El Gobierno minimiza la huelga general en la Enseñanza pública que fue seguida por el 80%, según los sindicatos

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La huelga general del 22M en la enseñanza pública fue como su nombre indica y, según los sindicatos, paralizó el 80% de los centros educativos de todo el país, con excepción de Euskadi, La Rioja y Baleares, donde no estaba convocada. El ministro de Educación, José Ignacio Wert, minimizó el impacto. Dijo que el paro sólo afectó al 22,7% y, con semblante serio, tras defender los recortes ante el pleno del Congreso, ofreció diálogo a los sindicatos.

La jornada fue pacífica, lo que no quita para que tres estudiantes fueran detenidos en Conrnellà (Barcelona) por poner silicona en la cerradura de un colegio. Varios estudiantes sustituyeran en Valencia la bandera de la consejería por una pancarta diciendo en catalán que “hasta aquí hemos llegado, estamos hartos de los recortes”. Y un grupo irrumpió en la consejería de educación de Baleares y protagonizó una sentada. El consejero no estaba y, pese a la resistencia de su secretaria, entraron en su despacho y le esperaron durante una hora. El consejero, que se llama Rafael Bosch, condenó el acto e invocó la solidaridad de todos los partidos.

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Como en toda jornada de huelga general, los piquetes informativos obstaculizaron el tráfico en las cercanías de las universidades autónoma de Barcelona y de Madrid, donde la policía detuvo a cinco estudiantes por “desórdenes públicos”. En Barcelona, la “marea verde” ocupó el centro de la ciudad; según la guardia urbana, los manifestantes fueron 25.000. Según los organizadores, 150.000.

En Madrid, más que una manifestación se produjo una concentración que ocupó la calle de Alcalá desde las19 alas 21 horas. La manifestación partió de la plaza de Neptuno y el escenario fue colocado en la de Sevilla, frente a la consejería de Educación. Sobre las 20 horas hablaron los líderes sindicales, pero los manifestantes ni les escucharon, pues la gran mayoría se extendía por Alcala hasta Cibeles y no podía avanzar. Los tambores, los pitos, las sambas y la algarabía eran formidables.

Un servidor y picapedrero optó entonces por sentarse en la terraza del Círculo de Bellas Artes. A su lado, una mujer con un bebé en un carrito, enviaba mensajes de correo electrónico desde un ordenador portátil. Las puertas del Ministerio de Educación –Alcalá 36 y 38-- estaban protegidas por ocho furgones policiales. La acera era suya. Los manifestantes exhibían pancartas dignas de leer: “Educar al PP; Aznarnos y robarnos, no; la Educación no es un gasto, es una inversión”. Y otras contra la burricie.

También coreaban consignas: “Gobierno, ladrón, recorta a los banqueros y no a la educación”. Cantaban ripios a la presidenta de Madrid: “Oe, oa, a la Esperanza le queremos preguntar cuántos negocios se dispone a montar con la enseñanza y la sanidad”. Advertían a Rajoy: “Mariano, no llegas al verano”. Y repetían al unísono: “Menos represión y más educación” o “Ya queremos ver, ya queremos ver al ministro Wert en la cola del Inem”.

En este ambiente festivo y estruendoso, Javier Alonso exhibía un curioso artefacto de viento de fabricación casera, consistente en una bomba de aire conectada mediante un tubo de goma elástica a una bubucela. “No tengo que soplar y pega unos vocinazos de la hostia”. Es un invento atronador. Entre el artefacto y los tambores a ritmo de samba, el bebé de la compañera de mesa se altera como si quisiera participar en la fiesta. Ella suelta el ordenador y le toma en brazos. El bebé abre los ojos asombrado. ¿Cómo se llama? Rubén , dice la madre, y es escocés. El cronista piensa: mejor que mejor.

A la socialista Trinidad Jiménez la confunden con Rocío Jurado, que en paz descanse; a Jesús Caldera le reconocen y algunos manifestantes le gritan “fuera, fuera” sin que la cosa llegue a mayores; a Gaspar Zarrias no le conoce casi nadie y a la responsable de participación y redes sociales del PSOE, María González, no la reconocen. Pasa el coordinador general de IU, Cayo Lara, y otros compañeros que durante la jornada han exhibido camisetas verdes en el pleno del Congreso. Algunos les reconocen y les aplauden.

Grupos de estudiantes desbordan a la organización, llegan a la Puerta del Sol y se sientan sobre el adoquín. Los antidisturbios acechan en las calles adyacentes. Ellos les gritan: “Aquí están, estos son, el fracaso de la educación”. Pasadas las diez de la noche, los corros de estudiantes se disuelven. “Por mucho que estudie, me quitarán la beca”, dice Juanfran, de Filosofía de la Autónoma. Junto a él, dos compañeras maldicen al PP.

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