Rubalcaba paga un duro peaje a Blanco en su ejecutiva por fabricarle la victoria

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Rubalcaba saludando, en el centro de la imagen, a José Blanco durante el 38º Congreso del PSOE. / Juan Ferreras (Efe)

SEVILLA.– El nuevo líder del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, no quiso complicarse la existencia en la sesión de clausura del XXXVIII Congreso Federal del partido. En apenas 30 minutos liquidó un trámite que tradicionalmente se suele revestir de solemnidad para trasladar los mensajes claves ante una audiencia que supera con creces el número de delegados, con invitados propios y extraños, que asiste ansiosa a una peculiar “toma de posesión”.

Sin duda alguna, el tremendo esfuerzo desarrollado durante la noche anterior hizo mella en el ánimo de un secretario general novicio, preocupado por salvar la imagen de uno de sus compromisos adquiridos ante los delegados, el de la unidad del partido. No lo consiguió plenamente.

Si en la tarde del sábado recabó el apoyo del 51,16% de todos los delegados, en la mañana del domingo el respaldo a la lista de su Comisión Ejecutiva Federal (CEF) subió hasta el 80,42% , un  porcentaje que se reduce cinco puntos si se tiene en cuenta que 57 delgados de los 956 acreditados no participaron en la votación.

Ese porcentaje entre el 20% y el 25% que no ha ratificado a la nueva dirección del partido hace que Rubalcaba cuente con el apoyo más bajo  desde 1979.  Ese “castigo” se trasladó también, solo el 79,10% con una menor participación, en la votación de la lista al Comité Federal, el máximo órgano entre congresos, que recoge a miembros de las diferentes federaciones. Estas dos votaciones suelen ser el termómetro que mide el descontento interno tras las negociaciones para formar el conglomerado de la dirección federal del partido.

En el XXXV congreso celebrado en el año 2000, en el que Zapatero superó a Bono por apenas nueve votos y a otros dos candidatos más, la CEF que presentó al día siguiente el nuevo líder obtuvo el apoyo del 90,20% de los delegados, con una participación que rozó el pleno.

¿Ha habido, pues, voto de castigo a Rubalcaba? Sin duda, aunque moderado y controlado. Una especie de advertencia capaz de dejarle un regusto amargo en el estreno de su cargo pero sin llegar a fastidiar la fiesta final en la que participan unos y otros.

La explicación de ese resultado es obvia: la negativa manifestada por Rubalcaba a integrar al sector que votó a Carmen Chacón, prácticamente el 49% de los delegados, en la nueva dirección del partido. Esa fue una petición que le hizo la propia Chacón al nuevo secretario general antes de abrir éste el tradicional “confesionario” nocturno con los dirigentes regionales.

Pero la ausencia de la “otra parte” no constituye la principal debilidad de la Ejecutiva de Rubalcaba. El cuerpo central de la nueva CEF es una herencia directa de José Blanco, el verdadero constructor de la maquinaria que a la postre le dio la victoria por 22 votos de diferencia. Sin esa ayuda –“ha empleado todos los recursos posibles”, en palabras de un conocedor de Ferraz –, Rubalcaba no hubiera alcanzado el sillón de la secretaría general.

De hecho,  la única “integración” que ha llevado a cabo Rubalcaba ha sido la inclusión de nada menos que 12 miembros de la anterior ejecutiva – más de un tercio -  en su nuevo equipo. Todos ellos conforman el “núcleo duro” de la CEF, conocida como “la permanente”. Son quienes llevan el día a día de la maquinaria del partido y quienes adoptan las estrategias y toman las decisiones.

Prácticamente todos ellos son del entorno directo del ex vicesecretario general, quien además ha logrado “colocar” a su “alumno” Óscar López como secretario de Organización, el puesto que controla el “aparato” de Ferraz y supervisa las organizaciones territoriales. López llega en un momento clave: en un par de meses todas las federaciones –excepto el PSC– deben celebrar sus congresos particulares.

Con la composición de la Ejecutiva Federal surgida del congreso celebrado este fin de semana en Sevilla se puede afirmar que buena parte del destino político de Rubalcaba está en manos de gente afecta a José Blanco. El ex vicesecretario, que pasó desapercibido en las jornadas del cónclave socialista, ya no tiene a partir de ahora despacho en Ferraz.

Esa situación contrasta con lo que ocurrió en el año 2000, cuando Zapatero hizo una ejecutiva en la que apenas repetían cuatro personas, él incluido, del anterior equipo de Joaquín Almunia;  el resto eran caras nuevas. La decisión de Zapatero tuvo una consecuencia casi inmediata: su modelo de integración tras aquel congreso federal se transformó en una duradera paz orgánica de la que ha disfrutado el PSOE durante los últimos 11 años y medio.

Rubalcaba ha incluido a tan solo cinco miembros de la “otra parte” y en puestos de menor relevancia. Son cuatro vocales, dos del PSC, uno del PSPV y otro del PSM, las tres federaciones en las que su contrincante recibió más respaldos. Apenas la concesión personal a José Antonio Griñán, valedor de Chacón en la federación andaluza, al colocarlo como presidente del partido tiene alguna trascendencia, pero supeditada al hecho de que en dos meses hay elecciones autonómicas en las que los socialistas se juegan más que el poder en el Palacio de San Telmo.

Hay otro aspecto a tener en cuenta en la nueva dirección del partido: la ampliación de 32 a 38 puestos. Una operación para dar cabida de forma equilibrada a representantes de los sectores de las federaciones que han sumado votos a la victoria de Rubalcaba. Una contradicción con su anuncio de que su CEF no iba a ser una acumulación de territorios; lo dijo el día anterior.

La duda, ahora, es si en ese clima se puede repetir el proceso de tranquilidad orgánica que vivió Zapatero mientras fue secretario general. Todo apunta a que no será así. Pero no todo depende de Rubalcaba y su equipo heredado; también es asunto, y no menor, de la actitud de Carmen Chacón y la de quienes la han apoyado. En eso Zapatero tuvo suerte: con mayor o menor gusto, Bono y otros sectores le respetaron.

1 Comment
  1. Jonatan says

    Menudo mirlo, Blanco; un pájaro de cuenta.

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