El Parlament apoya el pulso de Mas al Gobierno español por el pacto fiscal

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Marta Lasalas *

BARCELONA.– Cataluña, que durante años se ha considerado una de las locomotoras económicas del estado español, sobrelleva hoy con profunda angustia las inclemencias de la crisis económica. Después de meses de recortes y estrecheces, el Govern reconocía el martes que muy probablemente no le quedará más remedio que recurrir al fondo de liquidez autonómico aprobado el pasado 13 de julio por el Consejo de Ministros. “Catalunya no tiene otro banco que el gobierno de España. Así es la vida”, sentenciaba el conseller de Economía, Andreu Mas Colell, en declaraciones a la BBC.

Con este nuevo revés zumbando en las castigadas orejas de los ciudadanos catalanes, el Parlament debatió y aprobó ayer el que ha de ser el proyecto central de la legislatura, el pacto fiscal. La propuesta parte de la constatación que los sucesivos sistemas de financiación que ha tenido la Generalitat y el déficit fiscal que de ellos se deriva provocan un grave perjuicio para la economía catalana. Ante esta situación, el Parlament reclama un cambio de modelo, inspirado en el concierto vasco, en el que la recaudación y gestión de los impuestos corresponda a la Agencia Tributaria de Cataluña, “que ha de ser la única administración responsable”. Catalunya ha de disponer de plena capacidad normativa sobre todos los impuestos y establecerá una aportación al Estado –el equivalente al cupo- en concepto de competencias o servicios comunes y de cooperación interterritorial.

Este texto es el resultado de meses de negociaciones, dos cumbres de todos los partidos y un apoyo muy mayoritario de los ciudadanos y del tejido social y económico catalán a la propuesta. Las conversaciones entre los grupos parlamentarios se alargaron hasta el último momento y, finalmente, la votación cosechó el apoyo de los diputados de Convergència i Unió (CiU), los republicanos de ERC y los ecosocialistas de ICV-EUiA. El PSC apoyó una parte sustancial del texto, mientras que el PP se abstuvo, pero algunos puntos básicos, como la creación de la Agencia Tributaria única recibieron la abstención socialista y el no de los populares.

Se trata de un auténtico ejercicio de encaje de bolillos parlamentario, especialmente para PP y PSC, que durante los últimos meses se han debatido entre las directrices de las respectivas direcciones estatales y la necesidad de escuchar la opinión favorable de los ciudadanos catalanes al pacto fiscal. La tensión interna de este debate se ha cebado de manera especial en la formación socialista –aún en proceso de digestión de su nueva dirección- y estalló por sorpresa en el hemiciclo con la decisión del exconseller Ernest Maragall –hermano del expresidente Pasqual Maragall- de romper la disciplina de voto y apoyar la Agencia Tributaria catalana. Por el contrario, no tuvieron dudas los diputados españolistas de Ciutadans y los de Solidaritat per la Independència que, por razones diametralmente opuestas, votaron en contra del texto.

El president Artur Mas arrancó su intervención ante el pleno advirtiendo de la enorme transcendencia y la profunda carga histórica de la iniciativa. Después de insistir que Cataluña padece un déficit fiscal insostenible, el president sentenció que “con la mitad del déficit fiscal, Cataluña tendría déficit cero y no tendría que hacer los ajustes que está haciendo”. “El pacto fiscal es la respuesta a casi todas las necesidades, inquietudes y retos del momento”, aseguró. Ante las voces reticentes que apuntan a la inoportunidad de plantear esta negociación, replicó con un contundente “ahora o nunca. Por tanto, ahora porque el nunca no nos lo podemos permitir”.

Los socialistas admitieron la coincidencia en el diagnóstico del Govern pero rechazaron el concierto como la fórmula adecuada y advirtieron a CiU que no contarán con el apoyo del PSC si optan por ejercicios de “gimnasia independentista”. Más contundente fue la líder de los populares, Alicia Sánchez Camacho, que emplazó a los nacionalistas a no provocar un choque de trenes con el gobierno español.

La gran duda que quedó sobrevolando en el hemiciclo es cuál será la respuesta del Govern si la iniciativa choca, como es previsible, contra la negativa del Ejecutivo español. “Deberíamos hacer entender a España que si alguna cosa es el pacto fiscal es la última estación en la relación entre Cataluña y España, la última estación conocida antes de entrar en terreno desconocido”, fue el contundente aviso del presidente del grupo de CiU, Oriol Pujol.

(*) Marta Lasalas es periodista.

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