Por qué los políticos caen en escándalos sexuales

La concejala socialista Olvido Hormigos, durante un pleno del Ayuntamiento de Los Yébenes (Toledo). / Efe

De tanto en tanto los escándalos sexuales amenizan la política. La difusión de la vida privada y las escenas íntimas de dirigentes y altos cargos responde a diversos motivos, posee muchos ángulos y presenta distintos planos, como corresponde a situaciones poliédricas. En muchas ocasiones, es promovida por enemigos políticos y, casi siempre, es aprovechada por los adversarios para infligir el mayor daño y descrédito posible a las víctimas. En el origen de la difusión podemos encontrar el despecho, el impulso bastardo del chantaje, el instinto de venganza…, aunque, alguna vez, responde también a la denuncia periodística de abusos de poder para satisfacer caprichos carnales. Y, desde luego, como en los recientes videos eróticos de la viceministra de Cultura de Costa Rica, Karina Bolaños, y de la concejala socialista de los Yébenes (Toledo), Olvido Hormigos, podemos encontrar una traición evidente y un efecto demoledor en la utilización de las redes sociales. Ahora la reforma del Código Penal castigará con penas de 6 a 12 meses de prisión la difusion no autorizada de imágenes íntimas.

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Si hacemos un correlato enseguida vemos que la cuestión sexual ha sido utilizada como arma arrojadiza en la refriega política. En España, el primer coordinador de Izquierda Unida (IU), Gerardo Iglesias, un minero asturiano del PCE, fue muy criticado por su vida nocturna en Madrid.  El socialista Alfonso Guerra, que mantuvo una larga relación extramatrimonial siendo vicepresidente del Gobierno, llegó a tildar de “mariposón” al actual jefe del Ejecutivo, Mariano Rajoy, y se vio obligado a aclarar el concepto –“que va de flor en flor”, dijo–  y a pedir disculpas a Rajoy. La ya expresidenta de la Comunidad de Madrid Esperanza Aguirre se confesó “sexualmente liberal” a un sindicalista. Los “chismes” y rumores sobre las relaciones extramatrimoniales de ministros, ministras y altos cargos han jalonado las tres últimas décadas de democracia. Si del deterioro del rumor dañino y las informaciones morbosas pasamos al abuso de poder para satisfacer apetencias sexuales –lo que debería conllevar un plus de pena y justificar la difusión de imágenes por muy íntimas que sean–, enseguida encontramos el famoso caso de aquel alcalde de Ponferrada (León) Ismael Álvarez que ni dimitió siquiera cuando fue acusado por la concejala de su partido, el PP, Nevenka Fernández, de agresiones sexuales. Relevantes damas del PP salieron entonces en defensa del regidor. Y aunque fue condenado, nueve años más tarde volvió a concurrir a las elecciones.

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En el reciente caso de la concejal socialista de los Yébenes (Toledo), la difusión en las redes sociales de un vídeo grabado por ella misma para un amigo, en el que aparecía acariciándose, provocó un escándalo monumental que la llevó a presentar su dimisión, aunque después, animada por miles de mensajes de apoyo, la retiró y sufrió, eso sí, los insultos e imprecaciones de un grupo de individuos con aspecto de sepulcros blanqueados. La concejala Hormigos pudo constatar que el video privado había sido difundido desde la propia alcaldía, cuyo titular del PP se librará sin embargo de la reforma penal sin efectos retroactivos del ministro Gallardón. No tuvo tanto apoyo la viceministra costarricense Bolaños en un caso similar y fue destituida inmediatamente, como si aparecer en bragas en tu cama abrazando una almohada equivaliese a un delito, cuando lo realmente punible es la supuesta violación del derecho a la intimidad en ambos casos.

La utilización de los escándalos sexuales como arma política por parte de los enemigos en la lucha por el poder quedó patente en el caso del director gerente del Fondo Monetario Internacional, el francés Dominique Strauss-Khan. Este hombre con fama de mujeriego y una causa judicial pendiente por el acoso denunciado por una periodista reunía las características –incluido el Khan asiático de una saga famosa por sus harenes– para que la denuncia de acoso de la empleada de un hotel de Nueva York fuera creíble y le costara la detención, el encarcelamiento y un proceso judicial. Aunque la indagación de sus señorías reveló la falsedad de los hechos, Strauss-Khan fue relevado automáticamente de su cargo al frente del FMI y tuvo que renunciar a su carrera política en el PSF como aspirante a la presidencia de la República de Francia. En este, como en otros casos, Sherlock Holmes se preguntaría: “¿Quién es el criminal, amigo Watson?” –entendido el “crimen” como “la creación de una vacante”, que diría Ambrose Bierce–, y la respuesta tendría que buscarse entre los beneficiarios del crimen.

En una casuística tan poliédrica como los escándalos eróticos y sexuales de los políticos ahora sabemos que el exprimer ministro italiano y magnate de la televisión Silvio Berlusconi era partidario del “sexo seguro”. Este hombre rejuvenecido por la cirugía estética temía verse sorprendido por un bombardeo o un asalto a mano armada mientras disfrutaba con sus amigos políticos y empresarios de las famosas orgías en su mansión Villa Certosa, en Cerdeña, así que mandó excavar en la roca una salida subterránea al mar. Antonello Zappadu consiguió fotografiar en 2009  las orgías y dejó al descubierto el abuso de medios públicos, incluido el avión oficial, para el asueto y disfrute privado del mandatario y sus amigos. El derroche y la falta de probidad fue un auténtico escándalo. El reportero, que vive en algún lugar de Colombia, ha completado la información en su página web con las imágenes del túnel submarino, un ingenio excavado en la roca en 2004 bajo la mansión privada del magnate y con cargo al público erario. En España, la difusión de esas fotografías será delito a partir de la reforma Gallardón.

Desde las orgías de Calígula en la antigua Roma no han faltado autócratas que se han prevalido del poder para hacer realidad sus deseos y caprichos sexuales. En la España medival, la pernada fue un derecho nobiliario que aún hoy practican jefes y directivos de empresas. En la democracia estadounidense, Thomas Jefferson fue acusado de esclavizar a Rally Heming, con la que tuvo varios hijos; John F. Kennedy mantuvo su nomadismo sexual después de acceder a la presidencia de EEUU y se relacionó Marilyn Monroe, Angie Dickinson y con la cabaretera Blaze StarrBill Clinton las pasó canutas por sus devaneos y alegrías con la becaria Mónica Lewinsky, quien llegó a regalarle varias corbatas con el mensaje: “Cuando te las pongas sabré que estoy cerca de tu corazón”. Clinton se puso una de aquellas corbatas el día que cumplía 52 años, la edad inversa de la becaria, y quedó así señalado en todas las imágenes que le tomaron junto a su familia. Aunque lo negó todo, acabó reconociendo que había mantenido relaciones físicas inapropiadas con la subordinada y pidió perdón al pueblo estadounidense. Después de todo, el castigo penal por la difusión de imágenes privadas, viene a reforzar el derecho constitucional a la intimidad y la propia imagen. Aunque la cuestión es, en el caso de los políticos y personajes notables, si el daño seguirá siendo más rentable que la multa de 12 meses de prision.