La crisis y la aspiración de “un nuevo estatus compartido” con España obligan a Urkullu a entenderse con PSOE y PP

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Los datos comparativos de 2009 para EH-Bildu se corresponden con la suma de los escaños obtenidos por Aralar y EA. / Gráfico: Gobierno Vasco (elecciones.net) y elaboración propia.

Los resultados de las elecciones del 21-O no han permitido al líder del PNV y próximo lehendakari vasco, Iñigo Urkullu, gobernar en solitario. Su partido se ha quedado a 11 escaños de la mayoría absoluta y necesitará de uno más grupos para llevar adelante su política.

Será una política basada en la centralidad, no escorada en exclusiva ni a la izquierda independentista de EH-Bildu, su adversario directo en la disputa del voto abertzale, ni inclinada abiertamente a los constitucionalistas, especialmente al PSE-PSOE, que es el único partido con el que podría formar gobierno o alcanzar un pacto estable de legislatura ya que la suma de sus escaños da 43 y la mayoría son 38 (sumados al PP, los nacionalistas se quedan en 37, a un diputado del número necesario para aprobar una ley).

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Urkullu, en la comparecencia de anoche ante sus seguidores, tras conocer los resultados electorales. / Alfredo Aldai (Efe)

La disposición de Urkullu a convertir al PNV en el paladín de la centralidad política, en  la única fuerza capaz de atraer a ciudadanos de los dos bandos (nacionalistas y constitucionalistas, por simplificar), le obliga a convenir su programa de gobierno con el PSOE y a acordar los temas de fondo, sobre todo en la batalla contra la crisis, con el PP, el partido que gobierna en Madrid. Aunque, como consecuencia de la fuerza adquirida por HB-Bildu, el PNV no puede reeditar los pactos de gobierno que mantuvo con el PSOE hasta mediados los noventa (cuando el entendimiento entre nacionalistas y socialistas era tal que Tixki Benegas ganó unas elecciones y dejó que José Antonio Ardanza fuese el lehendakari con Ramón Jáuregui de vicepresidente), sí puede alcanzar un pacto de legislatura. Sin embargo, la presión independentista impedirá al PSOE comprometerse a fondo (además, hay un sector contrario al entendimiento con el PNV) por más que Urkullu haya ralentizado sus propuestas soberanistas y plantee la reforma del Estatuto mediante una consulta popular para el año 2015.

En este punto, Urkullu demuestra que no ha olvidado la lección que supuso el Plan Ibarretxe. Y, al margen de reuniones secretas y otros actos de propaganda más o menos rentable, no quiere ni oír hablar de imitar el proceso catalán.

Ni siquiera pisa el acelerador en un momento en el que la suma de votos y escaños de los abertzales (PNV y Bildu suman el 59,64% de los votantes y 48 escaños en el nuevo parlamento vasco) podría provocar un ventajoso enfrentamiento soberanista con el Gobierno de Mariano Rajoy. Todo lo contrario. Del citado Plan de Ibarretxe, el PNV aprendió que plantearlo le llevó al aislamiento y que acabar tragándoselo políticamente sólo benefició a la izquierda abertzale, su mayor rival en el ámbito político y electoral.

Anoche, significativamente, Urkullu dejó clara su intención de “propiciar acuerdos amplios, estables, plurales» que deben girar en torno a tres ejes: la reactivación política, el alcance de la paz y la consecución de “un nuevo estatus  político compartido”. Para el PNV, añadió, lo prioritario es «afrontar la grave situación de crisis económica» e institucional que hay en el Estado español y en Europa. También pidió el apoyo de toda la sociedad vasca, no solo de los partidos políticos, para construir «el futuro de Euskadi».

El 'lehendakari' Patxi López compareció anoche en Bilbao ante los periodistas para valorar el desenlace de las elecciones vascas. / Adrián Ruiz de Hierro (Efe)

Pero nadie sabe qué harán el PSE-PSOE y el PP en lo que se refiere a la gobernabilidad. Es un enigma. Patxi López y Antonio Basagoiti están a la espera de ver qué dicen sus direcciones a partir de hoy mismo tanto en Euskadi como en Madrid, y están más pendientes de cuál será su propio futuro en el partido que de la estrategia a seguir en el Parlamento de Vitoria. Ninguno de los dos tiene rivales internos serios. Ni siquiera Jaime Mayor Oreja, dicen en el PP, se atreverá a cuestionar a Basagoiti, aunque haya criticado su política de apoyo a los socialistas en lo referido a la lucha contra la agónica ETA y sus presos.

Más allá de la declaración de López de que "en estas elecciones no termina la aventura socialista en Euskadi" y de que asume su responsabilidad tanto en el gobierno como en la oposición, sólo quedó ayer el mensaje del secretario de Organización, Alfonso Gil,  quien afirmó que el PSE va a seguir siendo "influyente" en la política vasca y que el PNV deberá elegir "si tener un gobierno fuerte" o arrancar en minoría (en la investidura). Curiosamente, Bildu y Ezker Anitza-IU (está última ha quedado fuera del Parlamento) han asegurado durante la campaña que ese pacto ya está fraguado.

Pero López, a quien nadie puede quitarle el mérito histórico de haber presidido el Gobierno vasco que acabó con ETA, lleva la procesión por dentro. Porque al margen de los escaños obtenidos (el PNV ha perdido 3, el PP otros 3 y el PSOE 9, en tanto que Bildu sube 12 si se tiene en cuenta que EHAK alcanzó los 11 hace dos elecciones), el  dato de los votos es más que significativo. Del 2009 al 2012, López ha perdido 106.173 votos, en tanto que Basagoiti ha perdido 16.241 papeletas y Urkullu otras 16.035. Una diferencia clamorosa.

Por perder, fuera de la izquierda abertzale ha perdido votos hasta la UPyD de Rosa Díez, que consigue un escaño con 21.492 votos, pero pierde 741.

Laura Mintegi, cabeza de lista de EH-Bildu, hace un gesto de triunfo, anoche, al conocer los resultados de su formación. / Miguel Toña (Efe)

La fuerza claramente emergente es EH-Bildu con sus 276.989 votos y 21 escaños, cifra que supera todas las anteriores y, sobre todo, los 100.939 votos nulos que computó hace tres años y los 100.712 de Aralar (62.514) y EA (38.198), fuerzas ahora integradas en la coalición abertzale dominada por Batasuna. Su éxito estaba garantizado, como adelantaron todos los analistas, propios y ajenos, porque ha capitalizado el final de ETA, ha agrupado a la totalidad de la izquierda abertzale, ha explotado el victimismo de los presos gracias al mantenimiento de Otegui en prisión y ha moderado su mensaje mediático colocando a candidatos populares. Y, encima, sus principales adversarios han pagado la crisis económica gobernando en Madrid, el PP, o en Euskadi, el PSE-PSOE.

Su candidata, Laura Mintegi, se felicitó por los resultados conseguidos por EH Bildu y destacó que, incluyendo al PNV, dos de cada tres parlamentarios serán nacionalistas, por lo que hay que intentar crear «un Euskadi libre» dentro de Europa. Sobre su actuación pro-independentista en el Parlamento de Vitoria fue clara. «Es hora de empezar a pensar como pueblo, de parar las órdenes que llegan de Madrid», enfatizó.

Los resultados, ligados a los de Galicia, afectarán a la dirección de Madrid por más que su secretario de Organización, Oscar López, señalara ayer que Alfredo Pérez Rubalcaba no piensa dimitir y no cambiará de estrategia. "La línea de oposición tiene como fin el interés general y no se guía por resultados electorales. En una situación como la que atraviesa España, el PSOE va a seguir haciendo una oposición útil para el país", añadió antes de afirmar que tanto Pachi Vázquez, el candidato gallego, como Patxi López vasco cuentan con el respaldo de Ferraz.

En el caso del dirigente vasco, no obstante, la idea de Rubalcaba es potenciarlo políticamente en Madrid. Su proyecto es que salga elegido senador por la Comunidad Autónoma vasca y acabe siendo portavoz del Grupo Socialista en el Senado en sustitución del actual, Marcelino Iglesias.

Gráfico: Gobierno Vasco (elecciones.net) y elaboración propia.
1 Comment
  1. krollian says

    UPyD 21.492. Un escaño. Ezker Anitza-Izquierda Unida 30.179. Escaños Cero.

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