Los talibanes matan a un sargento español de 35 años desde una 'posición lejana'

Joaquín Moya Espejo. / mde.es

¿Mala suerte o buena puntería de un guerrillero talibán? Como siempre en estos casos, habrá que abrir una investigación para aclarar las circunstancias, pero lo cierto es que un disparo a larga distancia alcanzó en el pecho al sargento español Joaquín Moya Espejo y acabó con su vida pese a que, según la versión del Ministerio de Defensa, llevaba el chaleco antibalas reglamentario. La nueva víctima española del conflicto afgano es ya la número 98 desde 2002.

El sargento primero Moya, de 35 años, natural de Córdoba y padre de un hijo, estaba destinado como instructor de los soldados afganos en el puesto avanzado de Ludina, en la provincia de Badghis. El domingo realizaba un ejercicio de entrenamiento con soldados locales y un grupo de tiradores que protegen la ruta Lithium. Esta carretera una Qala-i-Naw y Bala Murghab, las dos principales ciudades de la provincia de Badghis, y ha sido escenario de la mayor parte de los ataques que han sufrido las tropas españolas.

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Cuando los militares afganos con los instructores españoles se habían desplegado en lo alto de una loma fueron tiroteados desde una posición lejana. Los atacantes serían guerrilleros talibanes que actúan en la zona poniendo bombas-trampa de gran potencia contra los blindados españoles y realizando ataques esporádicos, casi siempre sin consecuencias para nuestros soldados.

Pero en el ataque de la mañana de este domingo, una bala perdida alcanzó de lleno en el tórax al sargento Moya sin que el chaleco antibalas con el que, según Defensa, iba equipado, sirviera para atenuar el impacto. El soldado cayó gravemente herido y fue evacuado rápidamente en un helicóptero estadounidense al hospital de Bala Murghab, en el norte de Badghis, pero sufrió una parada cardiorrespiratoria y murió durante el vuelo. Los médicos del hospital se limitaron a certificar el deceso.

Nada más recibir la información, la ministra de Defensa, Carme Chacón, suspendió el viaje que tenía previsto a la isla de El Hierro para inspeccionar el campamento de acogida de la población afectada por el volcán, y decidió viajar a Afganistán en compañía del jefe del Estado Mayor de la Defensa, general de Ejército, José Julio Rodríguez, para animar a los soldados españoles, obtener información directa de lo ocurrido y repatriar el cuerpo del fallecido, que pertenecía al Regimiento de Infantería Arellano, con base en Vitoria.

El último ataque mortal de los talibanes contra las tropas españolas se produjo en junio pasado, cuando hicieron estallar una bomba de gran potencia al paso de uno de los nuevos blindados Lince que recibió el contingente para aumentar su seguridad. La explosión acabó con la vida del sargento Manuel Argudín Perrino y de la soldado Niyireth Pineda Marín en un camino al norte de Qala-i-Naw. Según el calendario de repliegue acordado por la OTAN y el resto de los países que aportan soldados a la misión de estabilización de Afganistán (ISAF), las tropas españolas comenzarán a retirarse progresivamente en la primavera de 2013.