Exteriores gasta en ajuar y suministros la misma cantidad que resta a las ONG

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El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, el pasado jueves, día 3, en el Palacio de Santa Cruz. / Manuel H. de León (Efe)

Trescientos mil euros en cubertería, 141.000 en ropa de cama y toallas de baño, 374.000 para restaurar un zaguán y limpiar e iluminar un patio de la embajada española ante el Vaticano, 115.640 euros en banderas, peanas, escudos y banderines para los coches, 109.000 en ampliar la potencia eléctrica en la embajada de Moscú… Son algunos “contratillos” del Ministerio de Asuntos Exteriores para mantener el decoro en las más destacadas de las 118 embajadas, 11 representaciones diplomáticas permanentes, 95 consulados y sus respectivas residencias (440 edificios).

Los gastos de material, suministros y "otros" de la red exterior del Estado se elevan a 44,5 millones de euros este año, una cantidad que, paradójicamente, viene a coincidir con la que el ministro de Asuntos Exteriores ha resuelto suprimir este año en ayuda desinteresada de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) a través de los planes plurianuales de las ONG a países del tercer mundo. La mitad de ese dinero iba a dotación de servicios básicos, desarrollo rural, salud sexual y reproductiva, y a paliar el hambre y las enfermedades de la gente de países empobrecidos. Pero si añadimos los 9, 2 millones de euros en obras y los 26, 7 presupuestados en arrendamientos, el gasto diplomático se eleva a 80,4 millones de euros y casi duplica la ayuda suprimida a cooperación desinteresada.

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El titular de Exteriores, José Manuel García Margallo, ya advirtió que su departamento se enfrentaba a un “Presupuesto de guerra” este año. De hecho, el primer ajuste, de 30 de diciembre, le restó de un plumazo 12,8 millones de euros: 5,6 en personal, 3,7 en bienes y servicios corrientes, 2,9 en inversiones y el resto en transferencias corrientes. Pero cuando el diputado de ERC, Alfred Bosch, se interesó por algunos “gastos menudos” de la red exterior, si quiera fuera para conocer la parte proporcional con la que tendría que correr Cataluña en el caso de integrar sus oficinas comerciales en las embajadas y consulados, como ha ofrecido el ministro, Exteriores comenzó a desgranar y justificar datos de interés sobre algunos contratos que requerían el visto bueno oficial.

Así sabemos que el mantenimiento de la embajada en Washington cuesta 496.363 euros anuales, pero es que el año pasado costó 545.975. Vale que el cuidado de la embajada de Tokio salga por 141.890 euros, pero es que incluye la revisión de los aparatos de aire acondicionado. Vale que la limpieza de la embajada de Berlín se haya contratado por 324.000 euros, pero el contrato es por dos años y la cuantía del gasto “es adecuada” si tenemos en cuenta que estamos hablando de un complejo de 12.000 metros cuadrados, distribuidos en ocho plantas, con seis puertas de entrada, 500 puertas interiores, pasillos y despachos enmoquetados, un auditorio para cien personas y una gran superficie acristalada. En la sede de Berlín trabajan 140 personas y en ella se celebran muchos actos públicos, exámenes de la Universidad de Educación a Distancia, recepciones, visitas oficiales, atención al público… Si es que habría que dar las gracias a la Gegenbauer Services GMBH por el ventajoso precio de la limpieza, según se deduce de la argumentación ministerial.

La presión demográfica creciente obliga a redistribuir y ampliar la cancillería de Moscú. La redacción del proyecto cuesta 570.233 euros, pero es que incluye la gestión para la obtención de la licencia de las obras, el informe sobre las empresas interesadas en ejecutarlas, la dirección facultativa de la construcción por un equipo ruso-español y sus honorarios y gastos de viaje. Por cierto, que la embajada en la capital rusa ha tenido que ampliar la acometida eléctrica de 93 kilovatios de potencia que tenía asignados a 153 que son menester, con un coste de 109.890 euros entre aperturas de zanjas en terrenos de dominio público, soterramiento de cables e implantación de arquetas de distribución.

Ya en materia eléctrica, nadie puede decir que no esté justificado el gasto de 374.159 euros en la restauración e iluminación del zaguán y el patio central del palacio de la embajada española ante el Vaticano. Téngase en cuenta que estamos hablando del Palacio de España, con fachada principal a la Piazza di Spagna, lugar de enorme concurrencia turística de los visitantes de la ciudad eterna. Y no sólo eso: es la primera embajada permanente de España en el extranjero, la estableció Fernando el Católico en 1480 y su sede fue adquirida por España en 1647, siendo el maestro del Barroco italinao, Borromini, quien diseñó la ampliación del edificio y trazó la escalera principal que sube, justamente, desde el zaguán ahora remozado e iluminado. El Gobierno considera “adecuada la inversión”, que ya venía siendo necesaria desde hace años. El edificio, con una superficie construida de 11.000 metros cuadrados y tres patios de diferente morfología –uno central y representativo y dos laterales-- iba necesitando una mano de limpieza, sobre todo en el zaguán y el patio central –columnas, solados, bóvedas y fuente-- porque con el uso continuado había acumulado demasiada cochambre o, según dice el Gobierno “bastante suciedad, que perjudicaba notablemente la percepción de los espacios”.

El valor histórico-artístico ha obligado asimismo a destinar 270.000 euros a remozar el edificio del Consulado en Alejandría que, como en otras muchas ciudades, alberga también la sede al Instituto Cervantes. Está situado en una de las principales arterias de la ciudad --la avenida Horreya, 101--, y las autoridades egipcias tuvieron la ocurrencia de incluirlo en el catálogo de edificios protegidos, lo que ha justificado la necesidad de meterle mano, máxime si, como es el caso, pertenece al Estado español. La obra incluye la renovación de la instalación eléctrica, la revisión del saneamiento y los desagües, la climatización y otros detalles no menos importantes como la impermeabilización de las cubiertas y la eliminación de humedades.

A nadie se le escapa que las embajadas y residencias de los embajadores necesitan un ajuar presentable. Para eso, nada mejor que El Corte Inglés. Estos grandes almacenes y Pedro José Villalba SA han vendido a Exteriores mantelerías de gala, de diario e individuales, cubertería oficial y servicios de mesa para las residencias de los diplomáticos por valor de 330.000 euros en los seis últimos meses. La compra centralizada y en lote permite homologar los modelos y resolver “la dificultad de la adquisición en algunos países”. La técnica de adquisición central se extiende a la ropa de cama y a las toallas, con un gasto centralizado de 141.000 euros en el último contrato. Y asimismo, abarca a las banderas, peanas, escudos y banderines por valor de 115.640 euros. En este punto cabe recordar que José María Aznar exigía, cuando era presidente, que le pusieran detrás una bandera de España antes de comparecer ante los medios de comunicación. Y si estaba en un hotel o en otro lugar y no había bandera, mandaba a buscarla a la embajada o el consulado y retrasaba la comparecencia hasta que la trajeran.

Si luego, como es el caso, hay que prescindir de la rehabilitación y ampliación de la embajada en Asunción (Paraguay) para ahorrarse la equivalencia de la provisión de símbolos, mástiles, peanas, banderas, banderines y ajuar, tanto da. Lo importante es que la bandera permanezca aunque se arríe la cooperación. Luego ya, para racionalizar el gasto, el ministro García Margallo negocia la integración de personal diplomático español en el naciente Servicio Europeo de Asuntos Exteriores (SEAE) como “expertos nacionales” con el fin de poder clausurar algunas sedes diplomáticas y de tener representación donde hoy no la tenemos. Pero tampoco la fórmula saldrá gratis.

8 Comments
  1. Zaratustra says

    Algunos embajadores y, sobre todo, cónsules, trabajan día y noche, sin límite de horadio y cometidos y justo es que lo hagan en unas condiciones mínimamente dignas.En cambio, los de las ONGs no son comparables porque no hacen negocios ni aportan beneficios tangibles. Cualquier patriota diría que eso si es tirar el dinero de todos y, además, para eso están las misiones de monjas y frailes.

  2. davidson says

    Zaratustra, tú si que no aportas beneficios tangibles ni intangibles. Para empezar, los cooperantes duermen por lo general mucho menos y trabajan mucho más que los embajadores, pero tú desde tu casita no puedes saberlo. Si fuera como tú dices la ayuda al desarrollo habría desaparecido, pero, por poner un ejemplo, el sillón en el G20+ que tiene España no es por sus representaciones diplomáticas, sino por el lugar que ocupa España en la ayuda oficial al desarrollo con ONG y financiación de programas a países en desarrollo (bilateral) y organismos interncionales (multilateral). Y de dónde crees que sale el dinero de monjas y frailes (como tú los llamas) para sus misiones, ¿de tus limosnas los domingos en misa? No, de los impuestos de los ciudadanos. Y por cierto, algunos estamos hartos de que os autodenominéis patriotas los que defendeis que el dinero de los españoles se queda en España. Eso no es patriotismo, es mirarse el ombligo.

  3. Inteligibilidad says

    Increíble zaratustra… Sugerencia al señor Díez para que siga por esta línea: publicar los sueldos, ya no de embajadores y cónsules, sino de los consejeros y en general el personal diplomático y que trabaja en embajadas y consulados… el sueldo mensual de algunos policías españoles destinados en estos centros supera lo que muchos ganamos en todo un año. Y no es broma. Imagínense ustedes un delegado o un consejero… Y por cierto, si es que somos tan idiotas de caer en patriotismo o dedicarnos a pensar en la «imagen de españa»: mucho más hace por la imagen del país su participación en proyectos de colaboración y desarrollo que la cubertería que pueda sacar el embajador de washington en la recepción de turno.

  4. Zaratustra says

    Érase una vez un tonto que no sabía que las civilizaciones dialogan todos los días en la Bolsa de Londres y organizó un diálogo dispendioso; el mismo tonto llegó a pensar que la ayuda a las ONGs le daba renta electoral, pero aparecieron los chinos.

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