Indignados es poco

Imagen de la manifestación de los 'indignados' que recorrió ayer las calles de Nueva York. / Efe

15-O era la fecha, pero se convirtió en el resultado: quince-cero. Goleada sin paliativos. ¿Quiénes disputaban? Si se quiere interpretar de forma cuantitativa, la respuesta colgaba a primera hora de la noche del andamio de Sol: “Somos el 99%”, we are the 99%. Desde el punto de vista de la ubicación, el cartel de una manifestante aclaraba las dudas: “Somos los de abajo y vamos a por los de arriba”.

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Lo irrelevante resultó ser la geografía: las manifestaciones comenzaron en Australia y fueron siguiendo el camino del Sol –figurada y literalmente- para acabar en América: Chile, Argentina, México. No faltaron protestas en Bruselas, símbolo del poder político que asfixia a los europeos; ni en Francfort, ante la sede del Banco Central Europeo; ni en Nueva York, capital del mundo. A las nueve una proyección en la Puerta del Sol anunciaba que mil ciudades de todo el mundo se habían sumado a la protesta “for a global change”. Por megafonía se advertía también a quienes aún estaban en la calle de Alcalá intentando acceder a la plaza que el aforo estaba completo. La plaza estaba tan abarrotada que sólo era posible moverse cogiendo una corriente humana favorable, subiéndose a una ola como hacen los surfistas. Por momentos pareció que iba a aparecer Lolita: “Si me queréis, irse”. Pero hubiera resultado demasiado cañí y lo de ayer ocurrió en modo universal.

Daba igual ser de aquí o de allá, resultaba indiferente el alfabeto en que estuviera escrita la pancarta, la lengua en que se expresara el hartazgo. La indignación recorrió el mundo entero. Y los manifestantes mostraron tener conciencia de que la globalización de las luchas y los derechos no es un capricho cosmopolita sino una necesidad acuciante. Nadie podrá tildar estas protestas de antiglobalización, como ocurría en los años 90. Las nuevas generaciones encuentran en las redes sociales la forma de conectar con los iguales, sin importar donde estén, y se sienten a gusto. La protesta es contra el globalismo como lo definió Ulrich Beck: la ideología según la cual el mercado sustituye a la política, es decir, al poder de los ciudadanos para decidir su destino. En todo el mundo han dicho ayer que no se resignan a permanecer expulsados de esas decisiones ni aceptan el chantaje de los poderes financieros ni la sumisión de los representantes políticos.

Olvidémonos de las tertulias del lunes –ya estoy viendo los espumarajos que algunos van a echar por la boca-, y pensemos en los libros de Historia. Se referirán a 2011 como el principio de un ciclo insurreccional nuevo, de carácter mundial, y mencionarán el 15 de octubre como el día en que los ciudadanos exigieron recuperar su poder, con carácter democrático y global. Una de las pancartas de ayer definía a la perfección el estado de ánimo mundial: “Indignados es poco”. No resulta razonable esperar resultados inmediatos. Esto está sólo comenzando y eso es lo malo. La indignación actúa, la frustración crispa. La desesperación no sabe esperar.