Oposición "en funciones", gobierno en ciernes

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Miembros del gobierno en funciones y del Grupo Parlamentario Socialista aplauden a Rubalcaba tras su segunda réplica a Rajoy, durante la sesión de investidura celebrada ayer en el Congreso. / Paco Campos (Efe)

Salieron sonrientes los diputados del PP, dedicando loas y algún que otro ditirambo a su jefe de filas, Mariano Rajoy, mientras los socialistas se encogían de hombros y, con suerte, esbozaban media sonrisa cuando argumentaban que “era el único debate que podía hacer Alfredo”. Lo cierto es que tanto guante blanco entre Rajoy  y Alfredo Pérez Rubalcaba sorprendió a los populares, que, por primera vez no escatimaron en elogios hacia la figura de un Rubalcaba pactista, y también a los socialistas, que se escudaron en que Rajoy ha enseñado una hoja de ruta inconcreta, pero que la patita, la enseñará en los próximos Presupuestos Generales del Estado, que él mismo anunció que tendrá aprobados antes del 31 de marzo y, probablemente, después de las elecciones andaluzas.

Entre tanto, Rubalcaba tuvo que salir a boxear con su sombra, con un Rajoy que salpicó de “buenas noticias” su discurso de llamada al esfuerzo, al coraje y a la unión de todos para salir de la crisis, pero en el que faltan por enumerar  y cuantificar numerosas actuaciones, las que Rubalcaba teme que adopten de tapadillo, en cuanto se celebren las elecciones andaluzas, por no asustar a los votantes de un territorio que hasta la fecha no ha permitido gobernar allí al  PSOE..

Casi todos los ojos estaban puestos en ellos dos: presidente y líder “en funciones” del PSOE (de momento y hasta que el Congreso Federal de su partido no lo nombre, si es el caso, secretario general). Pero a poco que se abriese el foco, se veía a los ministrables, todos entre la tercera y la cuarta fila de escaños, a la espalda de Rajoy, poniendo cara de “Pío, pío, que yo no he sido” cuando alguno de sus compañeros se acercaban y les dedicaban una sonrisa cómplice de felicitación contenida. Desde la tercera fila, Soraya Sáenz de Santamaría, estaba más seria que nunca, evitando quizá bromas o comentarios. A su lado, el asesor económico “de moda”, Álvaro Nadal, escribía notas con fruición y se las pasaba, con escrupuloso respeto a la jerarquía del grupo, al portavoz, Alfonso Alonso, para que éste las hiciese llegar a Rajoy, mientras una fila más atrás, el ministrable José Manuel Soria escuchaba atentamente y su compañero de filas y de quinielas Miguel Arias Cañete se mostraba eufórico: reía a carcajadas, apostillaba a Rubalcaba desde su escaño y hacía aspavientos las pocas veces que el socialista trató de poner a Rajoy en apuros.

En los bancos azules, José Luis Rodríguez Zapatero abría la larga fila de ministros cesantes, que ayer pisaban la moqueta del pasillo, unos con cara de circunstancias y otros de alivio. Les quedaban, nunca mejor dicho, tres telediarios. Y el sabor amargo de la derrota. Ellos no pasaban notas a Rubalcaba, ni éste las esperaba. Todos cumplieron el trámite y, en cuanto terminó el turno de Rubalcaba y Rajoy y subió a la tribuna el portavoz de CiU, Josep Antoni Duràn i Lleida, lo  dejaron “solo, fané y descangallao”, como dice el tango. El primero, el propio Zapatero, que se fue para no volver.

En los aledaños de la Cámara Baja, en el castizo Bar Manolo, se vio compartir cañas y resignación al Ministro del Interior, Antonio Camacho, con la Secretaria de Estado de Cooperación, Soraya Rodríguez. A ambos se les oyó lamentar la falta de concreción de Rajoy. A quien no se oyó fue a la supuesta aspirante a suceder a Zapatero, la ministra de Defensa, Carme Chacón,  quien, tras la intervención de Duràn i Lleida, decidió acodarse en la barra y susurrar confidencias a la asesora del presidente saliente, Angélica Rubio.

Apenas si hubo una incursión de Alfredo Pérez Rubalcaba en los pasillos del Congreso. Él solito se plantó ante un corrillo de periodistas y, cuando estos le preguntaron por el papel  que había interpretado, su voluntad de pactos y de consenso y el tono conciliador empleado  durante sus intervenciones se respondió con una sonrisa “La legislatura dura cuatro años” . Tiene tiempo Rubalcaba para sacar las uñas con Rajoy. O, al menos, eso cree él. Pero la última palabra la tienen los delegados al Congreso del PSOE. Hasta entonces, la oposición estará en funciones, como ayer lo estaban los ministros salientes. En funciones, en su última función desde los bancos azules, mientras los ministrables deshojaban la margarita, tratando de averiguar entre el mutismo imperante en el entorno de Rajoy, si el jefe “me quiere, o no me quiere”.


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3 Comments
  1. Eduardo says

    Rubalcaba yo confio en tí, tienes ese impetud y esa seriedad que el señor Rajoy tiene que tener para la oposción, que se cree que todos los hemos hecho mal, parace que tiene respuesta para todo, vamos a ver lo que hace

  2. el andaluz says

    al menos ya sabemos lo q han hecho los unos, ahora faltan los otros.seguiremos deshojando margaritas aunq hay flores y flores…..en especial recuerdo una.

  3. asd says

    ¿Guante blanco? Estos del PSOE o son tontos o estan pillaos por los mismisimos. ¿Guante Blanco? Deberian tomar nota de lo bien que les ha ido con el guante blanco. ¿Guante blanco? Claro, si tienen que colocar a todos los sobrantes los mismos que financian las ruinosas cadenas del TDT party… ¿Guante blanco? Si fuera por mi, ya habrian recibido patadas hasta en el paladar. Ellos, los obispos los «emprendedores» (o sea burros empresarios) y hasta la p.. de sumadre.

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