Tiro al negro en la Libia post-Gadafi

Imagen de archivo de un francotirador rebelde libio disparando su fusil Dragunov durante los combates en la ciudad de Sirte. / Mohamed Messara (Efe)

Pasa casualmente por mis manos un informe de los que, casi rutinariamente, la fiscalía de la Corte Penal Internacional envía al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para informar de cómo va lo de Libia. La Corte ha dictado órdenes de detención contra Gadafi, un hijo suyo y su cuñado, pero como nadie sabe dónde están (el último golpe de efecto situaba al tirano en Chile), en la práctica estas órdenes siguen estando muy lejos de poder cumplirse.

La lectura del informe es demoledora, y eso que da muy pocas sorpresas. En esencia confirma lo que ya se sabía: que el régimen era una pura salvajada, y que en cuanto Gadafi sintió el poder crujir bajo sus pies como madera podrida pisó todavía más fuerte y con mayor crueldad. Que organizó masacres políticas perfectamente calculadas, sobre todo en Bengasi, y que trató de sembrar el terror entre los disidentes mediante el asesinato, la violación en grupo de personas de ambos sexos (penetradas en ocasiones con armas de fuego, o con palos de escoba) y por supuesto la desbandada de sus familias y la destrucción de sus bienes. Por todo ello la Corte exige que Gadafi responda (si le pillan), por delitos de lesa humanidad.

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Pero el informe contiene detalles más sorprendentes e inquietantes. Por ejemplo siembra dudas sobre el grado de fiabilidad jurídica y democrática de los rebeldes que han venido detrás de Gadafi. La fiscalía ha detectado violencia indiscriminada contra cualquier ciudadano negro o de piel oscura que en estos momentos tenga la desdicha de hallarse en Libia. ¿Por qué? Pues por el elevado grado de pigmentación de muchos mercenarios que combatieron con Gadafi. Parece ser que en el bando rebelde hay quien no distingue entre mercenarios enemigos o meros trabajadores inmigrantes inocentes, eso sí, de la raza equivocada.

Definitivamente es un mal momento para ser negro en Libia. Hace muy pocos días Amnistía Internacional ha presentado un alarmante informe denunciando arrestos arbitrarios y torturas cometidos por integrantes del Consejo Nacional de Transición libio. Las víctimas de los malos tratos serían sobre todo subsaharianos y libios negros procedentes de la región de Tawarga, donde efectivamente Gadafi solía reclutar a sus mercenarios. AI habla de hasta 2.500 detenciones ilegales, sin orden judicial, en Trípoli y Zawiya desde finales de agosto. Las evidencias de torturas que han aparecido en algunos centros de detención son lo bastante contundentes como para que Amnistía ponga el grito en el cielo y pida que la nueva Libia no sea igual o peor que la vieja.

¿Será verdad, como sostienen algunos, que la Primavera Árabe en realidad no existe, que son los mismos perros con distintos collares?