¿Hace falta una prensa de derechas?

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Varios periodistas siguen la comparecencia de Rajoy en la Junta Directiva Nacional del PP, a través de circuito cerrado de TV, el pasado 3 de abril, en la sala de prensa de la sede 'popular'. / J. J. Guillén (Efe)

Si más o menos ya lo dijo el gran Antonio Machado: “periodista español que vienes al mundo, guárdete Dios, una de las dos Españas mediáticas ha de helarte el corazón”. Así fue antes, durante, después de la guerra y así sigue siendo para regocijo de los de siempre y hundimiento general de casi toda posibilidad de inteligencia. Qué se puede esperar de un país donde todavía a día de hoy se escriben, y quien sabe si hasta se leen, tesis doctorales elogiando que la prensa sea ideológica y no objetiva.

Y el caso es que últimamente de las dos Españas mediáticas acostumbradas a medir sus fuerzas a jamonazo limpio en el mejor estilo Bigas Luna, a una se la ve como que mucho más alicaída y enfadada que a la otra. Y curiosamente la que está más de los nervios, para variar, no es la que por lo menos sobre el papel se considera más afín al gobierno de turno. Si la prensa de izquierdas está que trina con este gobierno, la de derechas está que se tira de los pelos. Curioso, ¿no?

El último alarde comunicativo de Mariano Rajoy, su silencio poco menos que sepulcral mientras España entera se retorcía bajo el dato atroz de los más de 6 millones de parados y seguimos para bingo, ha abierto las carnes sobre todo de algunos de los periodistas y comunicadores más teóricamente afines a la actual Moncloa. De ahí parten los rugidos más críticos con ese desastre que todo el mundo coincide en proclamar que es la comunicación del ejecutivo en curso.

En incontables comidas, cafés, corrillos en el Congreso, cuchicheos indignados y, por no dejar de mencionar nada, suspiros de alcoba, periodistas amigos someten a todo dirigente del PP que se deja a un chorreo que queda a medio camino entre la autocrítica estalinista y el auto de fe de la Inquisición. Que si cómo es posible que el presidente se muestre tan parco, tan frío, tan soso, tan distante. Que si no se ha dado cuenta de que esto no hay quien le aguante y que les está obligando a todos a ponerles a parir. Que si Soraya, que si María Dolores, que si etc… pero sobre todo, que si Rajoy piensa bajarse algún día del monumental burro al que un día se subió, absolutamente decidido a dar la callada por respuesta a todo aquel que le pregunte. Lo que sea.

Hay que decir que hay dirigentes del PP que simpatizan con estas críticas, y hasta las comparten por lo bajini, total o parcialmente. “Yo es que creo que cuando al paciente le estás aplicando una radioterapia brutal, es bueno saber estar ahí cogiéndole la mano”, apuntaba gráficamente, pero en off-the-record riguroso, un portavoz pepero estos días. Lo cual no le impedía llegar a una conclusión que no por obvia resulta evidente para todo el mundo: “Mariano Rajoy no confía en los medios de comunicación”. Por no decir, directamente, que no espera nada de ellos. Que gobierna y hasta vive a sus espaldas.

Ahí le ha dado. Esa es la clave, no por aterradora (para muchos) menos cristalina. Mariano llegó a ser Mariano con todo el papel en contra. Con los unos escribiendo que era más lerdo que Rato y menos macizo que Mayor Oreja, con el otro escupiéndole maricomplejines por la radio, el de más allá haciendo coña implacable de sus hilillos cuando el Prestige…Por no hablar de las veces que casi le han clavado la cruz en portada a lo largo de la travesía del desierto iniciada el 11 de marzo de 2004, cuando tuvo que torear tales turbulencias en su partido que es normal que hoy en día le inspire hasta ternura Rubalcaba. Y eso que ni Eduardo Madina ni Carme Chacón son Esperanza Aguirre.

En resumen, si se piensa, Mariano Rajoy encarna en España algo así como el self made president, el presidente hecho a sí mismo como si la mayoría de la opinión publicada no existiera. Su reino no es de este mundo (mediático). Y no precisamente porque su carisma desbordante se lleve a los periodistas por delante, como podía suceder, pongamos, con Felipe González, sino porque el hombre llegó en algún momento a la no sé si brillante, pero desde luego impepinable conclusión, de que él no gana nada tratando de seducir al gallinero que es hoy en día la información y la opinión en España.

Hay que decir que esa clase de recelo, por no decir de pánico, es en cierto modo endémico de la derecha española, incluso de la catalana. Y es que en este país habrá medios de derechas y de izquierdas, pero a nivel de tropa, de personas concretas que firman crónicas y artículos concretos, abruma el predominio de la sensibilidad de izquierdas, que a veces alcanza unos niveles de pensamiento único (y acrítico) sólo superados por las galas de los Goya. Cualquier político de derechas sabe que en España hay tres periodistas de izquierdas por cada uno de los otros, y claro, les da más vértigo.

Pero en el caso de Rajoy más que vértigo parece agorafobia, que viene a juntarse, igual que el hambre con las ganas de comer, con el creciente pavor de muchos profesionales del periodismo que con décadas de carrera a sus espaldas no se acaban de creer que ellos puedan estar –que podamos estar todos- en la puta cuerda floja. La crisis de los medios de comunicación, más profunda si cabe (y más merecida) que la crisis general, se combina con la inapetencia comunicativa del gobierno de manera diabólica para algunos, acostumbrados a respirar en cuanto los suyos tocaban poder. ¿Se ha convertido Rajoy en el primer verdugo de los periodistas de derechas?

No es que dé risa, pero tiene gracia. Mira que si al final el tipo vuelve a salir de esta, como más o menos ha hecho siempre, y se las arregla para volver a ganar las elecciones…¿quedará claro que determinadas cavernas no servían para nada?

3 Comments
  1. paco otero says

    Según un estudio muy muy muy retorcido ,realizado porta mi persona,me encuentro con la siguiente situación, expongo: en dos años toda la prensa,insisto toda la prensa(prensa en pape digital radio tv)hay un machaqueo al psoe, tan alucinante que,no hay critica puntual al gobierno actual que no termine con un ¡si, pero RUBALCABA¡…

    si me equivoco por favor me corrigen.

    Posdata:
    Fuera de tema(perdón)
    Anna la Barcelona viva, creativa,cosmopolita… de Genet a Ocaña, del Paralelo etc etc se la cargaron los pacatos de ERC y CIU…

  2. celine says

    Una duda más que razonable, Grau, teniendo el cuenta la parsimonia y la peculiar psicología del presidente. Pero, no creo que con esa actitud se esté cargando la prensa, sino que la prensa es la que debe reconducirse por una senda más perceptora de las sutilezas gallegas del presidente. Esto es: menos mosqueos y más atención; menos pataleos por temor a perder la poltrona informativa y más creatividad. Habrá que ponerse a ello para crear eso que llaman masa crítica.

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