Zapatero sólo estará cuatro días en el paro

Imagen de archivo de José Luis Rodríguez Zapatero durante una cumbre europea celebrada en Bruselas. / Efe

La gente con suerte cae de pie o en un bote salvavidas en pleno naufragio, tal es la explicación que dio el capitán del Costa Concordia para explicar cómo él y las ratas pudieron ponerse rápidamente a salvo. Entre los tocados por la varita mágica de la fortuna también está Zapatero, al que la lacra del paro no le distraerá ni una semana. El día 9 de febrero, cuatro días después de que oficialmente deje de ser el secretario general del PSOE, se convertirá en consejero nato y vitalicio del Consejo de Estado, que ya ha convocado el correspondiente pleno para formalizar el nombramiento.

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El puesto, creado por el propio Zapatero para dar cobijo a los expresidentes del Gobierno, es una canonjía de las buenas, porque no implica trabajo alguno y sí, en cambio, un sueldo bastante decente de cerca de 80.000 euros al año. Su misión consistirá en vestir la toga en los aproximadamente diez plenos al año que convoca la institución, un ritmo que convierte el estrés en un riesgo altamente improbable. Será el único expresidente con plaza, ya que González renunció a ella y a Aznar se le sugirió que hiciera lo mismo tras comprobarse la incompatibilidad con sus otras ocupaciones remuneradas. Ambos, en cualquier caso, podrían solicitar en cualquier momento su incorporación.

Para ser sinceros, este trabajo no mata a nadie, hasta el punto de que algún consejero va camino de los 100 años y tan campante. Pero algunos tienen una dedicación más intensa, como la exvicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, que forma parte del Consejo Permanente, un órgano integrado por ocho miembros, que se reúnen todos los jueves y son los que gestionan la institución. En el caso de De la Vega, despacha a diario los temas de Educación, Sanidad e Igualdad con los letrados que tiene asignados. Tiene, lo que es la vida, un estatus mayor que el de Zapatero, aunque su sueldo sea idéntico.

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El Consejo tiene varios tipos de miembros. De un lado están los consejeros permanentes vitalicios, ya mencionados; existen consejeros natos por razón de su cargo y mientras dure éste (gobernador del Banco de España, fiscal general del Estado, jefe del Estado Mayor de la Defensa, director de la Real Academia de la Lengua, presidente del Consejo Económico y Social, etc); hay consejeros electivos, nombrados por el Gobierno por un plazo de cuatro años, y dentro de esta categoría hay dos asientos reservados a expresidentes de comunidades autónomas, una de las cuales está ocupado por el extremeño Juan Carlos Rodríguez Ibarra. Salvo los permanentes y los consejeros natos vitalicios, esto es, Zapatero, el resto sólo percibe las dietas correspondientes por acudir a los plenos.

La razón por la que se justificó que el Consejo de Estado diera cabida a los expresidentes que así lo solicitaran fue la de propiciar que la experiencia que adquirieron al frente del país no se dilapidara. Con diez reuniones al año, las dosis de sabiduría que Zapatero aportará a esta venerable institución serán necesariamente pequeñas.

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