Chacón obliga a Rubalcaba a exigir una comisión de investigación sobre Bankia

Rubalcaba conversa con Soraya Rodríguez, en presencia de Eduardo Madina, al comienzo de la reunión del Grupo Parlamentario Socialista, celebrada el martes, día 29, en la que Carme Chacón, entre otros dirigentes, reclamaron que el POSE pidiera una comisión de investigación sobre Bankia. / Juan Carlos Hidalgo (Efe)

Caiga quien caiga. No no es admisible dejar ayuno al Parlamento, a la opinión pública y a la ciudadanía sobre lo que ha pasado en Bankia, sobre sus necesidades de 23.000 millones de euros –se dice pronto– y sobre quiénes y cómo van a gestionar la cuarta entidad bancaria de este país. Por eso cincuenta diputados del PSOE suscribieron el miércoles una propuesta para crear una comisión de investigación, algo que, desde el primer momento, había pedido el coordinador general de Izquierda Unida, Cayo Lara.

El objetivo es que los golfos den la cara. El huevo del conglomerado de Bankia (7 cajas de ahorros) estaba podrido y ha estallado con la intesidad de su pestilencia. El secretario general, Alfredo Pérez Rubalcaba, siempre dispuesto a salvar la economía –incluida la especulativa– se había olvidado en sus conversaciones con Mariano Rajoy de que el PSOE es un producto de izquierda, de mil y una leches, y que Carme Chacón, una mujer insumisa y valiente, reclamó públicamente una comisión de investigación. De inmediato, las masas parlamentarias -si así podemos llamarlas- se pusieron de su lado.

Publicidad

El texto que presentaron los socialistas dice que hay que conocer, analizar y evaluar las causas que han originado la situación de Bankia. Estamos hablando de la cuarta entidad financiera española o, si se prefiere, del 10% del sistema especulador que consiste en agarrar el dinero de los ahorradores con una mano y entregarlo a los inversores con otra. La gestión de cada una de las entidades que formaron el grupo BFA-Bankia,  singularmente Caja Madrid y Bancaja, debe ser analizada al por menor, no sólo, como dice el ministro Luis de Guindos, para constatar el error de la fusión, sino para desenmarañar el sistema de abusos y pérdidas que instigaron la fusión.

Las decisión estratégica de unir aquellas cajas mangoneadas por el PP, con el icono Rodrigo Rato tocando la campana de la salida a bolsa y la imposible prosperidad para cubrir agujeros, merece un repaso en términos judiciales o de pasado. Y la incompetente actuación supervisora del Banco de España, que en las mismas fechas intervino la Caja de Castilla-La Mancha para garantizar los depósitos ante la nefanda gestión del socialista Hernández Moltó, exige una explicación.

Nada de lo ocurrido en Bankia es gratuito. Cuesta una pasta al Estado. Hay que conocer los compromisos de la nacionalización, hay que explicar las discrepancias entre los valores de los bienes del conglomerado y los resultados contables, hay que saber quiénes y por qué han hecho trampa para forrarse a cuenta y costa de la entidad, hay que saber si el futuro, con Goirigolzarri Tellaetxe, será tan brillante y próspero como sostiene el ministro De Guindos al manejar nuestro dinero y, también, hay que saber por qué el Ejecutivo, ya fuera el pícnico Pedro Solbes o la híspida sucesora Elena Salgado, desaconsejaron e impidieron la intervención en 2008 y los años que siguieron de las cajas de ahorros infestadas de activos tóxicos derivados del fomento de la especulación inmobiliaria.

La exigencia de una comisión de investigación parlamentaria, que estaría compuesta por tres miembros del PP, tres del PSOE y uno de cada grupo restante, y trabajaría durante tres meses, de modo que a final de septiembre todos supiésemos las causas, latrocinios y consecuencias de la crisis del invento bancario era lo mínimo que podía proponer el PSOE ante la negativa del PP a que comparezcan Rato, Mafo y otros ejecutivos implicados. Y, sobre todo, ante el ardid gubernamental de citar al director de Caixa Cataluña hasta 2010, Narcis Serra, al mencionado Moltó, Solbes, Sagado y demás familia. La comisión investigadora, como petición formal, permitirá a Rubalcaba evitar el reproche interno de Chacón, aunque, como dice el refrán, a voluntad determinada, escusado es consejo, y en este caso, el Gobierno ha decidido que no hay nada que investigar porque ni Esperanza Aguirre, superviviente en dos accidentes y un atentado, ni los gurtélidos y gurtófagos valencianos que se pagaban sus trajes merecen máscaras infamantes.