La policía revienta la multitudinaria manifestación del 25S

Aníbal Malvar *

Imagen de la multitudinaria manifestación que partió ayer desde la Plaza de España hasta la de Neptuno. / Juanjo Martín (Efe)

Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

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Son las tres de la madrugada del día 26 de septiembre y no suena el teléfono. Espero la llamada de Andrés. Un tío alto, rubio y de unos 19 años. A las nueve de la noche, casi en punto, yo estaba tomando notas a un metro del cordón policial de la orilla izquierda de la plaza de Neptuno. A pocos metros del Congreso de los Diputados. Los representantes del pueblo. Y de repente la policía se echó sobre nosotros. A mí me pegaron poco porque llevaba libreta. Solo un empujón de porra. No vi nada. Después me levanté y vi a Andrés y a sus colegas con la cara pálida.

-¿Qué os ha pasado?

-Joder, que al colega le han dado un porrazo en la cabeza. Un hostiazo, de verdad. Un hostiazo. No estábamos haciendo nada.

-A Pablo.

-¿Qué?

-Se ha quedado en el suelo. Y después vinieron otros dos y le dieron más.

-Yo lo cogí y les dije que pidieran una ambulancia.

-Bueno, hostia. Tranquilos. ¿Qué cojones ha pasado?

-Les dije que pidieran una ambulancia. Para llevarnos a Pablo. Y lo metieron dentro del cordón policial.

-Después vino un policía y nos dijo que tranquilos, que yo lo trasladaban los del Samur.

-Bueno, tranquilos, tíos. Seguro que no pasa nada. ¿Me dejáis un teléfono, por si acaso?

-Claro. Apunta.

Apunto y me voy. A las doce de la noche, empieza a rodar el runrún de que han dejado a un chaval parapléjico de un golpe. Mal rollito. A la una de la madrugada, marco el teléfono de Andrés.

-¿Sabéis algo de Pablo?

-No, nadie coge los teléfonos…

-¿Sabes lo que se está diciendo?

-Sí, sí.

-Tío, llámame a cualquier hora.

-Joder, tío, sí. Y tú llámame también, si sabes algo.

Yo voy a contar lo que vi. A la mierda la objetividad periodística y los datos. Y estuve más de seis horas por Neptuno. Y Prado arriba, y Prado abajo. Y no observé ni una sola provocación entre los presuntos 6.000 manifestantes. Y, si solo eran 6.000 manifestantes, como asegura la Delegación del Gobierno, sufrían todos de sobrepeso, porque inundaron el centro de Madrid. Y, además, si hubieran sido solo 6.000 manifestantes, había 1.400 policías, un policía por cada cuatro manifestantes, y entonces no entiendo, y quizá eso justifique que me retiren el carné de prensa, que un policía armado de porra, chaleco antibalas, pistola, escopeta de bolas, casco, guantes, escudo de metacrilato y esposas no pueda reducir a cuatro chavales como Andrés, o a cuatro subjetivos periodistas como yo.

Uno de los manifestantes agredidos durante la concentración convocada por el 25S junto al Congreso. / Juanjo Martín (Efe)

O a Francisco Rama, de 63 años, a quien golpearon tres agentes, vulnerando la proporción agentes/manifestantes, primero hacia el pecho, golpe que detuvo con el codo pero que lo derribó. Y después, otros dos, en el suelo, continuaron aporreándolo. Un tercer agente le soltó una patada en el vientre. Un cuarto UIP (unidad de intervención policial) detuvo la paliza. Yo, subjetivo, lo vi.

-Pero hostia, ¿qué estáis haciendo? ¿Qué cojones estáis haciendo? Dejadlo. Dejadlo ya.

Me acerco a Francisco Rama. Los dos un poco doloridos.

-¿Estás bien?

Se remanga la camisa y me enseña el moratón del brazo.

-Bien, sí. Bien.

-Bueno. Tranquilo. ¿Los vas a denunciar?

-¿Denunciar? ¿Denunciar a quién?

Tiene razón. Solo dos o tres de los casi cien policías de la UIP que hacen círculo ante nosotros no han tapado su número de identificación con una pegatina.

-Bueno, lo he visto -tomo partido sin querer: el momento-. Te han pegado sin… No hiciste nada.

-Mira. Esto es tan habitual en las manifestaciones que si lo denunciáramos colapsaríamos los juzgados. Yo no quiero eso, ¿sabes?

Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

Dicen que algunos manifestantes golpearon a policías. Ahí yo no estaba. Y lo siento. Quizá sea verdad. He visto un vídeo. Pero en persona no he visto a un solo policía agredible, porque no había patrullitas ni parejas ni despistados, y era difícil encontrar a alguno alejado de un grupito de otros veinte UIP. Muy armados. Muy feroces. Muy con casco y con pistola. Hay quien dice que había secretas entre los agitadores. Que fueron los que montaron las presuntas peleas. Que es un puto montaje. No lo sé. Más subjetividad. Nadie puede estar en todas partes. Aunque se intenta. Lo otro sí lo vi.

Manifestantes sentados y arrodillados intentando evitar la intervención policial, ayer, en Neptuno. / Kote Rodrigo (Efe)

-Me estoy meando -dice un chaval abriéndose paso entre la multitud de 6.000.

-Vamos a los baños del Congreso -le contesta su novia con la más irónica sonrisa que nunca había visto.

Entre los 6.000 que habían llenando el centro de Madrid, según la delegación del gobierno, un chaval rubiete y con barba de dos días cogió un megafonito y se dirigió a los circunspectos agentes.

-Hay que recordarle a la policía que cuando te levanta la porra se la está levantando a sus hijos, a sus amigos, a sus familiares. Piénsatelo dos veces cuando levantes la porra y me pegues.

Y fue un discurso hermoso. Con palabras bien pronunciadas por el chaval y nada procaces. Pero quizás olvidando que un policía que no obedece órdenes es arrojado del cuerpo sin posibilidad de vuelta. Y mañana por la mañana, si alguien te quiere matar, él ya no estará en tu calle.

La Comisaría General de Seguridad Ciudadana les había ordenado ayer, incluso, saltarse la legalidad. Lo confirmó el agente con placa 78826, a las siete de la tarde, en la esquina de Zorrillla con Prado. Julián lleva media hora intentando, junto a otros 20 o 30 ciudadanos, ejercer su derecho constitucional a presentar un escrito ante el Congreso. No les dejaron. ¿Qué decía el escrito? Qué más da. No les dejaron. Ni siquiera los agentes se prestaron, como es su obligación, a acompañar o sustituir a los ciudadanos presentando el democrático, constitucional y legal escrito. Artículo 542 de nuestro Código Penal y 77 de nuestra Constitución:

Empecemos por la segunda:

Las Cámaras pueden recibir peticiones individuales y colectivas, siempre por escrito, quedando prohibida la presentación directa por manifestaciones ciudadanas.

Las Cámaras pueden remitir al Gobierno las peticiones que reciban. El Gobierno está obligado a explicarse sobre su contenido, siempre que las Cámaras lo exijan. La presentación de las peticiones puede hacerse de forma directa, en persona o a través de terceros, en el horario de Registro General de la Cámara (BOCG Congreso, serie D, núm. 1, de 12/04/2000) o mediante su remisión por correo. Ahora bien, la Constitución veta la presentación directa por manifestaciones ciudadanas, lo que no obsta a que una delegación de los peticionarios formalice la presentación en el Registro, siempre que el resto de los mismos no obstaculice el normal funcionamiento de la actividad parlamentaria.

-Nos dijeron que estaba cerrado el registro. Llamamos por teléfono, y nos confirmaron que estaba abierto -dice uno.

Y sigamos por la primera:

Incurrirá en la pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público por tiempo de uno a cuatro años la autoridad o el funcionario público que, a sabiendas, impida a una persona el ejercicio de otros derechos cívicos reconocidos por la Constitución y las Leyes.

Pues no hubo manera.

Dicen las cifras oficiales que 64 heridos, 28 detenidos y casi ningún muerto.

En resumen. Que hacía viento en Madrid. Ya se ha dicho. Un viento que amenazaba tormenta. Viento del pueblo, quizás. Nunca se sabe.

¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?

Por cierto. Los versos son de Miguel Hernández. La rabia es mía.

(*) Aníbal Malvar es periodista y escritor.