Ni en castellano ni en bolas

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El diputado de ERC Joan Tardà abandona la tribuna de oradores del Congreso tras ser expulsado, ayer, día 11, por el presidente de la Cámara, Jesús Posada. / J. J. Guillén (Efe)

El Tribunal Superior de Justícia de Catalunya (TSJC) últimamente no da abasto a salir en los papeles dado el impacto de las resoluciones que dicta. Es verdad que unas caen más en gracia que otras. La consellera d’Ensenyament de la Generalitat, Irene Rigau, ha dejado pública y oficialmente claro que el gobierno catalán se pasa por el forro la interlocutoria del TSJC que exhorta a cambiar del catalán al castellano la lengua vehicular de los centros donde por lo menos un alumno así lo haya pedido. Rigau dice que esto lo van a recurrir y a ganar seguro porque es “imposible” de aplicar y en eso la apoya la totalidad del arco político catalán con la excepción del PP y de Ciutadans. Al socialista Pere Navarro le ha faltado tiempo para decir que lo que el TSJC pide es una “barbaridad”.

Luego está esta otra decisión del mismo tribunal de avalar al Ayuntamiento de Barcelona en su designio de penalizar administrativamente el nudismo o el seminudismo en las calles de la ciudad. Cuando empezaron a imponerse multas por este motivo hubo quien recurrió en nombre del derecho a la desnudez, la libre expresión personal, etc. El TSJC ha entendido que al consistorio barcelonés le asiste el derecho de preservar el orden público y hasta el hecho de que la población esté particularmente “sensibilizada” con este tema.

Doy fe de que sensibilizados están. Barcelona es hoy en día una permanente hora punta turística, una plaga de langostas y de visitantes que oscilan entre sacar fotos de la Sagrada Familia, ponerse ciegos y chancletear Ramblas arriba y Ramblas abajo, de camino o de vuelta de la playa. Esto empezó a herir el orgullo local, que siempre ha sido muy vivo. Algunos bares empezaron a prohibir no ya el bañador sino hasta las bermudas en lo más catatónico del verano. Ya no era tanto una cuestión de marcar paquete en la puerta de los locales sino en la muralla de la ciudad: les ofendía pensar que los forasteros no pensaran que en Barcelona había que vestirse para cenar.

Este punto de vista tiene sus defensores, que yo entiendo, y hasta su sentido común, que diría el alcalde Xavier Trias. Pero también tiene su puntito, vamos a ver, cortarrollos. Se mire como se quiera mirar, prohibir a la gente que se desnude en la calle tiene algo de abdicación de cierta manera de ver la vida, pongamos, sin ir más lejos, en plan divine gauche. Ya se sabe que los divinos siempre lo son bastante menos de lo que dicen y parecen. Aun así…bueno, está claro que Barcelona ha atravesado momentos más liberales, ¿no?

Respecto a lo otro: lo chocante de todo esto de la inmersión es que por lo que sea el debate político está trucado de entrada. Es imposible aplicar la resolución, dice la consellera, sin aclarar si esa imposibilidad reside en las aulas o en el Parlament. La inmersión lingüística es un axioma intocable, es un tema tabú, hasta el punto de que se admiten exactamente cero críticas no ya a sus principios inspiradores, sino al más mínimo detalle de su ejecución. Apartarse de ese pensamiento único parece ser políticamente suicida ahora mismo en Cataluña.

Las interpretaciones más legítimamente oficialistas han buscado la reducción al absurdo de la posición del TSJC subrayando que sólo con que un alumno pida que la clase se dé en castellano, hay que cambiar la preferencia lingüística de todo un grupo. Expuesto así suena desolador. Y yo que me pregunto: ¿y si fuese al revés? ¿Si hubiese un solo alumno que quisiera dar la clase en catalán, frente a una abrumadora mayoría que la quisiera dar en castellano? ¿Mantendría el Govern la misma postura a favor del rodillo inapelable de la mayoría?

Los diputados de ERC Jordi Tardà y Alfred Bosch han tratado de plasmar esta reducción al absurdo haciéndose expulsar de la tribuna del Congreso por su cachazudo presidente, Jesús Posada, lanzándose a hablar en catalán en contra de lo previsto y permitido por el reglamento de la Cámara. Por cierto: si de verdad quieren que no se hable catalán (o euskera, o gallego) en las Cortes, tendrían que buscar maneras más creativas de castigar a los traviesos. Hacerles expulsar así es mandarles el equivalente político de un regalo del cielo. Nunca habrá habido dos friquis tan felices en el AVE de vuelta a su casa.

Lo de Tardà y Bosch podría estar gracioso, podría estar hasta ingenioso, podría ser una manera inteligente de denunciar que en casa del defensor del bilingüismo, caña al mono hasta que hable lo que a mí me dé la gana...de no ser porque en el Parlament de Catalunya tampoco se puede hablar castellano (es legal, pero inténtenlo y verán) y sobre todo porque la consellera d'Ensenyament ya había dicho antes que ni de coña se plantea hacerle caso al tribunal. Que por ella (por todos ellos) ya pueden decir misa el TSJC y el María Moliner. Qué a gusto se habrán quedado todos después de lanzar este mensaje... Por desgracia no se dan cuenta de que con esto han conseguido una reducción al absurdo por los dos lados: entonces, ¿los diputados de ERC son héroes, pero los padres de los chavales que aspiran a escolarizarse en castellano en Cataluña son unos cabras? ¿La minoría sólo es bonita y respetable cuando la formáis tú y tu primo?

¿Digo todo esto para cargarme la inmersión lingüística en Cataluña? Pues miren, no. Creo que ha sido una política valiente y útil, que hay que agradecerle los servicios prestados...y que hay que irla jubilando, o actualizando, o como ustedes lo quieran llamar. En mi humilde y muy catalana opinión lo que antaño sirvió para garantizar el bilingüismo ahora amenaza con empezar a cargárselo muy en serio si no se revisan algunas cosas. Empezando no ya por la ley misma sino por el papanatas pacto de silencio e inviolabilidad de una norma que ahora mismo responde mucho más a una determinada actitud política que a la realidad.

Soy catalana y orgullosa de serlo. Ocasionalmente me han dado algún que otro disgusto cretinos que me despreciaban por querer hablar catalán. Por eso nada me entristece más que ver en acción a un cretino del otro lado. Se  me cae la cara de vergüenza cuando alguien no es libre de hablar en castellano.

Ah, y, aunque jamás se me ha ocurrido ir en pelotas por las Ramblas, también me entristece que esté prohibido. El món s'acaba.

7 Comments
  1. Y más says

    ¡Por algo es la Consejera de Ensañamiento!

  2. Veps says

    Al final solo queda el cansancio Anna.

    Yo no veo que la inmersión lingüística haya perdido su razón de ser. ¿Qué se puede proponer si no? ¿Lineas diferenciadas? ¿Immersión en inglés? ¿Y por qué no en chino?

  3. inteligibilidad says

    Lo de la prohibición del nudismo es una vergüenza y además es ilegal. Hace años que está despenalizado en todo el país. ¿Algún valiente que lleve la decisión del tribunal a instancias superiores? (Sobre la situación legal del nudismo: https://www.diagonalperiodico.net/movimientos/la-buena-salud-nuestro-naturismo.html )

  4. hheller says

    Es mentira que en el Parlamento de Cataluña no se pueda hablar castellano

  5. hheller says

    Intervención en castellano transcrita en el diario de sesiones del Parlamento de Cataluña http://www.parlament.cat/activitat/dspcp/10p010.pdf#page=4546

  6. hheller says

    Concreto: incluye la intervención de un parlamentario de Ciutadans

  7. Ana says

    En el Parlamento de Cataluña se puede hablar castellano, y en la comisión de las autonomías del Senado se puede hablar catalán. ¡Gran equivalencia!

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