PSOE, PP y PNV temen la ‘grapización’ de ETA

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Captura del vídeo difundido por el diario 'Gara' en el que ETA comunicaba el cese de la actividad armada. / YouTube

Lo que nadie dice públicamente sobre el proceso de disolución de ETA es que tanto el Gobierno como el PP y el PNV quieren evitar que a última hora se produzca un proceso de “grapización” de ETA. Es decir, que un sector, aunque sea minoritario, de la organización terrorista se enroque y pretenda continuar realizando atentados al modo en que lo hizo el GRAPO tras negociar una salida con el Gobierno.

Saben por el CNI y las conversaciones mantenidas entre unos y otros que, de momento, han ganado los partidarios de abandonar las armas y combatir en pro de la independencia por la vía política pacífica en exclusiva. Y que si lo han hecho también es, sin duda, por su debilidad frente a la actuación policial y los aproximadamente sesenta u ochenta agentes secretos del Ejército y de la Guardia Civil que les persiguen, según ha comentado un ex ministro de Defensa. Pero todos dan por descontado que un grupo de terroristas reducido también puede llevar a cabo atentados individuales e incluso con coches bomba.

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De hecho, uno de los más relevantes responsables del PNV comentaba hace unos días en Madrid que no da por desahuciada ni disuelta a ETA y que todo está por hacer todavía. Ese dirigente nacionalista vasco está convencido de que la organización terrorista hará una asamblea tras las elecciones generales y, dejando en un segundo plano la negociación política sobre la autodeterminación o la desmilitarización de Euskal Herria, basará el debate en la disposición a la generosidad con sus presos por parte del previsible nuevo gobierno de Mariano Rajoy. Considera que, de no darse pasos de replanteamiento del trato de los presos, no hay que descartar que, aunque la mayoría se incline por continuar la línea de apoyo a Amaiur y Bildu, un sector minoritario de los, aproximadamente, 700 activistas que, por lo que sabe, siguen en ETA, opte por seguir pegando tiros, aunque sea desconectados de la realidad política y social al modo de lo que pasó con el GRAPO o con el sector radical del IRA (IRA Auténtico) al que todos acusan de haber provocado el atentado de Omagh en agosto de 1998, el más sanguinario de la historia del Ulster, en el que fueron asesinadas 29 personas. Un IRA Auténtico que, por cierto, siguió activo tras los acuerdos de paz conocidos como de Viernes Santo.

Si no hay movimientos a favor de la generosidad penitenciaria por parte del gobierno de Rajoy, tanto socialistas como peneuvistas temen que, no esta ETA, sino otra que continúe con los activistas más sanguinarios, “vuelva a las andadas”, razón por la que abogan por la asunción de responsabilidades y la prudencia del PP. Con todo, consideran que, pese a las presiones de la extrema derecha interna, Rajoy actuará de forma inteligente, aprovechando la flexibilidad de la política penitenciaria, pero añaden que la izquierda aberzale debe también darse cuenta de que el futuro presidente necesitará tiempo. Para ello, concluyen, sería muy positivo que el Tribunal Constitucional legalice definitivamente a Sortu, el partido más próximo a los etarras, donde desembarcarían los activistas, ya que lo que hay hasta ahora, como Bildu o Amaiur, sólo son coaliciones.