ETA, el farol y las piedras

Una pintada con el anagrama de ETA aparece tachada en una calle de Usurbil (Guipúzcoa), un día después de que la banda hiciera público el comunicado en el que anuncia el "cese definitivo de la actividad armada". / Javier Etxezarreta (Efe)

Hay una frase importante en el comunicado de ETA: “Cese definitivo de la violencia”. Pero me resulta difícil no ver en su interpretación la burbuja que describe Anna Grau. Lo demás es un mal chiste, que me trajo a la memoria una vieja viñeta. En ella se ve un largo atasco provocado por un obstáculo en la calzada: un farol colgado de un palo que se sujeta con unas piedras. Un conductor, impaciente, pregunta al policía que intenta ordenar el tráfico: “Oiga ¿y esto qué hace aquí en medio?”. A lo que el agente contesta: “El farol está para alumbrar las piedras y las piedras para sujetar el farol”.

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Cuarenta y tres años después, ETA emite un comunicado en el que viene a decir: nuestros asesinatos han servido para generar 700 presos y ahora dejamos de cometerlos para dialogar sobre los encarcelados. ETA no ha anunciado su fin, sino el de los atentados. Y de sus palabras se desprende la pregunta que muchos han preferido eludir y que ha planteado Fernando Savater: “Cuando ETA compruebe que las cárceles no se abren por mágico conjuro… ¿seguirá resignándose a perdonarnos la vida o volverá a las criminales andadas?”

Sin duda, una derrota que se escribe con palabras victoriosas debe de tener algún significado. Y éste reside en escamotear esa inutilidad, ese círculo que, para nosotros resulta insoportable porque dentro de él se inscriben los nombres de las víctimas, pero para ellos es inaceptable sólo por lo absurdo. Resulta que, después de tanto dolor, ETA se enfrenta a la cruda realidad de que se ha convertido en una organización de presidiarios: más de 700 etarras en las cárceles vs 50 miembros activos. Y resulta que si no hubiera existido no tendría que ocuparse de ellos. Esa es la circularidad que trata de ocultar la semántica del comunicado, con toda su metralla retórica. Eché de menos al pie, junto a la fecha, la frase “Año de la Victoria”.

ticketea

Al llegar a la tierra prometida no han encontrado la autodeterminación ni la independencia, ni Navarra, ni las siete provincias. Entraron en esa Euskal Herria mítica en cuyo nombre decían hacer la “lucha armada” todos estos años y era una prisión. Eso es todo. Esa es la derrota que admite el comunicado, como lo hace la proclama abertzale de que “todos seamos ganadores”. Resulta repugnante, sí, pero sólo los perdedores piden que en el marcador figure un empate. No lo harían si tuvieran una sola victoria que magnificar.

Lo próximo es lograr la disolución de la banda y la destrucción de sus arsenales. Más adelante, cuando echemos la vista atrás para construir ese relato del que tanto se habla, conviene no caer en la tentación del determinismo histórico. Las cosas han ocurrido así, pero hubieran sucedido de otra forma si hubiéramos hecho caso a quienes aseguraban que debían hacerse concesiones políticas para que dejaran de matar. Hubo hombres y mujeres que contribuyeron a la asfixia de ETA con sus decisiones, con su análisis correcto de la realidad, con su firmeza política. Y con su vida. No hay otro relato. No sólo porque el nuestro sea el moral, sino porque la narrativa etarra no dispone siquiera de una explicación plausible para los suyos. Recogen el farol y las piedras, pero se quedan sin saber para qué se convirtieron en asesinos.

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