Mato recibe siete reclamaciones al día por los abusos del copago sanitario

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La ministra de Sanidad, Ana Mato, durante su comparecencia del pasado martes, día 7, en el Senado. / Juanjo Martín (Efe)

Desde que el Gobierno del PP implantó hace un año el “copago” de los medicamentos, que en realidad es “repago”, el Ministerio de Sanidad viene recibiendo siete quejas diarias, más de 200 cada mes, sobre los abusos y las imprecisiones a las que ha dado lugar. En once meses, el departamento de la ministra Ana Mato ha acumulado 2.387 reclamaciones. Eso sin contar las “cuestiones más puntuales que han sido atendidas a nivel de las comunidades autónomas”, según reconoce por escrito a las diputadas socialistas María Gallego y Gracia Fernández Moya.

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El repago que el Gobierno implantó por decreto el 20 de abril de 2012 posee un correlato de daños y reclamaciones que van –según la explicación ministerial- desde la aplicación a las personas con discapacidad, los enfermos crónicos, los parados que cobran subsidio de desempleo, los códigos erróneos, la no devolución del importe pagado por los pensionistas en el plazo establecido, los cobros a los cónyuges sin ingresos según la renta de sus parejas y otros.

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Para restar crudeza a la situación de las decenas de miles de personas con rentas mínimas o de supervivencia, aquejadas de enfermedades crónicas, que han de pagar desde el combustible del transporte sanitario a los fármacos del tratamiento, la ministra Mato recuerda que hay “topes máximos” de pago para los pensionistas con tratamientos de larga duración, y dice que las autonomías han de devolverles cada seis meses el dinero que les cobren de más.

Sobre los pacientes hospitalizados, Sanidad asegura que “están totalmente exentos de pagar por los medicamentos que reciben durante su estancia, con independencia del tipo de fármaco”. Esa afirmación vale para los fármacos de uso hospitalario como los antirretrovirales contra el VIH, los anticoagulantes o el interferón beta. Otra cosa es, argumenta, que se haya equiparado la receta médica con la orden de dispensación ambulatoria y que al ser suministrados por las farmacias hospitalarias estén sometidos a copago.

Este es el caso de la famosa prótesis externa –una media elástica– que recetaron a un joven recién operado de la rodilla en el Hospital Arnau de Vilanova, en Valencia, y que luego le quitaron por no tener 30 euros para pagar la cuota parte de los 152 que valía. Según la respuesta de Mato a la diputada Fernández Moya, “el usuario sólo tiene que pagar el 10% de la lista de fármacos de aportación reducida, con tope máximo de 4,20 euros”.

Pero eso sólo ocurre en la teoría porque en la práctica, los 30 euros protésicos duplican el porcentaje y el tope que la ministra menciona con intención de engañar, pues de sobra sabe que las personas con rentas entre 18.000 y 100.000 euros anuales –como es su caso-- han de pagar el 50% del precio de los fármacos y las que ingresen menos de 18.000 euros, el 40% del coste de los productos sanitarios, incluidas prótesis y alimentos dietéticos.

Mientras van apareciendo datos de inmigrantes que son rechazados en los centros sanitarios de las administraciones en las que manda el PP, incluidos algunos casos de personas que han muerto tras negarles la asistencia, los españoles seguimos sin saber si el repago impuesto por el Gobierno de Mariano Rajoy y su ministra ejecutora ha permitido economizar los 7.500 millones de euros que anunciaron.

Si no fuera por la gravedad del asunto, porque muere gente, también en esta materia se podría invocar el aforismo de José Bergamín: “Se acabó lo que se daba, lo que se quitaba no”. Quitan la tarjeta sanitaria a los inmigrantes aunque estén empadronados, exigen el repago a los más pobres y desvalidos y ni siquiera la llamada Defensora del Pueblo, Soledad Becerril, atiende las 80 peticiones de recurso al Constitucional que le han formulado los sindicatos, las asociaciones de inmigrantes, las de defensa de la sanidad pública y los particulares.

6 Comments
  1. Carolina says

    Lo lleva escrito en el apellido. Hay que juzgarlos por las muertes que están provocando que, si no son más, es por el comportamiento ético y en conciencia del personal sanitario y el juramento hipocrático que esos despiadados mandantes mangantes ordenan vulnerar. ¡Las órdenes injustas no se cumplen!

  2. Maria says

    Mala gente que camina y va infestando la tierra, les llamó Antonio Machado.

  3. Ramon says

    Es indignante lo que esa tropa de sinverguenzas están haciendo con la sanidad, robándole los recursos de los impuestos que pagamos y repelando los cuatro euros a la pobre gente que no tiene ni para comer y pagar el techo.

  4. juanjo says

    El copago, que en realidad es un repago, es toda una vergüenza. Pero lo peor es que estas gentes o lo que sea, se están cargando la sanidad pública.
    ..
    Teníamos uno de las mejores Sistemas Sanitarios del mundo. Pero desde que en el año 2002 pasó a las Comunidades Autónomas, hemos ido hacia atrás como el cangrejo.
    ..
    Y la puntilla se la van a dar ahora los lendakaris del PP. En Valencia, Madrid, Castilla la Mancha y algún otro lugar ya han comenzado. Poco a poco los lendakaris de turno irán entregando la Sanidad Pública a sus parientes y amigos, los cuales (como ha ocurrido ya con el Lamela) sabrán corresponderlos cumplidamente.
    ..
    Tras lo cual, el que quiera una medicina medianamente decente, tendrá que pagársela.
    Y quien no pueda, pues eso, que Dios le ampare
    ,,
    En resumen, que como el PP, esa pandilla de corruptos, permanezcan muchos tiempos en el poder, lo del Bárcenas, lo de los Gürteles y etc. una gota de agua en el océano.
    Y la Mato, ¿Qué va a hacer la Mato? Si es esposa, amiga, correligionaria, y subordinada de corruptos.

    Y tal vez corrupta ella misma. Salvo, y no sé qué es peor, que las meninges no la den para enterarse de que a su casa llegaba lo que llegaba.

  5. Kalikrates says

    Esa sinverguenza corrupta es ministra sin tener puta idea de nada. ¿Por qué?

  6. Anselmo says

    A la indignación de la injusticia no añada, por favor, Kalikrates, calificativos indignantes; no es necesario ni aporta nada.

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