Debate de guante blanco

Campo Vidal, moderador del debate electoral entre Rubalcaba y Rajoy, en el escenerario del 'cara a cara'. / A. Martín (Efe)

El debate que enfrentará a Alfredo Pérez Rubalcaba y Mariano Rajoy el lunes, en televisión, amenaza con ser de guante blanco por más de una razón. Es casi seguro que entre lo pactado por los organizadores del cara a cara de ambos partidos se encuentre el no entrar a fondo en el caso Gürtel para que no salgan a relucir, por el otro lado, la Operación Campeón y los eres andaluces, entre otros muchos casos de corrupción generada por la ocupación del poder que han ejercido los dos grandes partidos.

El debate sobre el fin de ETA también se descafeinará, aunque aparezca por la vía del programa electoral del PP en el que se sienta con claridad la decisión de no negociar con la banda terrorista. El proceso de diálogo del Gobierno con el sector encabezado por Otegui y Josu Ternera, los que, de acuerdo con la mayoría de los presos, reclamaron el abandono de las armas, era perfectamente conocido por Rajoy con Federico Trillo como mediador de Rubalcaba cuando estaba en Interior. Y lo hecho por José Luís Rodríguez Zapatero –la generosidad ejercida con los presos en acercamientos y libertades condicionales–, tenía el visto bueno de los populares. De modo que, lógicamente, se expondrán las posiciones de cara al futuro sin espetarse nada el uno al otro o, en todo caso, hablando de la necesidad de restablecer un pacto antiterrorista entre los dos grandes partidos que afronte la fase final del terrorismo.

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Incluso el problema de la redefinición del Estado Autonómico, que se plantea no sólo por la irrupción de los independentistas vascos de Amaiur, la renegociación del Estatuto de Gernika que exige el PNV o el pacto de un concierto catalán semejante al de Euskadi que postula Artur Mas, estará ausente en el duelo Rubalcaba-Rajoy. En todo caso, se hablará de ello –y poco– en el debate a cinco del día 9 donde acuden los nacionalistas y un representantes del grupo ERC-IU-ICV.

Sin duda, ese fair play favorecerá que el gran debate gire fundamentalmente sobre el eje de la recuperación económica y la lucha contra el desempleo, donde Rubalcaba querrá profundizar en un aspecto cada vez más relevante, el de la esencia internacional de la crisis, y Rajoy preferirá centrarse en lo patrio, refiriéndose a la responsabilidad de Zapatero por no abordar la crisis oportunamente –con la consecuente corresponsabilidad de Rubalcaba como miembro destacado de su Gobierno– y en la confianza que puede traer de cola el cometa de su liderazgo, tan necesaria para que cuando menos se saquen del calcetín los ahorros de la clase media.

Por lo demás, el gran debate del lunes sólo puede ser constructivo porque Rajoy no quiere arriesgar la diferencia de puntos que señalan las encuestas y Rubalcaba tiene todo que perder si se encrespa porque el candidato alternativo puede destruir sus argumentos con un “haberlo dicho y hecho antes”, mientras gobernaba, o con un “pues tú más” facilón, pero contundente con la que le está cayendo encima a la izquierda.

De hecho, es muy significativo que los candidatos no puedan interrumpirse. Intervendrán por bloques de 20 minutos en lo referido a la economía y el empleo, de 15 en las políticas sociales y de sólo 10 para el resto de los temas. Aunque, eso sí, lo harán “a cronómetro corrido”; es decir, acumulando intervenciones separadas que van sumando tiempo hasta que se agota, de manera que cada cual se administra los minutos como quiere.

Otra cosa será el debate a cinco del día 9 de noviembre, dos días después, con Alberto Ruiz Gallardón de hombre a batir y Ramón Jáuregui como ariete del PSOE. Son, sin duda, los dos “números dos” de Rajoy y Rubalcaba, auténticos pesos pesados con largas experiencias de gestión (el vasco, menos conocido en este aspecto, fue hace varios lustros vicelehendakari vasco gobernando con el PNV). Ahí, los nacionalistas (Josu Erkoreka, del PNV, y Pere Macías, de CiU) y el elegido de IU-ERC, por decidir, entrarán a saco con los dos grandes, lo que abrirá sin duda el debate a todos los asuntos, el de ETA y el territorial.
En este debate tampoco se hablará de corrupción pero sí de gasto público y, en este punto, Gallardón tendrá que ponerse a la defensiva por el enorme déficit del ayuntamiento de la capital. Y es muy posible que le pregunten también si cumplirá con los madrileños siguiendo en la alcaldía y no yéndose a un Gobierno de Rajoy. Tendrá que tirar de toda la maestría que le permiten los años, saber más por viejo que por diablo. Habrá que verlo.