Ni cupo vasco, ni catalán, sino…¿a la gallega?

Imagen de archivo del presidente de ERC, Oriol Junqueras. / Efe

Contentas andan las autonomías con los recortes, que en su caso duelen más porque no afectan solo a los dineros sino también a los orgullos. Encima de cornudo fiscal, apaleado, piensan por ejemplo infinitas recuas de catalanes que nacieron y morirán graníticamente convencidos de que España les tima y les expolia. Ah, y solo a ellos.

Hay que decir que la tendencia de los catalanes a sentirse expoliados puede llegar a ser muy sangrante. Quien esto firma tuvo el honor de compartir plató de televisión con Oriol Junqueras, actual presidente de ERC y alcalde de Sant Vicenç dels Horts (Baix Llobregat), población que considera financieramente estrangulada no ya o no solo por el odiado Estado español, sino también por la Generalitat. ¿Se tendrán que acabar independizando de Cataluña misma? Vamos, que baje Astérix y lo vea.

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Dicho lo cual con toda la guasa del mundo… hasta en el PP (más bien en petit comité, eso sí) reconocen hoy en día que algunas comunidades autónomas llevan décadas “cotizando” más de lo que debieran a la caja común española. Cataluña no sería ni siquiera la única, aunque quizás sí de las más principales de encontrarse en el caso de haber llegado tarde –o demasiado pronto– al reparto de la solidaridad interterritorial. Que se sigue rigiendo con vetustos esquemas de los años 70 o incluso 60. Como si tercio y mitad de los aceituneros altivos de ayer no se encontraran hoy en L’Hospitalet, o los colegiales extremeños no ataran al presente los ordenadores con longanizas mucho más gordas que las catalanas.

Ejemplo de choque tragicómico de idiosincrasia: el catalán cree que le hacen pagar más porque le ven raro y le tienen manía, el que no es catalán, lejos de pararse a darle tantas vueltas al tema, tiene simplonamente clarísimo que al catalán le toca pagar más porque “de toda la vida” ha sido, es y será más rico. Y si protesta que no es así, es porque es un roñica y un tacaño. Hasta el matador de toros Juan Belmonte destacó de su primer viaje a la Ciudad Condal, allá por los años veinte o treinta, como dos hechos más relevantes: a) la presencia de “señoritas” en las Ramblas b) que los catalanes solo sacaban tabaco “para ellos”. Pasmante, ¿no?

Es posible que el catalán en general mire más la pela que el club de fans. Pero, si para variar se me permite romper una lanza pels meus, me gustaría subrayar una cosa tremenda que les/nos pasa (aunque a mí cada vez menos): en una cosa sí vamos rotundamente al revés del mundo y de España toda. Y esa cosa es, que mientras España toda basa sus usos y costumbres en aparentar lo que no tiene, en parecer más rico de lo que se es, en dárselas de aquello de lo que se carece, el catalán, pobre diablo, es especialista en criar lana y cardar fama. Es el único que cuando es rico parece rico y cuando es pobre, pues también parece rico. Que nadie se cree que vaya escaso o le falte de nada. Si se le ocurre salir de casa bostezando de hambre en lugar de hurgándose los dientes con un palillo para simular que ha comido, como hacía el hidalgo del Lazarillo de Tormes, todo el mundo lo entiende al revés. Si cierra quirófanos es por el gusto de matar a los enfermos (sobre todo a los que no hablan catalán), jamás porque realmente carezca de recursos.

Mucho habría que hablar sobre el extraordinario nivel de los gobernantes catalanes que a través del tiempo han permitido que se instale una visión tan distorsionada y nefasta de la realidad. Desde una óptica estrictamente nacionalista es difícil acumular más torpeza. ¿No podía haber salido alguno un poquito más listo, una miqueta més puta?

Alguien lo bastante mentalmente y políticamente desarrollado como para plantarse en Madrid (y en Cáceres, y en Sevilla, y en el Congo belga si es menester) y dejar claro que la hacienda catalana no es sustancialmente distinta de la española. Que los euros de Barcelona no valen el doble que los de Madrid. Que no se trata de pedir más o de dar menos sino simple y llanamente de repartir mejor. Más equitativamente, racionalmente, justamente. Por el bien… de toda España, leñe.

Claro que por el lado no catalán tampoco es que hayan andado siempre sobrados de luces. Ahí es el primoroso argumento de que el concierto fiscal propio catalán es “imposible” porque sería una discriminación y una injusticia, mientras que cuando tal discriminación y tal injusticia se dan alegremente en el País Vasco, entonces nada porque, tachín, tachín…¡lo ampara la Constitución! Nos ha j...orobado. ¿Podemos reformar la Carta Magna para acabar con la ley sálica y no se puede tocar eso? ¿Cuándo saldrá alguien con el valor y la probidad suficiente como para decir alto y claro: o todos moros, o todos cristianos?

Claro que lo de la vitola constitucional es la pura excusa, el camuflaje de la verdadera razón que nadie reconoce, como no sea por lo bajini: el garante de la desigualdad fiscal vasca, lo que la ha blindado, no ha sido nunca la Constitución. Ha sido ETA. El poderoso argumento de las pistolas.

¿Y ahora? Por un lado se podría argumentar que si ETA va de capa caída, todas las injusticias a ella asociadas deberían periclitar. Por otro lado está el tema de que si precisamente ahora a alguien se le ocurre “tocar” el concierto vasco, la desarboladura etarra se puede complicar un montón…entonces, ¿qué? ¿A vueltas con la eterna historia?

En el PP hay algunos que dicen que esto hay que arreglarlo. Y que hasta creen saber cómo puede tener arreglo. La fórmula defendida por más de tres y más de cuatro dirigentes es decirles a los de Barcelona que un cupo catalán no puede ser, pero que sí se les puede rebajar lo que pagan (o aumentar lo que se quedan). Mientras que a los vascos no se les toca el concepto del cupo, el rutilante celofán del privilegio, pero sí se les rebaja cuantitativamente la magnitud. Que paguen distinto pero que paguen más. Que el concierto vasco deje de ser un chollo.

¿Hará caso Mariano Rajoy a los que le aconsejan esta solución ni vasca ni catalana sino, cómo decirlo…tan gallega? Y si Rajoy les hace caso, ¿bastará para calmar las aguas? ¿Se conformarán los vascos con más orgullo que dinero, y los catalanes con más dinero que orgullo? ¿Veremos algún día el fin de esta historia?