cuatro banderas franquistas con el águila de San Juan- tuvieron que colocarse a doscientos metros de las plazas de Neptuno y la Lealtad, protegidas con vallas altas. El desfile comenzó en Atocha y terminó en Colón.

La tribuna de autoridades, con el Rey, la Reina, el príncipe Felipe y la infanta Cristina y su marido Urdangarín, estaba cubierta con tela de tenue azul PP. A la derecha de los miembros de la Casa Real se colocaron Zapatero, el presidente del Senado, Javier Rojo y las autoridades judiciales y militares. A la izquierda, José Bono, Pascual Sala y los ministros. Faltaron José Blanco, Ramón Jáuregui, Leire Pajín, Rosa Aguilar y Valeriano Gómez. La tribuna de los políticos y altos cargos estuvo encabezada por Rajoy con su esposa, Elvira Fernández, que le separó de Rubalcaba. Entre los miembros de la Diputación Permanente del Congreso se encontraba el portavoz de IU, Gaspar Llamazares. Los nacionalistas catalanes y vascos no hicieron acto de presencia. En la tribuna autonómica fue visible el asturiano Francisco Álvarez Cascos, que cruzó un frío saludo con María Dolores de Cospedal y algunos gestos con Esperanza Aguirre. Asistieron todos los presidentes y presidentas del PP y la Navarra de UPN Yolanda Barcina. No así el lehendakari Patxi López, el catalán Artur Mas ni el andaluz José Antonio Griñán.

Como el Rey sigue convaleciente del talón de Aquiles y todavía camina con dificultad, pasó revista a la compañía de honores de la Guardia Real subido en un Nissan militar sin capota, y presenció el desfile sentado en una silla, lo que constituyó una ventaja para las autoridades, que permanecieron sentadas también. En ese sentido, fue el desfile más cómodo de la era Zapatero. Y Rajoy no repitió aquello de “menudo coñazo”.

El Rey se mantuvo en pie durante el homenaje a la bandera y a los caídos por España, y se levantó en varias ocasiones para saludar a las unidades. Ante la Legión, que desfiló con su chiva Gero -una cabra blanca con la cabeza negra, cubierta con una guadrapa roja y gualda-, el monarca se puso en pie y saludó en dos ocasiones. Pero en contra de lo habitual, las autoridades no aplaudieron. Sólo recibieron con aplausos al teniente de la Patrulla Acrobática Paracaidista que saltó desde un avión a mil metros y, precedido de un guía, cayó con precisión milimétrica ante el Rey.

Un desfile es un acto colorista y entretenido que gusta mucho a los niños. Pasan los guardias reales con sus enormes motos brillantes, los carros Leopard, los blindados medios, los aviones de caza F-18, los modernos Eurofighter, un Boeing-707 suministrando combustible a dos cazas, los helicópteros Superpuma, un Chinook de dos hélices, los misiles Patriot... Una vez que llovía a mares, me encontré con el rojo pacifista anti OTAN Pablo Castellano en el desfile de la Hispanidad y él se justificó: “Es que mi niño quiere ver los tanques”.

La titular de Defensa, Carme Chacón, anunció que los cuatro F-18 que han patrullado en Libia durante la guerra, volverán esta semana. Y Zapatero pudo ver en su último desfile como presidente una muestra de su obra: un batallón de la Unidad de Emergencias, con sus oscuros uniformes de faena y tres perros rastreadores. Cuentan que una noche que nevó mucho y las carreteras de media España registraban un colapso formidable, Zapatero llamó al general Fulgencio Coll, que había retirado las tropas de Irak, y le pidió que creara la Unidad Militar de Emergencias (UME). Ahí queda parte de su obra.

El presidente salió de la plaza de Neptuno por la calle trasera de Felipe IV para que los fachas no le insultaran, como han hecho en los últimos años. La temperatura (30 grados) era tan sorprendente que en los jardines de Neptuno revoloteaban algunas mariposas y en los claveles chinos amarillos, plantados cuando vino el Papa, todavía libaban los abejarucos.

5 Comments
  1. jose says

    ¿De qué puede debatir un marrullero, si su objetivo es engañar a los demás en beneficio propio. Como el gato del agua fría, así huye el Marrullero Rajoy de cualquier debate.

  2. Eulalio says

    Estupenda crónica, con su necesaria dosis de cinismo ibérico pata negra.
    Saludos

  3. Jna says

    No creo que Rajoy sea tan tonto que acepte un solo debate. Como mucho podría empatar.

  4. Manuel says

    Título confuso y subtítulo lamentable en la primera página, con una errata que no se entiende. Mirenló. La crónica, cojonuda e informativa donde las haya

  5. Skeper says

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