Cuando despertamos Rubalcaba seguía allí

Rubalcaba, durante su comparecencia de anoche en la sede del PSOE. / Manuel H. de León (Efe)

Por la cubierta de ese barco naufragado que era ayer el PSOE únicamente vimos a Rubalcaba, en una nueva demostración de lo huérfanas que son las derrotas. Ni rastro de aquellos barones que le aclamaron como sucesor; sin noticias de aquella dirigencia que prefirió el dedazo a las primarias. Abandonaron el barco a toda leche para ver por la tele el hundimiento. Será difícil olvidar una escena tan patética.

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El fino orador que es Rubalcaba se limitó a leer un par de folios con un único mensaje: había transmitido a Zapatero la conveniencia de convocar de inmediato el congreso ordinario del partido, por si el secretario general estuviera ya viviendo en la más leonesa de las Babias y necesitara el consejo.

Experimentando la soledad del corredor de fondo, al sprinter le faltó grandeza para asumir la mayor derrota de los socialistas en la historia de la democracia. Había jugado a salvar los muebles y a quedarse cuatro años de líder pasándoles el Pronto. Ayer, ante el montón de astillas y con la vajilla de la abuela hecha pedazos, Rubalcaba no tenía cargo orgánico del que dimitir pero sí una salida digna: renunciar al acta de diputado y anunciar su retirada de la política. Pueden esperar sentados.

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Por idénticas razones de dignidad, la catarsis posterior a la debacle tendría que llevarse por delante a unos dirigentes cuyo único objetivo en los últimos tiempos fue salvarse ellos mismos. ¿Ha de asumir Blanco alguna responsabilidad, gasolineras aparte, después de perder en Lugo el 40% de sus electores? ¿Qué papel en el futuro del PSOE ha de desempeñar Leire Pajín, cuyo porcentaje de voto en Valencia no ha llegado al 26%? ¿Debería Manuel Chaves seguir siendo el presidente del partido tras su ridículo gaditano? ¿Puede ser Eduardo Madina la esperanza roja tras perder en su circunscripción vizcaína la mitad de los escaños que obtuvo el PSE en 2008?

De la quema se ha salvado Alfonso Guerra, que ha mantenido contra todo pronóstico la plaza de Sevilla, y en menor medida Carme Chacón, que ha ganado por la mínima en Barcelona, a cambio de convertir a CiU en la fuerza hegemónica de Cataluña. A tenor de los resultados, nadie mejor que ellos para pilotar la travesía del desierto.

La desesperación ha llegado a tal nivel que en Andalucía se ha empezado a especular con recuperar a Felipe González para que sea el candidato en las andaluzas del próximo año, con lo que Gas Natural perdería a su consejero más brillante y el ex presidente su complemento de pensiones. ¿Que es un disparate imaginarse a González de virrey de Despeñaperros y a Guerra liderando la renovación del partido? Sí, pero divertido sería un rato. Entre tanto, cuando despertamos Rubalcaba seguía allí.