PP y PSOE evitan cambios constitucionales por miedo a nacionalistas y republicanos

Soraya Sáenz de Santamaría durante su comparecencia en la Comisión Constitucional del Senado. / Mondelo (Efe)

La reforma de la Constitución es necesaria pero no es posible porque los nacionalistas reclamarían el derecho a la autodeterminación y los republicanos podrían en jaque a la Monarquía. En esta materia coincidieron el lunes los representantes del PP y del PSOE, Juan José Lucas y Ramón Jáuregui, respectivamente, en la jornada que organizó la Asociación de Periodistas Parlamentarios (APP) sobre el constitucionalismo, con ocasión del bicentenario de la Constitución de 1812. El escaso papel del Senado y la conveniencia de reformarlo o suprimirlo quedó sobre la mesa. Horas después, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría anunció que la Cámara Alta tendrá la última palabra sobre el “techo de gasto” y la estabilidad presupuestaria.

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En su intervención, Jáuregui, un tipo brillante, enumeró las reformas que a su entender sería necesarias, como la supresión de la pena de muerte en tiempo de guerra, la instalación de la sanidad en el título primero al mismo nivel que el derecho a la educción, la aconfesionalidad plena del Estado con igualdad de trato a todas las confesiones religiosas y la consagración de los derechos de los discapacitados, que en España son casi cuatro millones. Por supuesto que en la reforma habría que incluir los nombres de todas las comunidades autónomas, que no figuraron en la Carta Magna del 78 por la sencilla razón de que no existían.

En su enumeración, no olvidó el diputado socialista incluir el derecho comunitario europeo y la reforma del Senado para hacer de la Cámara Alta la instancia superior de encuentro de todas las autonomías o, en caso contrario, para eliminarlo del mapa. Pero en este asunto prefirió que fuese Lucas quien diera su versión, pues por algo ha sido presidente durante diez años la Junta de Castilla y León y ha presidido el Senado propiamente dicho durante el mandato de José María Aznar como jefe de Gobierno.

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Lucas reconoció el predominio de las hectáreas sobre la población en la Cámara Alta y aportó el ejemplo de que a Castilla y León, con 2,5 millones de electores, le correspondan 37 senadores mientras a Madrid, con más del doble de población, le asignen sólo nueve senadores. ¿Cabe mayor proporcionalidad? A continuación tuvo la elegancia de alinearse con la propuesta de Alfredo Pérez Rubalcaba de revisar y acaso suprimir las diputaciones provinciales. “Algo hay que hacer”, dijo Lucas, consciente de que no hay cuerpo social y fiscal que aguate la triplicidad de organismos y funciones.

Con independencia de que un día por la tarde un vallisoletano pueda acudir a un concierto de música barroca organizado por la diputación, a otro de música clásica ofrecido por la autonomía y a una exhibición pastoril de dulzainas, montada por el ayuntamiento, todo a la misma hora, es lo cierto que los múltiples acordes acaban rayando al personal, y si se suma el Senado, tal vez tuvieran razón los doceañistas cuando aprobaron una Pepa sin Senado o los republicanos de 1931 cuando hicieron otro tanto.

Hoy el Senado no es Cámara de segunda lectura legislativa ni de representación territorial propiamente dicha, aunque sirva para controlar al Gobierno y para hacer chistes: “Cuentan que una corriente de agnosticismo se ha apoderado del Senado. ¿Y eso por qué? Porque nadie cree que exista un paraiso terrenal mejor que ese“, dice un exsenador y añade: “Cómo será la cosa que hasta Tejero se olvidó del Senado el 23-F“.

Bromas aparte, si la coincidencia de los representantes del PP y el PSOE es grande sobre la necesidad de reformar la Constitución en los temas mencionados, ¿a qué están esperando?, se preguntó el auditorio, compuesto por medio centenar de estudiantes universitarios. Y la respuesta fue clara: “Hoy no es posible alcanzar un consenso tan amplio como el de 1978”, pues según Jáuregui y Lucas, los nacionalistas se echarían al monte y reclamarían el derecho a la autodeterminación y los republicanos cuestionarían la Monarquía. Y bastante dolores de corona tiene el jefe del Estado con el yerno Urdangarín.

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