Con un piquete de lo más cívico

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Antidisturbios y piquetes, frente a frente, a la entrada de las cocheras de la EMT de Carabanchel (Madrid), durante las primeras horas de la huelga general. / Kiko Huesca (Efe)

Cuando Telemadrid se fue al negro, lanzaron un ¡hurra! de satisfacción. Nelson dijo a Ángela: “¿Sabes en qué se parece la televisión a la mujer?... En que les gusta que las miren. Ángela dice: “Muy gracioso. Nelson, Ángela, María, Juan Ramón y otros compañeros de oficinas y despachos se han pertrechado con banderas, rollos de pegatinas, paquetes de pasquines y unos bocatas y botellas de agua en la sede del sindicato, en la calle Lope de Vega, para la larga noche, y se desplazan hacia el primer objetivo: las cocheras de los autobuses de la Empresa Municipal de Transportes (EMT) en Fuencarral, detrás de la estación de Chamartín.

La distribución de los piquetes informativos la noche de la huelga general que comenzó a las cero horas del 29M tiene unos objetivos prioritarios y simultáneos: el estómago de la urbe, y el transporte público. “Si paramos Mercamadrid, paramos el comercio; si paramos el transporte, no hay semoviente que se menee”, dicen en el sindicato. Lógica aplastante. Y, por supuesto, respetuosa con los servicios mínimos acordados de antemano: el 35% del transporte público en las horas punta y el 25% en las valle.

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Pero hay otro objetivo: recorrer y ocupar las principales calles de la ciudad y hacer saber a todo hijo de vecino que los recortes de los derechos laborales y sociales afectan al conjunto de la sociedad y que si hoy tragan con la “agresiva” reforma laboral del Gobierno de Mariano Rajoy, mañana llorarán. ¿Conseguirían los piqueteros su primer objetivo, parar el transporte público, sin enfrentamientos con los antidisturbios del Cuerpo Nacional de Policía? Los sindicalistas de CCOO y UGT tinen una cosa clara: si el Gobierno quiere presentar la huelga general como un problema de orden público, no lo conseguirá.

Nada más salir de la sede de CCOO en Lope de Vega, los amigos Nelson, María, Ángela, Juan Ramón y otros compañeros de apellido Atiqueteimporta empiezan a aligerar la carga esparciendo panfletos en la Carrera de San Jerónimo, las inmediaciones del Congreso, las calles de Zorrilla, Marqués de Cubas… “Quieren acabar con todo, huelga general”, es la consigna. En algunos bares de la zona hay algunas palabras más altas que otras. “El Barça ya ha empatado, señores, comienza la huelga general”.

Dispuestos para una larga caminata Castellana arriba, los miembros del piquete se entretienen en el Paseo de Recoletos distribuyendo panfletos y adornando con pegatinas algunos establecimientos. Cerca de Colón se topan con unos agentes de seguridad privada en actitud agresiva. “Ni caso y adelante, compañeros”, es la consigna. Corean el grito de “¡Huelga, huelga!” en la noche. Una pareja de policías municipales en sus motos les sigue de cerca. Su objetivo es saber si llevan silicona para sabotear los cajeros y las cerraduras de las sucursales bancarias. Como no llevan de eso, se alejan.

Un sindicalista explica que los banqueros han descubierto un producto compuesto por vaselina que impide que se adhiera la silicona y para evitar sabotajes han lubricado las cerraduras y los cajeros de las sucursales. Sólo hay que fijarse para darse cuenta de que, en efecto, están aceitosos. Si les aplica silicona, será muy fácil limpiarlos. Pero, con independencia de los avances de la química, los sindicalistas no llevan silicona ni están para hacer daño, sino para evitarlo.

Policías a caballo escoltan a un autobús a la salida de las cocheras de la EMT de Fuencarral (Madrid), ayer. / ugt.es

Ya ante las cocheras de la EMT se produce una larga espera y aparecen los primeros signos de lo que consideran una provocación policial. La delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes, mal aconsejada por algún mando, ha tenido la ocurrencia de desplegar una sección de antidisturbios a caballo. Los policias a caballo se han colocado en la primera línea para escoltar la salida de los autobuses. Son las 5:30 de la mañana y los doscientos sindicalistas corean la consigna de huelga general y tratan de evitar que no salgan más vehículos de los acordados como servicios mínimos.

Uno que no lleva el cartel correspondiente es recibido con abucheos y sonido de los silbatos, carracas y aparatos de viento. Los policías a caballo empujan a la multitud, con riesgo de que alguno se desboque y pise a los manifestantes. Nelson recuerda lo que ocurrió en Atocha hace años, cuando un caballo de la policía pisó de mala manera a un joven que había caído huyendo de la carga policial y le destrozó el cráneo. “No entréis a la provocación, compañeros”, grita. La policía escolta a los autobuses que comienzan a salir y amaga con cargar contra los trabajadores. Hay algunos insultos y un forcejeo cerca de la puerta que se salda con la detención de dos sindicalistas.

La tensión se prolonga cerca de una hora. El objetivo de que no salgan más coches de los acordados parece cumplido, aunque algunos han contado más de lo pactado. Son las 6:30 de la mañana y “sólo se ha colado un autobús”, dice María. “Pero era de los empleados del turno de noche”, dice Ángela. Informan de que en las cocheras de la EMT de Carabanchel también ha habido tensión, pero los antidisturbios no han cargado. Los esquiroles han sido muy pocos. Un autobús sin letrero de mínimos –uno de los pocos que ha salido de esta guisa– chocó contra un pedrusco que venía por el aire y le quebró la luna.

Nelson y sus compañeros twitean: “El paro es total, el 98% de la plantilla no ha entrado a trabajar en Fuencarral. Los autobuses han parado”. El impacto de la huelga está siendo superior a la del 29 de septiembre de 2010 contra la reforma de Zapatero. Entonces en las cocheras de la EMT no pusieron policías a caballo. Los sindicalistas no tienen duda de que “la policía iba a provocar y a cargar”, pero se ha quedado con las ganas. Castellana abajo reciben algunos mensajes según los cuales ha habido incidentes y detenidos en Embajadores y Lavapiés, donde algunos antisistema han quemado contenedores. Hay 27 detenidos. El paro de los servicios de limpieza es total y los contenedores de basura están a rebosar. Junto al hotel Ritz ha habido un herido. En Mercamadrid los camiones han entado con cuentagotas y la actividad está siendo muy baja.

El piquete, con sus banderas baja Castellana abajo. En Nuevos Ministerios, la policía protege la entrada de coches con funcionarios. En la puerta hay un piquete informativo de medio centenar de personas que entregan pasquines a los que pasan. La calma es total. Los sindicalistas siguen su ruta. El Colón enfilan Génova arriba, soltando propaganda y coreando la consigna de “¡Huelga, huelga, huelga general!” y “¡Esta reforma la vamos a parar!” La sede del PP es objeto de atención especial. Su vidrios gruesos son propicios a las pegatinas. Por los bulevares crece la manifestación; ya son casi mil. Algunos comercios permanecen cerrados y otros con el cierre a medio subir hasta que pasen. En la glorieta de Bilbao, el famoso Café Central baja la persiana, aunque permite tomar café a algunos manifestantes que se han colado.

La entrada de El Corte Inglés de Preciados, custodiada por efectivos policiales. / Luis Díez

En la esquina de la calle de Princesa, seis furgones policiales protegen El Corte Inglés. Unos guardias de seguridad privada marcan paquete en la entrada. Detrás de ellos, algunos empleados hacen señas: quieren que los sindicalistas se acerquen y les conminen a cerrar. Quieren hacer huelga, pero tienen miedo. Los sindicalistas pasan de largo y se limitan a denunciar el uso de la policía para proteger esos grandes almacenes y también la tienda de Zara. Es curioso. Nelson se acerca y dice a los uniformados: “Sabemos que tienen secuestrado al personal”.

En la plaza de España se suman piquetes que vienen del Este. La manifestación ya es numerosa y avanza por la Gran Vía. Son las 10:30 de la mañana. Bajan hacia la Puerta del Sol por la calle de la Montera, donde la mayor parte de los establecimientos que han abierto, cierran de nuevo para volver a abrir seguidamente. Doce furgones policiales ocupan el centro de la plaza y protegen las bocacalles de Tetuán, Carmen y Preciados. En esta última, frente al Corte Inglés, algunos reporteros gráficos y varias televisoras esperan el tradicional forcejeo para cerrar los grandes almacenes. Pero los sindicalistas, fieles a la consigna de contrariar el objetivo del Gobierno de transformar la protesta pacífica contra su “agresiva” reforma en un problema de orden público, pasan de largo.

En Sol esperan también unos ferroviarios de una Intersindical obrera. Sixto Casado y su compañero Juan Antonio Castillo son de Renfe y aseguran que en Atocha, pese al enorme despliegue policial, ha parado todo el personal menos el de servicios mínimos. También en Sol los policías se muestran agresivos e impiden el paso a las calles protegidas a cuantos llevan una pegatina en la solapa.

Grupos de jóvenes se suman a la marcha. Un periodista de radio aplica la alcachofa a los labios de María y ella explica: “La reforma laboral es un ataque contra los trabajadores. Yo estoy aquí por mis hijos; no quiero que me reprochen no haber luchado por sus derechos. Nosotros pasamos de la alpargata al Seiscientos y después al Volkswagen, y esta derecha quieren devolvernos a la alpargata”.

Son las once de la mañana. La manifestación, ya muy numerosa, ocupa la calle de Alcalá y baja hacia Cibeles, donde confluye con otros piquetes. Los responsables de organización de UGT y CCOO han colocado una pancarta y dos mesas en la acera frente al Banco de España e improvisan una rueda de prensa. Los manifestantes gritan contra la autoridad financiera: “¡Aquí está la cueva de Alí Babá!” El secretario general de UGT de Madrid, José Ricardo Martínez, pide la dimisión del gobernador, Miguel Ángel Fernández-Ordoñez,uno de los máximos responsables de la crisis, instigador de los despidos y los abusos contra los trabajadores”.

Miembros de piquetes, concentrados en Cibeles, a las once de la mañana de ayer. / Luis Díez

Manuel Abejón, de la UGT y Francisco Cruz, de CCOO dan los datos del paro. La huelga está siendo general. Desgranan: “Quitando los servicios mínimos, en el transporte han parado entre 81% (servicio aéreo) y el 98% de las plantillas; en los medios de comunicación, el 50 y en RTVE el 80; en las grandes superficies, el 30; limpieza y recogida de basuras, el 98; en la Administración Central, el 60, en la Autonómica el 70 y en la Local el 80%”. Naturalmente, esos porcentajes a los que hay que sumar el 67% en enseñanza, el 70 en sanidad y entre el 70 y el 90% en las empresas de más de 250 trabajadores, será rápidamente reducido por el Gobierno.

En resumen: de 2.178.100 trabajadores madrileños –descontados los servicios mínimos y los 240.000 que no pueden hacer huelga--, secundan el paro entre 1,3 y 1,7 millones, lo que supone más del 75%, según los sindicatos. Por supuesto, los 620.000 parados no pueden hacer huelga “como muchos de ellos quisieran”, dice Martínez, que considera lamentable que el Gobierno se acuerde de ellos el día que hay que ejercer el derecho de huelga en defensa de la dignidad y para no volver a la esclavitud.

Javier López, secretario general de CCOO de Madrid proclama: “La huelga está siendo un éxito incuestionable” y ofrece datos sobre la caída del consumo eléctrico que indican que el impacto es muy superior a la de 2002 y 2010. Luego ironiza sobre la petición de la presidenta Aguirre de filmar la violencia de los piquetes: “Me dicen que habéis salido muy guapos en las fotos que la señora Aguirre tiene encima de la mesa”. Y afirma: “No ha habido violencia ni coacción por parte de los piquetes informativos” al tiempo que denuncia “la irresponsabilidad” del ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz porque “pretendía convertir la jornada de huelga a un problema de orden público”.

Ante algunos titulares de la prensa de derechas --si se imprimió no se distribuyó porque los repartidores se sumaron al paro--, López afirmó: “Esta es la patria de los trabajadores, no de los especuladores”. A esa hora ya circulaba la información de que la editora de El Mundo impulsa un expediente de regulación de plantilla que va a dejar sin empleo a 200 trabajadores. A las doce del mediodía, con el grito de “Mariano, no llegas al verano”, y varios kilómetros en las suelas, se disolvían los piquetes y era hora de reponer fuerzas para la gran manifestación de la tarde.

5 Comments
  1. Roberock says

    Soy una de las personas de la primera foto del Piquete de la EMT, Gracias por informar y no desinformar compañero, los piquetes para mi pecaron de civicos quizas, pero es que ademas la policia no paro de provocar e insultar por un momento pensaba que era la policia la que se manifestaba.

  2. Casas says

    Hubo un civismo total en todos los piquetes de los sindicatos de clase, que no respondieron a las provocaciones de algunos fachas, entre ellas, las de unos patanes de intereconomía que aparecieron en Mercamadrid con una cámara diciendo chorradas a ver si se la rompían y, de paso, la cara, como se merecían. Anda y que les den pastillas de baba.

  3. aminoacido says

    El producto que se refiere es Y2R e impide la adherencia. Muy bueno para las cerraduras y los engranajes.

  4. Azuquita says

    Hubo algunos conductores muy nerviosos que en Pincesa querían atropellar a la gente de Comisiones y uno golpeó a un fotógrafo.

  5. Chinto says

    Los Piquetes más agresivos fueron los piquetes antihuelga, formados por la Policía del nuevo ministerio de Orden público, antes llamado de Interior. O se calman o habrá que echar mano del viejo y peligroso principio judío del Ojo por Ojo

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