El final controlado de ETA

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Zapatero abandona sonriente la sala de prensa de La Moncloa, el pasado jueves, día 20, tras la rueda de prensa en la que valoró el comunicado en el que ETA

La Conferencia de Paz de San Sebastián y el comunicado del cede de la violencia de ETA son el final de un largo proceso de debate interno en la izquierda abertzale, el resultado de un compromiso entre los duros, los pistoleros que seguían controlando el aparato, y quienes, desde la vieja Batasuna y la actual coalición Bildu, han apostado por el fin de la lucha armada y la acción exclusivamente política de ahora en adelante. Los Gobiernos socialistas estatal y autonómico lo sabían desde el principio. Incluso lo habían hablado discretamente con Mariano Rajoy, a quien José Luís Rodríguez ZapateroAlfredo Pérez Rubalcaba informaban de los detalles a través de Federico Trillo.

Rajoy ha estado perfectamente informado y es conocedor al dedillo del proceso. Por lo que le conviene. A la postre, será quien tendrá que rematarlo firmando indultos personales como presidente del Gobierno español. Y lo ha tenido tan claro que en los últimos tiempos, hasta el comunicado de ayer, ordenó a los dirigentes de su partido que sólo Federico Trillo o él hablarían del asunto cuando se tratase de aspectos transcendentes, dejando en exclusiva a Esteban González Pons en el frente propagandista y electoral, de cara a contentar a los suyos con declaraciones de colmillo suelto. Nadie más.

El largo proceso de esta fase terminal empezó el 5 de septiembre del año pasado, cuando ETA anunció un alto el fuego con la emisión de un vídeo en la radiotelevisión pública británica. La banda aclaró que había tomado la decisión “de no llevar a cabo acciones armadas ofensivas" desde hacía algunos meses. Entonces, los Gobiernos español y vasco y todos los partidos lo vieron insuficiente, al tiempo que la izquierda radical reclamó dos días después que se le dejara concurrir a las elecciones municipales.

Pocas semanas después, el 25 de ese mes, la izquierda abertzale firmó el Pacto de Gernika. Batasuna, EA y Aralar pidieron formalmente a ETA en Gernika (Guipúzcoa) una declaración que fuese "expresión de su voluntad de un abandono definitivo de las armas". Dos etarras respondieron en “Gara” que ETA tenía la disposición para dar ese paso e incluso ir más lejos si se activase y articula el diálogo con el Gobierno. El 8 de octubre, ellehendakari Patxi López hizo una declaración institucional con la que abría la puerta para iniciar en el Parlamento de Vitoria un diálogo entre los partidos democráticos sobre el fin de ETA. Y, de remate, el 17 de octubre Arnaldo Otegui, entrevistado en El País manifestó que rechazaba la violencia armada, la kale borroka y la extorsión, al tiempo que pedía a la banda que declarase sin marcar condiciones una tregua permanente y verificable.

Con a aquellos mimbres se construyó Bildu y con esas rentas se lleva a cabo una Conferencia de Paz de la que también se habló en aquel momento y sobre la que el Gobierno central dejó bien sentado, desde el principio, que se quedaría al margen. Sobre todo, por una razón de peso: su tarea tenía que ser, como fue, la de ayudar a los partidarios de la paz dentro del seno de la izquierda abertzale, con una política penitenciaria que dejaba con el culo al aire a los pistoleros y con una actuación policial que les desmochaba la cabeza cada vez que la reconstruían.

Los que saben de esto, me dicen que de lo que se trata es de el compromiso de ETA con la Conferencia internacional, hecho unilateralmente, sea el punto final aunque no se exprese en ningún momento la disolución ni se entreguen las armas. Porque las bandas terroristas nunca se disuelven oficialmente. Ni siquiera lo hicieron los etarras poli-milis que pactaron la paz con Juan José RosónJosé Barrionuevo años atrás. Simplemente construyeron un partido político (EIA –Partido para la Revolución Vasca- se llamaba) y crearon una coalición, Euskadiko Eskerra, que finalmente se fundió con el PSE-PSOE. Luego, ETA p-m se extinguió naturalmente porque sus cuadros se fueron a hacer política en su nuevo partido. Nunca se celebró ningún Congreso de disolución.

El modelo está claro y puede gustar más o menos, pero el final será el mismo. Los políticos de la izquierda abertzale que consideran que la lucha terrorista ya no tiene sentido podrán esgrimir a los pistoleros que queden el compromiso internacional con los representantes de la Conferencia de no volver a pegar un tiro. Y el proceso ya no tendrá marcha atrás.

La declaración de la Conferencia se olvidará, menos en el aspecto que provocó el último comunicado de ETA, el definitivo, y en el llamamiento a que se den pasos profundos para avanzar en la reconciliación, compensar y asistir a todas las víctimas y reconocer el dolor causado. La convocatoria a que los gobiernos español y francés dialoguen con la banda sobre las consecuencias del conflicto, no sobre política, e incluso la creación de un comité de seguimiento serán lágrimas que borrará la lluvia del rostro del replicante. Porque, salvo en lo referido a la generosidad penitenciaria que conlleve el abandono de la violencia, todos saben que se trata de un brindis al sol. Como todos los implicados son conscientes, también, de que ETA ha hecho lo que no tenía más remedio que hacer aprovechando que no volverá a tener otra excusa mejor para desaparecer si no con dignidad, que es imposible, sí al menos con la necesaria discreción de quienes quieren seguir en la política por la vía pacífica.

 

1 Comment
  1. FRANCISCO PLAZA PIERI says

    …Y ese era -es- el gran miedo de la derecha…
    La derecha nos ha venido mintiendo desde la noche de los tiempos.
    Bien saben porque desde ha tiempo conocian el dato, que ese ‘innombrable ente’ estaba llamado a desaparecer, y lo temian.
    Lúgubre mundo el suyo, el de esos que digo innombrables, y no menos tenebroso el ambiente de los otros, de los que temen perder el filon en que basan sus mentiras.
    ¿De qué submundo van a nutrirse ahora quienes, más allá de los estercoleros, carecen de éticos manjares?

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