Génova acepta a González como candidato a la presidencia de Madrid a cambio de que neutralice a Aguirre

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Ignacio González (izda.), en animada charla con María Dolores de Cospedal y Carlos Floriano, el pasado lunes, día 20, durante un acto celebrado en Madrid. / Carlos Iglesias (Efe)

Si en los últimos años las relaciones entre la actual cúpula dirigente del PP y el hoy presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, han sido manifiestamente mejorables, el anuncio de abandono de la primera fila política de la expresidenta, Esperanza Aguirre, su resistencia a pasar a la «reserva» del partido y su querencia a enmendar la plana públicamente al gobierno de Mariano Rajoy, han hecho «bueno» a González ante los ojos de la actual dirección nacional. Tantos enteros ha subido últimamente la figura de González ante el marianismo gobernante, que prácticamente se da por hecho que González será el cabeza de cartel del PP en las próximas elecciones autonómicas de 2015. A cambio, desde el entorno de  Rajoy sólo se pone  una condición a esa candidatura de González: que  sea capaz de neutralizar a Esperanza Aguirre. En palabras de un dirigente nacional «Nacho tiene que matar a la madre de una vez… por su bien y por el de todos».

Desde el intento  fallido de Esperanza Aguirre por colocar a Ignacio González en la presidencia de CajaMadrid, las relaciones entre el delfín de Aguirre y la práctica totalidad de la dirección del PP se deterioraron enormemente. La excepción, en todo caso, fue la secretaria general popular, María Dolores de Cospedal, que siguió manteniendo las mismas buenas relaciones que cuando eran compañeros en el equipo de gobierno de Aguirre en la Comunidad de Madrid. Fue Cospedal, precisamente, quien ayudó a González a recomponer relaciones con Génova. Y, en la actualidad, «gozan de buena salud», a juicio de un miembro del gobierno de Rajoy. Esta misma fuente señala  que «ahora Nacho nos entiende perfectamente, porque el principal perjudicado por arranques de locuacidad de Esperanza es él mismo y su gobierno. Mucho más que Mariano».

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Con todo, mientras la práctica totalidad de dirigentes del PP creen que la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, no puede ser el cartel electoral del PP para el Ayuntamiento, Ignacio Gónzález sí entra en sus planes y cálculos en la Comunidad. El único  «pero» que le ponen de forma recurrente es Esperanza Aguirre, su mentora y la todavía presidenta del PP madrileño,la misma que un día afirmó que no era amiga de las bicefalias y que hoy se siente cómoda en una bicefalia de manual.

Fuentes del PP madrileño han reconocido a cuartopoder.es la incomodidad y el transtorno que supone tener a la presidenta del PP dispuesta siempre a opinar de todo y sobre todo, y, lo que es peor, haciéndolo en tono crítico o tratando de dar lecciones y marcar el camino a seguir de quien hoy por hoy tiene la responsablidd de gobernar en la Comunidad de Madrid. «El presidente y Esperanza llevan trabajando juntos unos 24 años, se conocen, se quieren y tienen una excelente relación personal»,señala un dirigente del PP madrileño. Esa amistad es la que ha llevado a González hasta la fecha a intentar contemporizar las críticas de Aguirre y restarles importancia en público, mientras en privado mantenía largas charlas con la ex presidenta para tratar de hacerle ver su error.

Otro miembro del gobierno autonómico advierte, sin embargo, que «la paciencia tiene un límite y el presidente está a punto de rebasar el suyo». Sin embargo,  reconoce que «matar a la madre, cuando la madre es la presidenta del partido y sigue teniendo muchísimos apoyos de nuestra militancia no es nada fácil». Fácil o no, esa es la petición del PP nacional, lo que esperan de Ignacio González para poder considerarlo «el mejor candidato del PP para la Comunidad de Madrid». En sus manos está neutralizar definitivamente a Aguirre o  no hacerlo. Y de cómo gestione el «fenómeno Aguirre» dependerá,en buena medida, su futuro político dentro del PP de Mariano Rajoy.