Nadie es Chacón en su tierra

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Carme Chacón, el pasado martes, abondonando el Hemiciclo tras el pleno del Congreso. / Manuel H. de León (Efe)

Nunca se habían visto tantas interpretaciones distintas (y hasta contradictorias) de una sola derrota. Que si el felipismo y el guerrismo unieron fuerzas de ultratumba con un insomne Gaspar Zarrías apatrullando los pasillos del hotel Renacimiento de Sevilla, arrancando delegado por delegado al sueño de los justos y de los chaconianos. Que si el grupo Prisa tenía que frenar como fuese los apetitos presidenciales de “la niña de Roures”. Que a Carme Chacón esto le pasa por ser catalana.

Pues por esto último no será, a juzgar por lo inmensamente descansados que se han quedado más de tres y más de cuatro en el PSC con la plancha sevillana de Carmeta. Ya son más de cinco y más de seis los socialistas catalanes de tota la vida que han visto el cielo abierto con la victoria de Alfredo Pérez Rubalcaba. Creen que se les presenta por fin una oportunidad de llevar a la UVI un partido que se resistía ni siquiera a reconocer que estaba enfermo. A veces pegársela contra un árbol es la mejor manera de cobrar el seguro del coche y volver a empezar.

Nota aclaratoria: esto no va de senyeres al viento, ni de pactos fiscales firmados con sangre (de gallina), ni del monstruo del lago Ness del Estatut. No es cuestión de que el PSC se quiera ir del PSOE o de España, que no se quiere ir ni jarto de vino. El problema (uno de ellos) es que lo de decir una cosa en Madrid o en Olula del Río y otra en Badalona o en Reus ya no es solo cosa de hombres, ni de nacionalistas. Se habla mucho del autismo político español, de la incapacidad de muchos celtíberos de entender la incomparable complejidad catalana. Se habla menos del autismo político catalán, que consiste en no tener ni jota de qué es ni cómo es realmente España. En conservar en formol una idea de España entre terrorífica y fantasiosa, entre el miliciano cayendo muerto de la foto de Robert Cappa y la Estrella de la Muerte de La guerra de las galaxias. Claro, entonces lo normal es no dar pie con bola.

En general los catalanes han fracasado en España. Sin excepción. Casi siempre. Y eso escuece. Entonces uno hace lo que se suele hacer cuando todas te dan calabazas, o cuando las uvas están muy verdes, o cuando te enteras de que el Estatut eran los padres, o cuando pierdes un congreso por 22 votos: replegarse a la trinchera y decir que no es que hayas perdido tú, es que no saben ganar ellos. Que con gente así de bruta no se puede.

Me llama uno de los socialistas catalanes que prefirieron unir su suerte a la de Rubalcaba y me jura por sus muertos que Carme Chacón se autoexcluyó de la ejecutiva del PSOE cuando supo que no tenían ninguna intención de ofrecerle un puesto en ella. ¿Me lo creo o no me lo creo? Y si me lo creo, ¿qué conclusión debo sacar? ¿Es Rubalcaba el Hannibal Lecter del PSOE, o un líder que procede con obligado pragmatismo ante la evidencia de que si hubiera ganado la otra facción, él habría aparecido flotando (políticamente…) en el Manzanares? ¿Son los chaconianos como esos comunistas sanguinarios de la guerra civil que solo parecen más buenos porque perdieron?

Con franqueza a mí me cuesta bastante comulgar con la idea de que una Chacón victoriosa habría sido más generosa con su rival. Otra cosa es que hubiera tenido que dar cabida en su ejecutiva a un abigarrado mosaico de gentes, tantas como por momentos llegaron a convertir su candidatura a la secretaría general en un desfile de la Fashion Week. Todos los que tenían motivo para el berrinche, el miedo o la simple tiña (y de estos salen a patadas cuando los partidos pierden poder a borbotones) se alinearon tras el golpe de efecto de la catalana. Hay quien les compara en los últimos días con los guerristas cuando ya vivían peligrosamente, pero sin que nadie osara nunca negarles el pan y la sal y su porcentaje en todos los órganos federales y la ejecutiva.

El paralelismo con el guerrismo es tentador para los que apuestan porque ese casi 49 por ciento de votos cosechados por Chacón en el congreso sean un capital político a plazo fijo, y no una línea en un cartón de bingo que si no la cantas en su momento ya no la vas a cobrar nunca. A pesar de su fulgor mediático el chaconismo no es ni ha sido nunca el guerrismo. No es una corriente interna. No es historia. No tiene tradición ni más aglutinante que el “todos contra esos”. Una suma de pataletas no vertebra una alternativa.

Que esta mayonesa se corta con gran facilidad se aprecia dentro del que debería ser el santuario intocable e improfanable del chaconismo, el susodicho PSC. Que es verdad que sale del 38 congreso habiendo salvado los muebles de la dignidad orgánica gracias a la retirada in extremis de unas enmiendas extremeñas que querían hacer de la catalana una federación socialista más. Los catalinos se ahorran esa “humillación”, pero no el revolcón de que su cuota y su presencia en el PSOE haya quedado reducida a la mínima pregunta, y eso en un momento en que no hay Generalitat ni Ayuntamiento de Barcelona a dónde replegarse. Su culo sigue siendo solo suyo, pero les ha quedado desnudito y al aire. Cuando pasen lista, ¿qué será Chacón en su tierra?

En fin, que es posible que el 38 congreso del PSOE se haya cerrado en falso, pero para todos y todas. Rubalcaba no confirma ni desmiente los rumores de que no optará a ser candidato a las elecciones. Los que dan por hecho que no lo hará –incluso entre sus afines- eluden dar una sola razón convincentemente inapelable de por qué no. ¿Por la derrota electoral reciente? ¿Por la edad? ¿Porque parte de sus apoyos a la secretaría general eran también prestados, como los de Chacón? ¿Y ella dónde dice que espera poner pie para las primarias españolas, si en el PSOE ya no es nada y en el PSC hay quien empieza a verla como algo de lo que pasar página, como ella decía que había que ver a Rubalcaba?

Todo eso mientras allá fuera resoplan más de cinco millones de parados.

 

 

3 Comments
  1. claudio says

    «Se habla mucho del autismo político español, de la incapacidad de muchos celtíberos de entender la incomparable complejidad catalana.»

    No estoy muy seguro. Nací en Barcelona hace casi 60 años y, soy, bueno, sea lo que yo sea, no uso la identidad nacional, ninguna, para definirme, lo que por estos pagos es algo raro. Pero al menos por Cataluña hay una ventaja: los nacionalistas catalanes saben que lo son, mientras que los españoles, no es que no entiendan a Cataluña, que puñetera falta les hace, sino que no se entienden a sí mismos, muy a menudo cosmopolitas de boquilla porque es lo más cómodo, incapaces de articular, desde ese nacionalismo que no se atreve a reconocerse, una alternativa frente a los periféricos, incapaces de ofrecer ante Guardiola, para entendernos, otra cosa que mourinhos. En fin, que a uno sólo le sigue quedando escoger cuál de las diecisite autonomías ha de helarle el corazón.

  2. Ricard Torrell says

    ¿Se puede ser mas genial?
    No mientas, canalla, …….. has estado en Sevilla y no te has dejado ver.

  3. celine says

    Me encanta lo claro y cristalino de tu crónica, Grau. Para mondarse. En cuanto a claudio, temo que estés en un triste error al considerar a la inmensa mayoría de los que pueblan la península ibérica como «nacionalistas sin saberlo». Aunque comprendo el error ya que llevamos lustros soportando la machacona propaganda de los que sí se enrocan en el nacionalismo. Las 17 autonomías son 17 administraciones. Point.

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