Doble vara inglesa: de protectores de Pinochet a justicieros de Assange

Baltasar Garzón, abogado del fundador de WikiLeaks, Julian Assange, ayer, respondiendo a los medios frente a la embajada de Ecuador en Londres. / Facundo Arrizabalaga (Efe)

No por odiosa en algunas ocasiones deja de ser la comparación una herramienta más del conocimiento. Si comparamos la actitud de las autoridades de Reino Unido ante las extradiciones solicitadas para juzgar al dictador chileno Augusto Pinochet y al cibernauta Julian Assange, su doble vara de medir salta a la vista y la justicia sale vareada. La detención y extradición de Pinochet fue solicitada por el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón al saber que estaba en Londres. El dictador debía ser llevado a Madrid para ser juzgado por los crímenes de lesa humanidad que pesaban contra él en el sumario abierto a instancia de la acusación popular y particular encabezada por el letrado Joan Garcés. Era el año 1998, en España gobernaba Aznar y en Reino Unido Blair. Los dos decidieron que el dictador no era extraditable. La famosa Dama de Hierro Margaret Tatcher llegó a considerar a Pinochet “el único preso político” existente en su país.

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Entonces el sagaz ministro del Interior Jack Straw bloqueó la extradición de Pinochet aceptando el ardid del defensor –abogado también de los intereses de Endesa en Chile–, Pablo Rodríguez Grez, un antiguo organizador del grupo paramilitar Patria y Libertad que practicó el terrorismo y la desestabilización contra el gobierno de Salvador Allende, de que el imputado estaba muy enfermo y padecía debilidad mental. Luego, por razones humanitarias, le devolvieron a Chile, y ya recordarán que su enfermedad era tan grave que prescindió de la silla de ruedas en cuanto bajó del avión.

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Aquella burla a la justicia por razones políticas vuelve a repetirse ahora en el caso de Assange, también por razones políticas, aunque no para librarle de la justicia precisamente sino para que la Administración estadounidense pueda echarle el guante y perpetrar una injusticia. El fundador de Wikileaks no es un militar golpista que haya asaltado el poder a sangre y fuego. No pesan contra él crímenes de lesa humanidad. El gobierno sueco pide su extradición para que responda de las denuncias de supuesta violación presentadas por dos mujeres que mantuvieron relaciones voluntarias con él.

Pero Assange no es un violador cualquiera. Sabe que la acusación sólo es una tapadera para entregarle a Estados Unidos, donde se han oído voces, incluso de un senador, reclamando la pena de muerte contra él por la divulgación en Wikileaks de los cables secretos del Departamento de Estado que han puesto de relieve el matonismo y el descrédito de la política exterior estadounidense. Por eso cuando agotó las apelaciones contra la extradición, pidió asilo político en la embajada de Ecuador, en la que permanece desde junio pasado. Ante la amenaza de asalto a la embajada, el presidente Rafael Correa le concedió el jueves asilo diplomático.

Ayer Assange pidió a Barack Obama que “termine con la caza de brujas contra Wikileaks”. En una intervención desde el balcón de la embajada de Ecuador en Londres, reclamó al presidente de Estados Unidos que se pronuncie sobre las revelaciones de crímenes del FBI. “Le pido al presidente Obama que haga lo correcto; Estados Unidos debe asegurar que no continuará deteniendo y persiguiendo al personal de Wikileaks ni a sus seguidores”.  También solicitó la liberación del soldado Bradley Manning, detenido en Estados Unidos por la supuesta filtración de información confidencial a Wikileaks. El soldado ha cumplido 815 días en la cárcel sin juicio, cuando el máximo legal establecido son 120 días, recordó.

En su alocución citó a su amigo Nabeel Rajab, presidente del Centro de Derechos Humanos de Bahréin, condenado a tres años de cárcel por un tweet y se solidarizó con las jóvenes condenadas en Rusia por una canción sobre Putin. Pero, sobre todo, agradeció el apoyo de los reporteros y simpatizantes, cuya presencia, dijo, evitó que la policía inglesa irrumpiera el miércoles en la embajada por la puerta de servicio para detenerle. Las autoridades negaron inmediatamente que hubieran intentado asaltar la embajada. Como se recordará, el Foreing Office amenazó el jueves con irrumpir en la embajada, lo que habría sido una violación del territorio diplomático ecuatoriano y una vulneración de la Convención de Ginebra con graves consecuencias. Assange también agradeció su estatus de refugiado diplomático al presidente ecuatoriano Correa, así como el apoyo de la mayoría de la OEA a su actuación. “Seguiremos luchando por la justicia”, afirmó.

Su abogado defensor, Baltasar Garzón, dijo a los periodistas congregados ante la embajada que ha pedido garantías a la justicia sueca para que no extradite a su cliente a Estados Unidos. “Nunca ha rehuido responder ante Suecia, sólo solicita unas garantías que no han sido atendidas”. El magistrado, suspendido por el Supremo a raíz de su investigación sobre la trama Gürtel de corrupción en el PP, negó que esté negociando la salida del acusado y explicó que Assange le ha pedido que inicie “la batalla legal para conseguir el salvoconducto y que se respeten los derechos fundamentales tanto de mi cliente como de Wikileaks y las personas vinculadas. Julian Assange siempre ha luchado por la verdad y la justicia y ha defendido los derechos humanos y continuará haciéndolo para que los derechos de Wikileaks y sus propios derechos y de los que están siendo investigados sean respetados”, concluyó.